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POSIBLES ANTECEDENTES SOCIOCULTURALES DEL JAZZ

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HACIA UNA EVALUACIÓN DE LOS POSIBLES ANTECEDENTES SOCIOCULTURALES DEL JAZZ (1600–1900)

Por el Dr. Alejandro Alberico, colaborador del IDEJazz - Agosto 2009


I. Panorama
II. Teorías de aproximación: 1 Carlos Octavio Bunge - 2 David Hume - 3 Thomas Kuhn
III. El derecho internacional vigente al inicio de la colonización en los territorios de la América del Norte: 1 Adquisición de nuevos territorios. Aspectos meramente jurídicos - 2 Las nuevas corrientes económicas europeas - 3 Relación de estos principios con la toma de habitantes de etnia africana
IV. Caracteres y diferentes estadios evolutivos de las sociedades europeas y africana al tiempo del establecimiento de las colonias en América del Norte: 1 Origen de la etnia africana - 2 Estado contemporáneo de la etnia africana al inicio de la colonización africana y luego de la americana - 3 Estadio evolutivo originario de las sociedades europeas y africana - 4 Benin y Ashanti - 5 Posible influencia de estos diferentes estadios sobre el nacimiento del jazz
V. Las primeras colonias americanas: 1 La actividad colonial francesa e inglesa - 2 Las guerra por la posesión de las márgenes del Mississippi; Modificación del territorio colonial - 3 Participación del esclavismo en las guerras
VI. La reforma y las guerras de religión. Consecuencias en las colonias. El absolutismo monárquico y el despotismo ilustrado: 1 La reforma y las guerras de religión - 2 El absolutismo monárquico y el despotismo ilustrado - 3 Influencia de la reforma sobre la población colonial blanca - 4 Influencia de la reforma sobre la población colonial esclava - 5 Influencia sobre la música europea y colonial. Incidencia sobre la música afroamericana
VII. El esclavismo: 1 Origen y posición de la Iglesia Católica - 2 El esclavismo al tiempo de la instalación de las primeras colonias - 3 Esclavitud de culturas no africanas
VIII. El abolicionismo y la manumisión: 1 Aspectos doctrinarios - 2 Aspectos normativos - 3 Segregación
IX. Influencia de la música popular europea en las colonias a través de la danza
X. Hacia la conformación de la música afroamericana
XI. Evaluación

I. PANORAMA


Muchos de quienes gustan del jazz afirman que hubo jazz en Nueva Orleáns a partir de 1900 y están dispuestos a asegurar que eso era lo que se oyó en esa ciudad a partir de esa fecha. Pero, más allá de la convicción que tengan, cabría preguntarles ¿Y antes de eso qué? ¿Qué conocen de la música que se escuchaba o interpretaba en las colonias francesas e inglesas en América del Norte 100 o 200 años antes, o aún 300? ¿Era música popular europea, como por ejemplo la polka, el vals y la habanera o música clásica? ¿Cómo eran los hábitos culturales de la sociedad colonial blanca antes de 1900? ¿Eran en verdad colonias o habrá prevalecido el carácter jurídico propio que les dieran tanto Francia como Inglaterra, diferente al que tuvieran las colonias sudamericanas? ¿Habrán influido en la vida de las colonias los sucesos políticos y sociales, y aún económicos, que se sucedieron en Europa durante ese largo período? ¿Habrán incidido por la vía indirecta sobre la vida social y cultural de los afroamericanos y aún sobre su cultura musical o simplemente oían la música europea y se apropiaron de lo que oían?

Cabe también preguntarse si la mirada de reproche sobre la esclavitud hecha por los primeros autores que algunas décadas más tarde del 1900 se dedicaran a escribir sobre el jazz, utilizando para evaluarla códigos de valor contemporáneos a ellos mismos sin haberla diferenciado de la trata de esclavos o el mal trato, es válida para convertirla en una causa fuente del jazz. Aún cabría una mirada sobre el estadio sociocultural de los grupos africanos originarios al tiempo que fueran tomados para transportarlos a América, a fin de analizarlo comparativamente con el estadio sociocultural europeo que le era contemporáneo para merituar si la diferencia que hubiese habido entre ambos habría sido bastante como para considerar a esas comunidades pueblos primitivos por el solo hecho de ser su estadio sociocultural diferente al europeo.

La incertidumbre generada por la falta de respuestas llevaría a que si alguien hoy, luego de escuchar la grabación de un grupo de jazz, estuviera interesado en que se le diera una definición del jazz y se le ofreciere una que, aún intentando responder aquellos interrogantes, no lo hiciere adecuadamente, podría llegar a creer que el jazz fue una tonada musical que se puso de moda en 1900 cuando uno de los integrantes de un grupo de “esclavos” de origen africano que vivía en Nueva Orleáns, estando aburrido y tanto como para matar el tiempo, dijera a los otros: “¿Qué podemos hacer?”, y al escuchar de los otros “No sabemos” aquél les propuso “Inventemos el Jazz” y, desde entonces, el Jazz nació y reina en el mundo.

Esta invención suena a broma no solo porque, para esa época, ya no había esclavos en los Estados Unidos sino, además, porque en la Nueva Orleáns de 1900 ya no vivían los negros africanos de principios de la época colonial sino sus descendientes, es decir negros americanos pero también centroamericanos provenientes de las costas españolas del golfo de Méjico o de las islas caribeñas cuyos ancestros pudieron haber llegado, libres o esclavos, desde el inicio de la colonización, y aún descendientes de aquellos colonos que llegaran a América al inicio de la ocupación de las tierras americanas además de grupos de habitantes blancos, franceses, españoles, ingleses.

La mayoría de los grandes músicos negros nacidos antes del 1900, sintieron la relación entre la música que ejecutaban y la época que vivieron (2) y eso marca naturalmente la necesidad de analizar el jazz no solo como música posterior a esa fecha sino también desde el ángulo de lo que hoy se suele llamar "prejazz" o estudio de la música afroamericana y, obviamente, las circunstancias sociológicas que rodeaban la vida de los habitantes blancos en aquellas colonias y su incidencia sobre los negros, esclavos o no, radicados en la Luisiana francesa o en las colonias inglesas, a fin de conocer la posibilidad de que esas circunstancias hayan configurado habitudes de comportamiento que hubiesen tenido influencia en la música que se gestó hacia los albores del siglo XX.

Es impensable que aún haya autores que sostengan la equiparación de la música de aquellos esclavos con la que hoy se escucha en África afirmando que esa música es la misma que tenían las etnias africanas en sus comunidades originarias y, de esta manera, poder negar que todo cambio evolutivo en el jazz sea jazz. Sin embargo los hay (3).

El correr de las nuevas investigaciones sobre el origen y el desarrollo del jazz han sugerido la debilidad de estas opiniones. En principio, porque ya no se rechaza la evolución y consiguientemente la aceptación de los nuevos estilos (4) y, acerca del origen africano del jazz, se lee en “Jazz A-Z”: “El jazz fue creado por gentes nacidas en América y cuya cultura africana quedaba 200 años atrás…poner fecha exacta al nacimiento del jazz es imposible. Su historia primitiva se halla completamente a oscuras por falta de documentación e información. Todo esto hay que resaltarlo para contrapesar la afirmación, predominante en muchos de los primeros escritos sobre jazz, de que el jazz fue un descendiente directo y único de la música africana” (5). Alan Lomax debe haber sentido esa misma inquietud la cual lo llevó a desarrollar su propio sistema para analizar canciones folklóricas de los Estados Unidos, método que llamó “cantométrica”, donde trataba de encontrar las relaciones entre la sociología y el “corpus musical”.

La aceptación de los nuevos estilos se apoya en el conocimiento de la historia de la música y de la evolución que ella ha tenido, obligando así a aceptar los nuevos paradigmas que llegan involucrando con esos cambios a las nuevas formas del jazz. (6) Cabe, pues, preguntarse: ¿qué pudieron traer consigo de África los esclavos a más del recuerdo de lo que eran los rasgos particulares de su existencia, como las costumbres sociales y religiosas? Nada, salvo su cultura musical que, según hoy muchos antecedentes indican (7) era bastante magra (8), una música que no habría sido otra cosa que esencialmente funcional, esto es estrictamente “utilitaria” (9). Sin embargo, aquellos africanos una vez en América habrían comenzado a incorporar todos los sonidos que estaban a su alcance. Si esto hubiera sido así, esto es si a la fecha señalada como de nacimiento del jazz, existían los mismos sonidos en otras partes del sur de Louisiana, el jazz pudo no haber sido producto único de Nueva Orleáns. Esa música habría estado “demasiado en el aire” en ese momento como para que pudiese ser producto patentado en un solo momento de una sola ciudad (9).

En un interesante trabajo sobre el origen de la música popular publicado por la Embajada de Brasil en Buenos Aires (10), Roberto Moura señala que ya en 1555 sonaron los primeros acordes de la música popular brasileña de la mano de Francisco de Vacas, habitante de la Capitanía de Espirito Santo, actual Estado de Espíritu Santo. De esta manera, Portugal le dio a Brasil el sistema armónico tonal, que los indios no conocían y las primeras danzas europeas. Cuando los negros llegaron en 1538 trajeron nuevas danzas, pero sobre todo la polirritmia que incorporó a la música autóctona de los indios y a las novedades lusitanas los sonidos mezclados de sus danzas originarias. Prosigue Moura explicando que cuando el antropólogo Levi Strauss estudió a los indios brasileños, percibió que a través de una estructuración musical resultaba más fácil aprender sus costumbres y su organización social, no otra cosa que el estadio sociocultural de aquellas comunidades.

En alguna medida, el trabajo de Moura permitiría avanzar sobre la idea de que si el aporte de la polirritmia de la música originaria africana solo se dio luego de que los nativos brasileños conocieran la estructura tonal europea, ¿por qué no pudo darse también en la música originaria de lo que luego sería la música afroamericana?

De la misma manera el criterio expositivo de Levy Strauss lleva a la inquietud de evaluar se la percepción del elemento sociocultural del ambiente en que se desenvolvía la etnia africana tuvo entidad bastante como para modificar sus propios patrones socioculturales para aproximarlos a los propios de la cultura colonial europea.

Néstor Ortiz Oderigo afirma que el jazz trajo aparejada una serie de controversias relacionadas con sus aspectos musicológicos, estéticos, sociológicos e históricos (1). Lamentablemente, no desarrolla estos temas; empero, haberlos enunciado ya es algo.

El elemento sociológico que es importante conocer se manifiesta cuando se advierte que, no pudiendo los esclavos ser ajenos a que su estadio evolutivo al tiempo del inicio de su presencia en las colonias fuera modificándose lentamente a medida que comenzaban a incorporar, a lo mejor sin saberlo, o simplemente copiando, las costumbres de la vida de las colonias en las cuales fueran establecidos, no solo en lo musical sino también en lo político y social, costumbres que iban cambiando según se sucedían en las respectivas metrópolis guerras de religión, guerra de los siete años, nuevas estructuras de gobierno, absolutismo monárquico, estructuración de aquellos mismos países con la incorporación de nuevos estamentos, etc., produciéndose así en la etnia africana el paulatino abandono de las tradiciones o caracteres sociológicos que les habían sido propios antes de su forzado éxodo a América por otros que avanzaban hacia nuevas formas culturales, políticas y religiosas.

No se piensa que conocer cómo era la vida en América en aquellos años habrá de contribuir al conocimiento del origen del jazz, pero conocer cómo se vivía y pensaba tanto en América como en Europa durante los muchos años que siguieron a la llegada de los primeros africanos y cómo influyeron en la población blanca los sucesivos cambios que mutaban las condiciones socioculturales de Europa, tales como los que alcanzaban a la política, la música, la economía o la religión, resultaría útil para conocer las posibles razones del cambio sociocultural de las sucesivas generaciones de blancos y afroamericanos en su aproximación musical hacia el jazz, proposiciones que encierran, obviamente, la visión de una clara dependencia de estas sucesivas generaciones de afroamericanos con el medio ambiente en el cual estaban insertos y, en tanto que aquellas respuestas no obren en los textos propios del jazz escritos luego de 1900, será lícito buscarlos en textos de otras orientaciones culturales.

Sin embargo, cuando se mira hacia atrás se ve que en los textos, de aquellos días y de esas influencias solo ha quedado el recuerdo de los días románticos, cuando los plantadores sureños convivían con sus esclavos, los manumitían y se casaban con ellos, y los norteños veían cómo iban perdiendo en su relación con los esclavos su trato como cosas animadas solo útiles para aquellas pocas manufacturas que habrían de sobrevivir hasta el comienzo de la Revolución Industrial.

Pero esa es otra historia, que vive hasta hoy plagada de contradicciones que enturbian no solo el origen sino el pasado y el avance en el tiempo de esta música que no es nueva sino una manera diferente de hacerla.

(1) Néstor Ortiz Oderigo, “La Música Afroamericana”, pág. 10/11, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1944
(2) J. Berendt en “El Jazz” - Fondo Cult. Econ. Méjico, 1962- pág. 13 y 16
(3) Hughes Panassie “Historia del Verdadero Jazz”, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1961-pág. 27
(4) André Hodeir “Introduction á la Musique de Jazz” Ed. Larousse, Paris, 1948- pág. 11 y sigts
(5) Peter Clayton y Peter Gammond; “Jazz A-Z” Edit. Taurus, Madrid, 1991
(6) y (7) Hamel & Hürlimann, “Enciclopedia de la música”, Ed.Grijalbo, Barcelona, 1970- T°2 Primer capítulo
(8) Rex Harris, The roots of jazz, Penguin Edit. London 1959, pág. 15
(9) “Jazz” J. Berendt, op, cit, pág 28.
(10) Música Popular Brasileña. Roberto Moura. Embajada de Brasil en Buenos Aires, 1990.

II.- TEORÍAS DE APROXIMACIÓN


Hay tres autores cuyas obras permiten comprender los institutos sociales o económicos propios del mundo que se desenvolvía mientras se conjugaban los orígenes del jazz, brindando una aproximación importante y esclarecedora de las posiciones tomadas por autores que han dedicado su estudio a la temática posterior al año 1900 con omisión de lo que precedió a esa fecha.

1.- CARLOS OCTAVIO BUNGE (abogado; 1875-1918)

Carlos Octavio Bunge es equivocadamente citado por Néstor Ortiz Oderigo en una de sus obras, de ahí el interés de remitirse al texto original para conocer el pensamiento de aquel autor.

Bunge desarrolla en “Teoría del Derecho”, capítulo “Problemas metodológicos de la sociología”, su tesis sobre el estudio sociológico de un pueblo. Esta tesis cobra importancia en cuanto a que brinda la posibilidad de utilizar esta metodología para adentrarse en el conocimiento de la etnia africana trasladada a las colonias americanas evitando, de esa manera, la triple limitación que algunos autores han efectuado respecto de la esclavitud en ese territorio, esto es: a) considerar solo los caracteres de los esclavos de etnia africana, aún sabiendo que los había de otras etnias; b) ceñirlo a un cierto lugar geográfico, la ciudad de Nueva Orleáns, y rechazando la posibilidad de que pudiera haberse formado también en otras regiones de la Louisiana francesa y c) referirlo solo a un determinado y limitado momento histórico de ese lugar.

Bunge, al proponer el análisis sociológico de una sociedad dada en un momento dado, construye una teoría que denomina “ley de las cuatro fases”, que parece oportuno revisar aunque sea en somero detalle. Este autor, al referirse a las cuestiones del estudio sociológico de los fenómenos sociales, comienza por enunciar las tres grandes dificultades que muestra el estudio de estas cuestiones:

1ª. Separar las cuestiones, esto es, fraccionar los fenómenos sociales en hechos, fases, aspectos, tendencias y/o leyes empíricas.

2ª. Clasificarlas, esto es, presentar las cuestiones, para su estudio, en grupos conexos y/o sintéticos conforme a épocas, tendencias o influencias de otros grupos sociales,

3ª. Relacionarlas entre sí, buscando en ellas la continuidad de causas y efectos por razones de tiempo, época, o de estadio social evolutivo.

Luego explica las cuestiones de toda sociología que se regirán por una ley que denomina “ley de las cuatro fases de los fenómenos sociales”.

1.- FASE POLÍTICA. El análisis de una sociedad presupone la observación de su forma de gobierno, su religión, su ética, su literatura, su música, es decir los rasgos de su fisonomía intelectual al tiempo de la etapa a analizar. Vgr.: la Historia, ciencia auxiliar en este aspecto, dirá si es una monarquía, por qué ha sido creada y se ha desarrollado con relación a sus formas precedentes, etc.

2.- FASE ECONÓMICA. El hombre produce bienes para satisfacer sus necesidades, de manera que el precio de una cosa es la cantidad de unidades de bien necesarias para satisfacer una necesidad. De esta manera, en la etapa evolutiva de una sociedad habrá que determinar cómo han incidido los antecedentes económicos para la producción de esas unidades de bien y cómo habrá que producirlos para abastecerlas, esto es unidades laborales, sistema económico adoptado, mano de obra libre o relativamente libre, etc.

3.- FASE PSICOLÓGICA. Esta fase marca la intervención del aspecto psicológico de la etapa social en estudio, pero no tanto desde el aspecto individual sino desde el punto de vista de la psicología social, para lo cual son ciencias auxiliares la biología y la antropología.

4.- FASE BIOLÓGICA. Aparecen dos aspectos en alguna medida resultantes de la fase anterior, como son el estadio evolutivo de la raza y del medio en el que se desenvuelve el grupo humano en análisis.

Más adelante este autor se pregunta si puede aplicarse un método de estudio causal inverso al expuesto. Bunge piensa que no produciría resultado alguno, pues se estaría partiendo de elementos que se conocen de antemano y se falsearía el orden lógico y cronológico de los fenómenos al empezar por donde la fenomenología social termina.

Si se observan las colonizaciones realizadas por los españoles en el Río de la Plata - prosigue explicando - y se las compara con las realizadas por ingleses y franceses en Norteamérica, la diferencia resulta clara al mostrar cómo aparecen esas cuatro fases en el primer grupo de colonizadores. Así, la primera en el sentimiento político derivado del absolutismo monárquico, la segunda en la avaricia en el sistema económico, la tercera en la psicología social, la soberbia y el despotismo respecto de las poblaciones locales, fruto de un complejo arraigado de superioridad de la raza española, y la fase biológica en las razones enfermizas de ese sentimiento de superioridad que los llevara a comportarse como lo hicieran.

No ocurrió así con los colonizadores franceses e ingleses, incluso holandeses, al moverse económicamente mediante sociedades por acciones y provenir de países con estructuras políticas e intelectuales diferentes a las vigentes en la misma época en España que consideraron esos territorios como parte de sus metrópolis.

Como él mismo señala, el método de análisis sociológico que expone no acepta la visión parcializada del estudio, esto es que la “ley de las cuatro fases” impide el análisis aislado de una sociedad que partiera únicamente y en mérito de la observación de solo alguna de esas cuatro etapas, en demérito de las restantes y del momento histórico en que se realiza el análisis.

Si se piensa que los primeros estudios sobre el jazz fueron realizados por autores europeos en la creencia que el jazz fue fruto exclusivo de una ciudad, en un momento histórico determinado y con exclusión de la participación de músicos de origen no ya africanos sino afroamericanos y blancos, se comprenderá lo somero que resulta dejar de lado los antecedentes sociológicos que llevaron ínsitos los elementos que luego darían por resultado la conformación social del grupo humano de Nueva Orleáns y con ella ese nuevo género musical.

Néstor Ortiz Oderigo, cita errónea en “Historia del jazz”, pág. 18, Ricordi Bs. As. 1952; Carlos Octavio Bunge; “Teoría del Derecho” capítulo “Problemas metodológicos de la sociología”.- Edit. Las Ciencias. Bs.As. 1905.

2.- DAVID HUME (abogado, filósofo empirista; 1711-1776).

Una cuestión que se ha sostenido por algunos autores que tratan la historia del jazz, es determinar si ha habido una relación de causa-efecto entre la condición de negro-esclavo y el jazz. Dicho de otra manera, si porque había esclavos hubo jazz, o lo que es lo mismo, si no hubiera habido esclavos el jazz no habría nacido.

El análisis de la relación causa-efecto encuentra su expositor en David Hume, importante filósofo de la escuela empirista del siglo XVIII. Su tesis, negataria de la aplicación que hiciera el racionalismo afirmando que la razón es la fuente del conocimiento, se encuentra contenida en su obra “Investigación sobre el entendimiento humano” que data de 1748.

A diferencia de aquella escuela, Hume tomará la experiencia como la fuente y el límite del conocimiento, implicando una crítica al “innatismo”, esto es negando que existan ideas o contenidos mentales que no procedan de la experiencia.

Desarrollando su tesis explica que es evidente que hay un principio de conexión entre los distintos pensamientos o ideas de la mente y que, al presentarse a la memoria o a la imaginación, unos introducen a otros con un cierto grado de orden y regularidad. Esa combinación de ideas se produce mediante ciertas “leyes de asociación de ideas”, que resultan ser tres: a) ley de semejanza, b) ley de contigüidad en el tiempo o en el espacio y c) la ley de causa o efecto.

Distinta es, empero, la referencia respecto de las formas posibles del conocimiento, las cuales son: a) relaciones de ideas y b) cuestiones de hecho. Los objetos de la razón, dice Hume, son las ciencias de la Geometría, Álgebra y Aritmética y, en resumen, toda afirmación que sea intuitiva o demostrativamente cierta. Pueden ser conocidos independientemente de lo que exista en cualquier parte del universo. Dependen exclusivamente de la actividad de la razón. El segundo tipo de objetos, las cuestiones de hecho, no pueden ser investigados de la misma manera ya que lo contrario de un hecho siempre es posible y no habría en ello ningún tipo de contradicción.

Aquí debe hacerse algún tipo de aclaración. La relación de causa y efecto se había interpretado, tradicionalmente, bajo la noción del principio de causalidad como uno de los principios fundamentales del entendimiento. Pero ¿qué contiene exactamente la idea de causalidad? Según Hume la relación causal se había concebido como una “conexión necesaria” entre la causa y el efecto, de manera que conocida la causa la razón debe deducir el efecto, y viceversa. Hume se pregunta en qué consiste esa necesidad. Explica que no es una necesidad lógica, como tampoco de producción del consecuente. Así, si dados los supuestos A y B, cada vez que se observa A o un fenómeno similar a él, y luego se encuentra B o un fenómeno similar a B, entonces, y solo entonces, se forma un estado de ánimo de espera que hace presumir que, observando otra vez a A nos veremos obligados a reencontrar B. Pero, Hume plantea nuevamente otro interrogante, que es saber si existe alguna idea que responda a la conexión necesaria de las cosas. Hume afirma que no, que lo único que se puede observar en las ideas es la sucesión entre un hecho y una posible consecuencia, la cual puede no ocurrir por no ser una consecuencia necesaria sino de posibilidad, la cual, siendo solo posible, aceptaría la consecuencia contraria.

Hume es absoluto en su conclusión afirmando que el principio de causalidad solo tiene valor aplicado a la experiencia, esto es aplicado al pasado dado que, de los fenómenos que puedan ocurrir en el futuro, no tenemos impresión ninguna y por lo tanto tampoco conocimiento. De esto sigue Hume afirmando que la “conexión necesaria” de una idea ha resultado ser una idea falsa de la que no puede extraerse relación de causalidad alguna.

Respecto, pues, de la conexión de causalidad aplicada a la condición de “negridad-esclavitud-nacimiento del jazz”, esta cae por su propio peso. No hay experiencia alguna de que aquella condición haya sido siempre seguida por el nacimiento del jazz; hoy la mayoría de los musicólogos descreen de la unicidad de Nueva Orleáns en su nacimiento, lo que es tanto como aceptar que fuera de esta ciudad, donde también había habido esclavos pero también músicos blancos, aquel género se habría generado, con lo que la idea de la causalidad cae. Ello aparte que a la fecha en la que se induce el nacimiento del jazz no había esclavos en los Estados Unidos.

Rex Harris errónea aplicación de la “teoría de la causa”, en “Jazz”, Penguin Editors; London 1959, pág. 18; David Hume. “Investigación sobre el entendimiento humano”.- Centro Editor América Latina, pág. 17 y sigts.

3.- THOMAS KUHN (Dr. en Filosofía de la Ciencia; 1922-1996)

Thomas Samuel Kuhn nació en Cincinnati, Ohio, el 18 de julio de 1922 y falleció el 17 de junio de 1996 en su casa de Cambridge, Massachusetts. Estudió Física en la Universidad de Harvard, doctorándose en dicha especialidad en 1949. A partir de entonces su interés se orientó hacia el estudio de la Historia de la Ciencia, al que se dedicó por completo.

En su obra “La estructura de las revoluciones científicas” cuyos principios había tomado de Hume en cuanto a que la validez de las proposiciones científicas solo puede verificarse mediante comprobaciones empíricas, analiza el papel que desempeñan en la ciencia los “paradigmas”, concepto al cual le da su significado contemporáneo al definirlo como "una completa constelación de realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica que las comparten”. Sin embargo, puede ocurrir que surjan “anomalías” que subviertan la tradición científica que lo sustentaba provocando una transformación decisiva de la imagen que actualmente se tenga de aquel paradigma. Cuando esto ocurre se iniciarán investigaciones que conducirán a un nuevo conjunto de comprobaciones las cuales, sometidas a la investigación científica, y solo cuando esa comunidad acepte la transformación, darán lugar a un nuevo paradigma que reemplaza al anterior y que regirá hasta que éste presente nuevamente anomalías que lo aparten del paradigma vigente, dando lugar a que la comunidad científica lo sustituya. Esas sustituciones indicarán las sucesivas etapas del conocimiento y revelarán el movimiento de la historia.

Ahora bien, Kuhn no inventó el vocablo “paradigma” para aplicarlo a su doctrina sino que dio a esta palabra una acepción no tenida en cuenta hasta ese momento. Así por ejemplo, en lingüística, Ferdinand de Saussure la ha usado para referirse a una clase de elementos con similitudes y, también, en el campo de la psicología, se ha usado para referirse a acepciones de ideas, pensamientos, creencias incorporadas generalmente durante nuestra primera etapa de vida que se aceptan como verdaderas o falsas sin ponerla a prueba de un nuevo análisis. Como consecuencia de la aplicación del vocablo “paradigma”a la Filosofía de la Ciencia, Kuhn deja pendiente la aplicación de su teoría a la evaluación personal de las proposiciones, sean o no científicas, dado que, de hacerlo, hubiese incluido en su apreciación conceptos extraños a las proposiciones científicas.

Esto provoca dos miradas. La una, aceptar que la aplicación teórica del ideario de Kuhn a aquellas “escuelas” que han nacido luego del llamado “estilo Nueva Orleáns”, tales como la escuela Chicago, el be-bop, el jazz modal o el free, pone al jazz a la puerta de la conformación de lo que este autor llama “un nuevo paradigma” en el cual tanto los músicos de las nuevas corrientes como los musicólogos que las estudian conforman la “comunidad científica” a la que se referiría la postura de Kuhn. Dicho de otra manera, al aceptarse que luego del llamado “estilo Nueva Orleáns” han nacido otras tendencias y que los estudios realizados tanto por los musicólogos como por los propios músicos contemporáneos al aceptarlas, han encontrado en estas la subsistencia de los elementos formales constitutivos del jazz, pareciera que han mostrado un camino evolutivo que, hoy día, ya es imposible rechazar y que, seguramente, no se detendrá haciendo que entren en crisis los fundamentos de aquellos que sostienen el concepto negatario de lo que vino después.

La segunda, que la teoría de Kuhn, siendo absolutamente científica, no provoca, fuera del campo de la ciencia, el “descarte” de las escuelas anteriores, las cuales mantienen su existencia juntamente con las más modernas.

Hoy el vocablo “paradigma” ha incorporado a sí mismo el concepto de "cosmovisión", un término que resulta de una adaptación de la expresión alemana Weltanschauung (Welt, "mundo", y anschauen, "observar") introducida por el filósofo Wilhelm Dilthey, no otra cosa que el conjunto de principios de la sociedad y de la cultura en la que una persona se ha formado, que han formado su propio espacio sociocultural, social y psicológicamente, aún artísticamente, y esta extensión del vocablo a la ecuación personal será la que le lleve a elegir una u otra escuela, siendo evidente que el conocimiento que el hombre contemporáneo tenga acerca del jazz, independientemente del conocimiento que tenga del contenido de la expresión “cosmovisión”, es bastante para avalar la elección que haya hecho respecto de una u otra escuela según su propio agrado y aún en demérito de lo que la Filosofía de la Ciencia piense respecto del cambio de las proposiciones científicas.

David Hume. “Investigación sobre el entendimiento humano”.- Centro Editor América Latina, pág. 17 y sigts.; Errónea aplicación de la “teoría de la causa”, inducida por Rex Harris en “Jazz”, Penguin Editors; London 1959, pág. 18.- Ludovico Geymonat; Historia de la filosofía y de la ciencia en cap. Neopositivismo.

III.- EL DERECHO INTERNACIONAL VIGENTE

AL INICIO DE LA COLONIZACION EN LOS TERRITORIOS DE LA AMERICA DEL NORTE
La adquisición de nuevos territorios.
Influencia de la política económica europea sobre las colonias.


A la época del descubrimiento de América los estados europeos debieron buscar un apoyo jurídico que justificara su presencia y su señorío en esos territorios pero, si bien las sucesivas doctrinas que el Derecho Internacional daba bastaban para avalar la posesión habida en el continente africano por los portugueses en 1482 ¿bastarían también para América o debieran sufrir alguna adaptación en mérito a las nuevas corrientes habidas en la política económica de los estados luego de aquel episodio?

1.- ADQUISICIÓN DE NUEVOS TERRITORIOS. ASPECTOS MERAMENTE JURIDICOS

1.a.- PRINCIPIO DE LA OCUPACIÓN.

Este principio era continuador del antiguo Derecho Romano y establecía que, para convalidar la adquisición de un territorio, éste fuera de nadie y que la ocupación se hiciese acompañada del ánimo de poseer (animus possidendi jure) mediante la permanencia, es decir no bastaba la presencia si no era acompañada del ánimo de poseer como dueño. Este principio había servido para validar la presencia de europeos en territorio africano, en especial en la zona sur por colonos holandeses (los boers).

1.b.- PRINCIPIO DEL AVISTAMIENTO.

La llegada de Cristóbal Colón a América morigeró aquel principio por la doctrina de la Santa Sede la cual, movida por el anhelo de promover la conversión de los ‘infieles’ asignó a los príncipes cristianos, tanto españoles como portugueses, derecho de posesión sobre los territorios“que descubriesen”, esto es que bastaba con que los territorios se hubiesen “avistado” para que naciese el derecho de posesión. Este principio, conocido como “principio del avistamiento”, fue válido en tanto el Papa mantuvo su potestad tanto territorial como de derecho divino pero, como consecuencia de las guerras de religión, quedó despojado de este último atributo que pasa a serlo de las monarquías absolutas razón por la cual el principio del avistamiento mantuvo vigencia solo sobre España y Portugal perdiéndola frente a los estados europeos seguidores del pensamiento luterano.

1.c.- PRINCIPIO DE LA OCUPACIÓN EFECTIVA.

Perdida, pues, la vigencia del principio del avistamiento se retoma la idea de la ocupación, esto es la permanencia en el lugar, pero con el aditamento de nuevos requerimientos: 1) que la toma de posesión se haga en nombre del monarca del Estado ocupante, 2) que se haga por alguien que tuviese el mandato real para hacerlo y 3) que la permanencia implique el asiento de poblaciones o bases militares. Esta nueva modalidad permite la incorporación del territorio a la metrópoli, pero con un nuevo carácter para el territorio ocupado, la de incorporarse como parte misma de la metrópoli. Desplaza por lo tanto la posible consecuencia del principio de la ocupación, que posibilitaba la adquisición a nombre propio y no del estado al que pertenecía el ocupante.

1.d.- PRINCIPIO DE LA APROPIACIÓN O ANEXIÓN.

Este principio legitimaba la incorporación de un territorio perteneciente a otro estado al dominio del anexante, por la invasión militar por causa de una guerra, su compra, o un tratado internacional. Este principio se aplicó en diversas oportunidades para legitimar la posesión de la Luisiana por Francia luego de haber instalado allí fortificaciones y poblaciones permanentes, y luego su transferencia por venta a los Estados Unidos. El mismo principio se aplicó a la cesión hecha por Louis XV en 1763 de la margen oeste del Mississippi y la zona sur del paralelo 31° –que incluía Nueva Orleáns- a su primo Carlos III de España, como consecuencia de lo cual España toma posesión de Nueva Orleáns en 1770 hasta 1800 cuando es recuperada por Francia,

1.e.- EXTENSIÓN DEL PRINCIPIO DE LA OCUPACIÓN EFECTIVA EN LAS COLONIAS DE AMÉRICA DEL NORTE.

Una vez anexado un territorio africano por una metrópoli, en aquellos años Inglaterra, Francia y Holanda, (aparte quedan España y Portugal por aceptar la validez de las bulas pontificias) y de acuerdo al principio de la ocupación efectiva, el territorio ocupado se incorporaba a la metrópoli como si fuera “res nullius” (cosa de nadie) calidad comprensiva no solo de las tierras sino también de todo lo que se encontrara en ellas, esto es tanto las cosas, los bienes y los animales como las personas quienes, en virtud del “derecho de conquista”, que completaba el principio de la ocupación, perdían su libertad a cambio de mantenerse con vida, naciendo así su calidad de esclavo. Este derecho daba al estado ocupante la posibilidad de trasladar a metrópoli no solo las cosas, sino también las personas convertidas ahora en esclavos por ese mismo derecho. Si bien el traslado de personas o cosas hacia la metrópoli se convertía en un acto jurídicamente válido, naturalmente, y considerándose también el territorio colonial como parte del estado mismo, nada impedía el traslado de metrópoli a las colonias, o entre una y otra colonia. Por aplicación de un principio que era consecuente del “uti possidendi jure”, el “uti possidetis jure” (derecho de uso de la posesión) las cosas de dominio propio podían ser enajenadas a terceros, lo que originó, consecuentemente, la venta jurídicamente válida de los africanos residentes en los territorios tomados. Así, la introducción de esclavos de etnia africana en las colonias americanas nace entonces como una simple y válida aplicación de los principios del derecho internacional vigente en esos años.

2.- LAS NUEVAS CORRIENTES ECONÓMICAS EUROPEAS

Las ideas económicas de Colbert, designado por el rey de Francia Luis XIV como Supervisor General de la Administración de Finanzas en 1665, habían dado origen a la escuela mercantilista que consideraba que los países sólo pueden enriquecerse empobreciendo a los vecinos mediante guerras comerciales. La necesidad de llegar a la India, tanto por Francia como por Inglaterra, hizo que estas ideas llevaran consigo no solo la formación de colonias en el exterior y el comercio entre ellas, sino también y como su consecuencia, la ocupación de territorios coloniales en América.

Pero la repercusión de estas ideas en las colonias americanas fue diferente.

En Francia la actividad comercial con la India se llevó adelante mediante la constitución de compañías por acciones, mediante las cuales se podía reunir un capital que nadie, individualmente, podía aportar, para armar una flota que realizara el comercio con la India. Pero respecto de América quizá por aplicación del principio de la apropiación o anexión, siendo necesaria la ocupación efectiva con asiento de poblaciones o bases militares, Francia se estableció en 1604 en lo que hoy es Canadá, mediante un fuerte en el estuario del río San Lorenzo. En los sucesivos avances hacia el sur por el Mississippi fue estableciendo gobernadores que actuaban en nombre de la corona dando a estos territorios el mismo carácter que Francia misma, con la nacionalidad francesa no solo a los colonos sino también a quienes fueran indígenas locales y se convirtieran al cristianismo. Cabe pensar que este criterio extensivo de la ciudadanía francesa fue, hacia adelante, el que facilitó la manumisión de los esclavos que, de esta manera, obtenían el mismo trato y el mismo carácter que los propios franceses que vivían en la metrópoli. Es curioso que también a los indios, y no solo a los esclavos manumitidos que aceptaban la evangelización, se les otorgara la ciudadanía francesa.

Inglaterra también inició el establecimiento de establecimientos comerciales en la India, actuando de manera análoga a Francia. Con respecto a América, su actividad colonizadora se inicia en 1583, cuando Isabel I de Inglaterra concedió a Sir Walter Raleigh unos estatutos para explorar y fundar una colonia al Norte de Florida, fundación que data en 1584 y que resultó ser la hoy Virginia. En 1619 llegaron los primeros negros africanos y al no existir leyes sobre la esclavitud, inicialmente fueron tratados como “criados contratados”. Sin embargo, en 1661 se aprobaron leyes sobre el trabajo esclavo y desapareció cualquier pequeña cuota de libertad que pudiese haber existido.

Ya al inicio del siglo siguiente se fundan tres colonias al norte de Virginia por inmigrantes puritanos que fueran perseguidos en Inglaterra por sus ideas favorables al protestantismo y por lo tanto incompatibles con la religión anglicana que fuera tomada por el rey. Al sur de Virginia se establecieron también tres colonias, pero estas fueron pobladas por inmigrantes anglicanos con costumbres opuestas a los anteriores.

Atento a que las ciudades inglesas estaban sobrepobladas y tenían una gran demanda de trabajo, se consideró a las colonias como un escape a este exceso. Pero, asimismo, los argumentos más importantes fueron los económicos. El desarrollo de la colonización mediante compañías por acciones podría permitir el enriquecimiento tanto de los accionistas como a la misma metrópoli.

De esta manera, dado que el principio de la ocupación efectiva jugaba un rol importante que se sumaba a los otros dos factores, ya que el sistema del derecho internacional imponía como necesaria la permanencia en los nuevos territorios, Inglaterra creó el sistema de “colonias de carta” o “cartas constitucionales”, un sistema mediante el cual los inmigrantes podrían establecerse en colonias donde pudieran vivir, tener tierras y crear familias. Recibían de la compañía el dominio de las tierras en las cuales fundaban la colonia, proporción de herramientas, semillas y equipo y el pago de los gastos de su emigración. Los colonos tenían a cambio la obligación de permanecer allí llevando adelante la explotación económica de la colonia y permitiendo la radicación libre de colonos de origen europeo que emigraran obligándose a trabajar para el titular de esas cartas como pago por un período de tiempo. Estos eran designados como “criados escriturados”, los cuales luego de trabajar durante un tiempo para el titular de la carta adquirían la posibilidad de hacerlo por sí mismos, y por lo tanto con las mismas oportunidades que los blancos a quienes habían servido, y con la facultad de organizar nuevas colonias según los estatutos que el autorizado se hubiera dado a si mismo al organizar las originarias. Estas cartas otorgaban a los colonos la facultad de designar sus propias autoridades, una asamblea legislativa, y aún de recurrir a mano de obra no solo la de la población nativa sino aquella traída de otros territorios que fueran también de Inglaterra o aún recurrir a su compra a terceros.

Con relación al trato con los esclavos: la esclavitud estaba permitida en Inglaterra; sin embargo, los puritanos, quienes pensaban que la Iglesia de Inglaterra había adoptado demasiadas prácticas del catolicismo y habían llegado a América huyendo de la persecución en tierras inglesas, imbuídos de su intención de fundar una colonia basada en sus propios ideales religiosos, habrían rechazado la teoría eclesial católica según la cual los africanos no tendrían alma, por lo que este apartamiento permitiría interpretar que los puritanos no debieran haber sido, al menos en los primeros tiempos, esclavistas. No obstante creyeron que los indios estaban más allá. De ahí que su trato para con los indígenas fue despiadado para castigar cualquier clase de oposición. Por el contrario, es posible que las colonias anglicanas situadas al sur de Virginia no hayan tenido limitación alguna para la compra de esclavos que, por una razón puramente económica, el trato hacia el esclavo no haya sido tan brutal como el dado por los puritanos a los indios.

3.- RELACIÓN DE ESTOS PRINCIPIOS CON LA TOMA DE HABITANTES DE ETNIA AFRICANA.

Tanto la teoría de la ocupación como la teoría de la adquisición de los territorios por el avistamiento, dando la posibilidad de tomar posesión de todo lo que hubiese en ellos, llevó a que naciera el derecho de disponer libremente no solo de las cosas o animales sino también de los habitantes de los territorios ocupados para convertirlos en esclavos. Resultaba lógico, consecuentemente y por aquellas mismas teorías, que se interpretase que se pudiera trasladar a América sin responsabilidad a los habitantes africanos ya convertidos en esclavos dado que los territorios americanos habían pasado a formar parte, jurídicamente, de la misma metrópoli.

En alguna medida, habiendo sido este criterio históricamente válido, cabe preguntarse si, siendo este traslado posible porque siempre se estaba dentro del marco territorial del mismo estado y, además, si siendo los africanos considerados con el mismo criterio validante que las cosas, hubo alguna razón impediente para que se pudiese lucrar con su enajenación, tan válida como la venta de cualquier otra cosa material o animal que se hubiese encontrado en esos mismos dominios. De ahí nacería la licitud del comercio de esclavos que acompañó al establecimiento de colonias en territorio de América del Norte y Canadá.

Cabría también preguntarse si ante estos antecedentes contemporáneos y convalidantes es válida la presión crítica adversa a esa trata sustentada solo con los parámetros actuales de valoración de aquellos episodios.

En este punto no está demás recordar cuál era la postura de la corona española en ese momento en cabeza de Calos V, al tiempo de otorgar a Pedro de Mendoza su permiso para avanzar en América “…conquistando y poblando las tierras y provincias que hay en el rio de Solís, que algunos llaman de la Plata … como quiera que según derecho y leyes de nuestros reynos, cuando las gentes y capitanes de nuestras armadas toman preso algún príncipe o Señor en las tierras por donde nuestro mandado hacen guerra, el rescate de tal señor o cacique pertenece a nos con todas las otras cosas muebles que fuesen halladas que perteneciesen a él mismo…”. No otra cosa que aceptar la equiparación de las personas con las cosas a que se refieren las consecuencias de la aplicación del mencionado “Derecho de conquista”.

L. A. Podestá Costa “Derecho Internacional Público”, T°. I; R. Levene; “Historia del derecho indiano”; Gustavo Levene, op. cit. pág. 10; Albert Malet, “Histoire de France”, T°1, pág. 542 y sigts; Rex Harris en “Jazz”, Penguin Editors; London 1959.-

IV.- CARACTERES Y DIFERENTES ESTADIOS EVOLUTIVOS DE LAS SOCIEDADES EUROPEA Y AFRICANA AL TIEMPO DEL ESTABLECIMIENTO DE LAS COLONIAS EN AMERICA DEL NORTE


La moderna sociología ha comprobado que el hombre es impelido a asociarse con sus semejantes por una serie de instintos, altruistas unos, egoístas otros. Basta con observar la infinita variedad de agrupaciones que se constituyen, algunas con forma jurídica, otras como simples agrupaciones de personas. Esta amplia gama contempla desde las más diversas y espontáneas afinidades, raciales, creencias religiosas, propósitos culturales o relaciones parentales, hasta las más complejas que persiguen un propósito económico. Avanzando a lo largo de esa variedad se halla el Estado, como vínculo jurídico-político último de asociación y sus relaciones con el poder eclesial. Pero, ¿cómo pudo ser el origen de esa asociación de humanos? ¿Fueron similares los orígenes de todos los grupos para luego seguir una evolución paralela análoga en todos los casos? ¿Fue ese origen simultáneo en todo lugar del mundo o por el contrario se fueron produciendo en distintos lugares y épocas para luego madurar y cambiar hacia un estado sociocultural más avanzado acompañado por las influencias de las diversas migraciones?

1.- ORIGEN DE LA ETNIA AFRICANA.

Durante muchas décadas, los científicos habían discutido acerca del origen del hombre elaborando dos puntos de vista diferentes aunque aceptando en ambos el posible origen africano.

El primero: maneja la hipótesis del origen africano absoluto y plantea que los seres humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens), evolucionaron en la zona subsahariana de África para luego extenderse a otras regiones y de ahí emigrar fuera de África para poblar los cuatro confines del globo, sustituyendo durante el proceso a otras especies ancestrales de seres humanos más antiguas, aunque también emigrantes de África, tales el Homo erectus y el Hombre de Neanderthal.

El segundo: conocido como la hipótesis multirregional, sugiere que oleadas sucesivas de Homo sapiens salieron de África pero, mediante el mestizaje, se mezclaron con los grupos de seres humanos arcaicos que habitaban Asia y Europa, también emigrados mucho antes desde África. Si esto ocurrió en realidad, entonces la hipótesis propone que también el Homo erectus y el Hombre de Neanderthal habrían emigrado hacia las restantes partes del mundo, pero habrían sido absorbidos por la llegada del Homo sapiens, una especie posterior, nacida posiblemente hace 130.000 años, con suficiente capacidad como para haber producido esa extinción.

Hay también estudios diversos sobre estos puntos de vista que intentan fijar el dónde de aquellas apariciones.

1) Para la Universidad de Cambridge (Cambridge School of Análisis, Inglaterra), el origen del hombre se encuentra en el África Subsahariana. El estudio apoya la idea de que el hombre actual ha partido de un grupo ancestral que habría vivido en ese continente como una especie independiente durante más o menos 150 mil años antes de que algunos individuos comenzaran la migración global que llevaría al hombre a dominar el planeta.

2) Para el Centro Nacional sobre la Evolución Humana de Burgos, España, de acuerdo con un estudio realizado por un grupo de paleontólogos, liderado por María Martinón-Torres, y publicado en agosto de 2000 en la edición online de la revista Procedings of the Nacional Academy of Sciences, el origen es, también subsahariano. Para avanzar hacia el origen del hombre europeo, afirman que los primeros no sólo llegaron directamente de África sino que también llegaron de Oriente hace cerca de 55.000 años. Dicho de otro modo, la colonización de Europa no se produjo sólo por el éxodo de África, sino que fue más compleja e incluyó corrientes migratorias de Asia y África llegadas a esos lugares por migraciones diversas.

Avanzando en las investigaciones se ha procurado la determinación del momento de la aparición del comportamiento humano moderno. Aparentemente también se habría producido en África, en la zona del Sahara, para pasar de allí a otras partes del Viejo Mundo y dispersarse luego hacia la zona mediterránea del noreste de África y Asia, donde habrían alcanzado rápidamente su máximo desarrollo. Esto explicaría el alto grado de avance de las culturas eurasiáticas con relación a las que permanecieran en África, de evolución más lenta y tardía.

Respecto de la región subsahariana, hoy Ghana, las etnias se habrían formado nutriéndose de dos corrientes. La una, la de los sanhajas, pueblo antecesor de los diferentes grupos bereberes, habría iniciado hace aproximadamente 3.000 años una migración desde el norte hacia el oeste de África. Estos grupos habrían llegado hasta el Sahara casi seguramente desde la zona mediterránea y aún desde el oriente norafricano, expulsando hacia el sur a la población de piel negra que vivía en el Sahara, hasta que llegaron a ocupar todo su territorio. La otra corriente proviene del sur atribuyéndose su origen en el África Sudoriental, por lo que hace posible también que desde esta zona llegaran grupos africanos que pasaron a integrar los ya existentes, uniéndose con los provenientes del norte, constituyendo una etnia que, si bien diferenciada en cuanto a grupos tribales, poseía características evolutivas similares.

Finalmente, resta aún una tercera migración, aunque muy posterior, cuando a principios del siglo XIII se produce la llegada a esa zona de un pueblo árabe beduino procedente del Yemen, los Beni Hassan, quienes sometieron o expulsaron a los pueblos residentes en esa zona, provocando un nuevo desplazamiento de estos grupos hacia el suroeste africano, internándose en la zona geográfica de Ghana y desplazando así a muchas etnias que allí vivían, en tanto otras se alejaban para no soportar la influencia o sojuzgamiento por los recién llegados.

De todas maneras, los contactos de aquellos primeros habitantes de la región subsahariana con otros pueblos fuera de esta zona habrían sido escasos debido a la dificultad de las comunicaciones y a las características geográficas. Así, mientras el norte africano pudo ser dominado por fenicios, egipcios, cartagineses, romanos y el Islam, con lo que su cultura entra plenamente dentro de la órbita europeo-mediterránea, tanto el desierto del Sahara como la selva ecuatorial fueron auténticas barreras para los grupos que vivían al sur de ese desierto, en alguna medida infranqueables y con características no siempre iguales. Hay enormes planicies, algunas montañas volcánicas, valles, naturalmente el desierto, con un clima absolutamente variable, desde caliente y seco en el interior hasta el de las regiones costeras con humedad casi constante y estaciones lluviosas que pueden durar ocho o nueve meses. (1)

Esta dificultad habría provocado el encierro de los diferentes grupos que habitaron esa zona lo que permitió que conservaran la mayoría de sus tradiciones religiosas, lenguaje y hábitos culturales practicándolos aún luego de ser trasladados a los diversos lugares de América. (2)

2.- ESTADO DE LA ETNIA AFRICANA CONTEMPORÁNEO AL INICIO DE LA COLONIZACIÓN AFRICANA Y LUEGO DE LA AMERICANA.

Se afirma que el origen de los grupos esclavos que fueran trasladados a América está en antiguos habitantes del centro-oeste africano que se habían mantenido aislados respecto de otros grupos provenientes de otras partes de África sin recibir influencia de las etnias que bajaran desde la zona mediterránea a través del desierto de Sahara.

Cuando los portugueses llegaron al África capturando Ceuta en 1415 (3) esos grupos ya estaban organizados como comunidades socialmente estructuradas. Pero esta estructura no fue bastante como para impedir que fueran capturados para su remisión como esclavos hacia las colonias americanas y tratados como una raza inferior que justificaba, para el criterio y el estadio jurídico de entonces, su venta en calidad de tales.

Sin embargo, en tanto América era descubierta, Europa se escindía en pueblos católicos y protestantes. España y Portugal, los primeros descubridores, de raigambre católica, pronto perdieron la facilidad que habían tenido para el comercio de esclavos a causa de la prohibición que hiciera el Papa para realizarlo, pero los protestantes, dominantes en Francia e Inglaterra, no habiendo acatado las pautas eclesiales para abrazar la doctrina luterana, pudieron tomar africanos para llevarlos como esclavos a las colonias americanas y, viendo que este tráfico, realizado sin la competencia de España y Portugal, les sería beneficioso, no titubearon en continuar con esta actividad. (4)

Este incremento en la trata de negros, africanos o sus descendientes, fue acompañado, en la mayoría de los casos, por una fuerte ideología racista: la mirada europea sobre los habitantes de África hacía que los negros fueran considerados seres inferiores, asimilados frecuentemente a animales. Desde el punto de vista jurídico no podían ser considerados sujetos de derecho dado que las doctrinas jurídicas de entonces los consideraban “res nullíus”, esto es “cosa de nadie”, al igual que las restantes cosas del lugar ocupado y, por lo tanto, susceptibles de apropiación por cualquiera de quienes fueran ocupantes de ese territorio. En tanto, desde el punto de vista religioso se había planteado un debate tratando de determinar si la raza negra disponía o no de alma, puesto que, de tenerla, esta actividad sería considerada ilegal por la Iglesia. Esto originó obviamente un fuerte movimiento en ambos sentidos, el jurídico y el religioso, para lograr que la apropiación de estos africanos estuviera justificada.

Es claro que la apropiación no justificaba su explotación. En la práctica era costumbre, en muchas plantaciones, utilizarlos hasta su muerte, pues salía más barato comprar nuevos esclavos que mejorar sus condiciones de vida (5).

El argumento de la inferioridad de la etnia africana había sido avalado por Bartolomé de las Casas (1484/1566) quien bregaba por el no uso de los indios en las tareas agrícolas o mineras y aconsejaba a Carlos de España (6) su sustitución por esclavos traídos de África, aunque en número no mayor de doce, lo que dio lugar a una ley de 1530 que prohibió la esclavitud de los indios.

Si bien la concepción de la inferioridad de la raza africana pudo originariamente ser un elemento validante para su esclavitud, esta concepción no fue abandonada sino que se mantendría a lo largo de los años venideros hasta convertirse en un factor determinante de la Guerra de Secesión que tuvo lugar entre los años 1861 y 1865.

En los años previos al estallido de este conflicto algunos líderes religiosos del sur enarbolaban en sus sermones las causas fundantes para la secesión. Benjamin M. Palmer (1818-1902), pastor de la principal “Iglesia Presbiteriana” de Nueva Orleáns, culminó esta prédica en un sermón dado el Día de Acción de Gracias, en 1860, argumentando que los sureños blancos tenían el derecho y la obligación de mantener la esclavitud en pro de una autoprotección económica y social. Debía lucharse por el mantenimiento del derecho de propiedad que existía sobre los esclavos, por lo que el tema de la manumisión, (tan propio de la cultura francesa contemporánea al estallido del conflicto y aún antes, principalmente hasta la venta de las posesiones francesas) no sería sino un acto de expropiación; los esclavos habían sido adquiridos en concordancia a su régimen legal y por lo tanto los blancos, sus propietarios, tenían todo el derecho a mantenerlos como parte de su propiedad privada. También tenían no solo el derecho sino la obligación nacida de las constituciones estaduales, de actuar como "guardianes" de los "afectuosos y leales" aunque "desamparados" negros, para salvaguardar intereses económicos, y de ser defensores de la religión contra el "ateismo" abolicionista. Este sermón fue ampliamente difundido por toda la Confederación como parte de la prédica religiosa (8) aunque su contenido fuese antiabolicionista.

Según la opinión generalizada de los historiadores sobre este conflicto dos habrían sido sus causas fundamentales, ambas derivadas de la coexistencia de los estados sureños esclavistas con los norteños antiesclavistas (7). Por un lado la intención de los republicanos de restringir, incluso eliminar, el esclavismo. Por otro, las grandes limitaciones del poder político que tenían los estados norteños en lo referente a la propiedad de los esclavos, ambas resistidas, o negadas, por los estados sureños, esto es los grupos confederados.

Pero, ¿qué ocurría en las sociedades africanas al tiempo de la instalación de las colonias? ¿Cuál pudo haber sido la estructura de las familias o tribus africanas y su relación con los credos propios de cada cultura?

3.- ESTADIO EVOLUTIVO ORIGINARIO DE LAS SOCIEDADES EUROPEA Y AFRICANA.

El historiador Paul Lovejoy analizando la sociedad africana a partir del siglo XIV encuentra que esas agrupaciones practicaban el esclavismo de diversas maneras (9). Para llegar a esta conclusión, este autor toma en cuenta la evolución histórica de esos grupos, la región de ubicación y los rasgos o características culturales particulares que los identifican y concluye expresando que las condiciones para esclavizar a una persona dentro de estas comunidades se producían tanto por la captura violenta, como por castigo, deuda, trabajo forzado, y aún el comercio (esclavo como mercancía), lo cual, curiosamente, habría sido inherente a todo el sistema esclavista de la Edad Media (10).

3.a.- LA SOCIEDAD BLANCA

Las distintas etapas en la evolución de la sociedad europea han sido determinadas por Sumner Moine (11) de la siguiente manera:
- Asociación familiar: en la comunidad de mesa y de sangre se inicia el poder patriarcal
- Comunidad doméstica: se afirma ese poder sobre la tierra y la familia
- Comunidad de aldea: aparece la propiedad privada
- Marca: señorío sobre ciertos territorios. Es el inicio de la época feudal
- Feudo: el antiguo señor se transforma en señor feudal, con todos los atributos de la autoridad militar y política.
- Monarquía o imperio: el señor se convierte en monarca o emperador, naciendo el concepto de nación por la emancipación de las clases bajas.

Un segundo aspecto de interés es la concurrencia del poder estatal con el eclesial. Estas relaciones han pasado por distintas etapas:
- Sistema de la unión o supeditación: la autoridad eclesial detenta el poder terrenal
- Sistema del concordato: el Estado, cualquiera sea su credo, admite la condición de potencia soberana o terrenal de la Iglesia.
- Sistema de la simple asociación: El estado considera la Iglesia como una simple asociación particular, extraña a su esfera.
- Sistema de la concurrencia: El Estado acepta la presencia de la Iglesia en el ejercicio de la potestad eclesial.
- Sistema de la oposición o absorción: El estado absorbe la jurisdicción directa de la Iglesia.

No es el caso analizar en profundidad cada una de esas etapas pero sí lo es evaluar cuál era la etapa evolutiva de las sociedades europeas al tiempo del establecimiento de las colonias. Esa etapa no sería sino un momento intermedio entre el feudalismo y la monarquía absoluta de derecho divino, con la inherente constitución de clases nobles y plebeyas desprovistas de derechos, contra la cual se habrán de producir distintos tipos de reacciones, como la revolución inglesa de 1688, la americana de 1776 y la francesa de 1789 para llegar a constituir el estado moderno y, en su relación con la Iglesia, oscilaba en diversas aplicaciones del sistemas de simple asociación, derivada de la presencia en los estados de cleros de distintas órdenes y jerarquías y la potestad del monarca de designar las distintas autoridades eclesiales.

3.b.- LA CONFORMACIÓN POBLACIONAL AFRICANA. Pero, ¿qué ocurría en las sociedades africanas al tiempo de la instalación de las colonias? ¿Cuál habría sido la estructura de las familias o tribus africanas y su relación con los credos propios de cada cultura? Los estudios de hoy distinguen diversas etapas evolutivas en esos pueblos y, aunque la observación no haya sido demasiado intensa dado el desconocimiento que se tenía del continente africano hasta las primeras incursiones por ingleses y holandeses en el siglo, esas etapas han sido reconstruidas por estudiosos como Lewis Morgan (v. “La Sociedad primitiva”) (12) tomando las analogías entre las tribus africanas y los pueblos de pieles rojas sobrevivientes al tiempo de su estudio. Morgan distingue cinco etapas: - Familia promiscua: no existe noción de parentesco y la forma normal de relaciones es el incesto. - Familia consanguínea: surge cuando aparecen las primeras interdicciones; se prohíbe el matrimonio entre ascendientes y descendientes, pero nacer hermanos es nacer cónyuges, sobre todo cuando se representa a la autoridad del grupo. - Familia punalúa: comienza la exogamia al desaparecer el parentesco de sangre entre los cónyuges y la aceptación de unión con mujeres con hombres de distintas tribus o clanes. - Familia sindiásmica: se caracteriza por la presencia de un “paterfamiliae” que puede poseer varias familias y su autoridad se extiende a todos los descendientes, aun siendo de sucesivas generaciones. En estos tipos de familia la mujer se incorpora al clan del marido - Familia monogámica: la propia de la edad actual. Al comparar los pueblos europeos con los africanos al tiempo de la fundación de las colonias se advierte que estaban en distintas etapas evolutivas, siendo más avanzado el estadio social europeo que el de los pueblos africanos. Cabe entonces preguntarse qué pasó con la organización societaria de esos pueblos africanos al ser transplantados a América. Si se piensa en aquellos que ya eran esclavos en África no hubo cambio alguno porque no formaban parte del estrato social originario. Si, por el contrario, eran parte de una clase social, aún tribal, pero no esclava, cabría interrogar si pudo subsistir como clase con sus mismos caracteres y estructuras o se extinguió hasta desaparecer como consecuencia de su convivencia con otros grupos africanos o con la sociedad colonial blanca dando lugar a una nueva forma societaria, como la de aquellos libertos de las colonias francesas que tuvieron plantaciones y fueron propietarios de esclavos en esos establecimientos. 4.- BENIN Y ASHANTI. Los ejemplos más próximos de los cuales puedan extraerse conclusiones están en el pasado de la actual República de Benin, estado africano del Golfo de Guinea, y de la cultura de la población del antiguo reino de Ashanti, anexado a Ghana por la corona británica en el siglo XVIII. (13) 4.a.- BENIN Benin estaba regido por un monarca absoluto llamado “oba” considerado como la encarnación terrena de los dioses de Benin. Así, se hacían desfiles conmemorativos de las festividades o cultos anuales a diversos dioses, encabezados por el “oba”, luego otros sacerdotes de menor jerarquía y supeditados a la autoridad divina del “oba”, los cortesanos y los músicos. Tenían esclavos, al igual que otras poblaciones locales, quienes no desfilaban pues no constituían una clase social diferenciada sino un grupo humano equiparable a las cosas, esto es susceptible de venta a terceros, llegando a esa condición por acciones militares inter-tribus o simplemente por cambio o venta entre ellas. Cabe, pues, la analogía de Benin con una estructura social de tipo sindiásmico, con potestad de origen divino y de aceptación del sacerdocio como colaboradores en la representación de las ceremonias del culto, con una sociedad dividida en clases con aceptación de la esclavitud como pertenencia por causa de guerra o compra a comunidades vecinas. 4.b.- ASHANTI Respecto del reino de Ashanti, parecen haber tenido una filiación parental de tipo matriarcal habiendo logrado una estructura política centralizada muy poderosa, con una fuerte tradición religiosa que invocaba a sus dioses mediante danzas rituales y el uso de máscaras, aunque no habrían desarrollado una tradición musical equiparable a los benineses para la realización de esas ceremonias. La estructura social de los ashanties fue, por aquella época, casi similar a la de Benin, esto es un estado de familia de evolución intermedia entre punalúa y sindiásmica. Celosos de su independencia mantuvieron intensos enfrentamientos con los ingleses frente al futuro estado de Ghana hasta ser dominados por los británicos en el siglo XVIII pasando entonces a formar parte de Ghana. En el siglo XVII ambos reinos habrían tenido control de las rutas del oro y del comercio de esclavos, los cuales aumentaron primero debido a los enfrentamientos intertribales dado que, según sus costumbres, todo prisionero que tomaban se convertía en esclavo que debía trabajar para los propias clases gobernantes, y luego, porque esas mismas luchas se daban en procura del control de la trata de esclavos con extranjeros, franceses en Costa de Marfil y Togo, e ingleses en Ghana. 5.- POSIBLE INFLUENCIA DE ESTOS DIFERENTES ESTADIOS AL TIEMPO DEL NACIMIENTO DEL JAZZ. Este punto implica tanto como analizar cómo fueron integrándose las distintas comunidades esclavas luego de su forzado éxodo a las colonias anglosajonas y francesa, siendo imprescindible reparar en que estos asentamientos se conformaron con africanos llevados no solo desde distintos lugares de África sino también primando un criterio selectivo y aún separatista dentro de un mismo grupo familiar, lo que provocaba su disgregación y aún la de las clases sociales originarias en distintos asentamientos. 5.a.- APLICACIÓN DE LA TEORÍA DEL ESTADO. Es interesante a ese efecto la mirada con que la sociología moderna analiza las teorías del origen del Estado para aplicarla a la conformación de grupos humanos (12 14 y 15). Esos grupos, a medida que se constituyen, adoptan distintas formas de asociación hasta llegar a la constitución del Estado como forma jurídica estable. Esas formas pueden agruparse en tres categorías, en alguna medida sucesivas: convivencia, sociedad y comunidad organizada. - Convivencia.- A la “convivencia” llega el hombre cuando solo no puede cumplir con las necesidades básicas que requiere para satisfacer su subsistencia. Así, se une a otros hombres bajo determinadas circunstancias como un peligro personal o compartido con otros con quienes se agrupa y, también en algunos casos, por simpatía en los fines que ambos buscan, lo que les lleva a unirse compartiendo un evento común. Estas afinidades se producen cuando existen formas anteriores de vida comunitaria, creencias religiosas que pueden provocar daños o perjuicios a individuos del grupo, etc. - Sociedad.- Se origina cuando la convivencia llega a una agrupación más perfecta, ahora ya más duradera, que procura el resguardo individual de aquellas normas propias de la comunidad que alcanzan a cada uno de esos integrantes con sanciones de tipo moral con carácter grupal, naturalmente de carácter abstracto, no estructuradas sino por las costumbres. Son agrupaciones de carácter asociativo, esto es “sociedades”, aunque este tipo de asociaciones mantenga todavía el carácter participativo de sus miembros dando primacía al conflicto del “yo” con los intereses grupales o a la finalidad misma del “yo” que intenta lograr la conformidad de esta sociedad. - Comunidad organizada.- Cuando en estas sociedades aparece la procura del cumplimiento de finalidades comunes que, por lo tanto, previenen el bien común bajo normas establecidas que tutelan la búsqueda de ese bien y castigan las conductas que lo impiden, se abandona el ejercicio del “yo” para pasar al “nosotros”, siendo esas normas solo aplicables al individuo cuando la trasgresión a esas normas se ha realizado. Cuando esas normas tanto las organizativas como las sancionadoras toman aspecto estructurado aparecen las primeras formas de “comunidad organizada”, ya a la puerta de la constitución del Estado como comunidad jurídicamente organizada. Ahora bien, en el análisis de procura de la aplicación de estos estadios evolutivos de los grupos humanos a la presencia africana en América es imprescindible tener en cuenta que los asentamientos esclavos se iban formando a medida que estos iban siendo llevados a los lugares que se habrían de convertir en sus localizaciones definitivas. Es lógico, pues, interpretar que los contingentes africanos, a partir de su ingreso y/o permanencia en esos asentamientos, habrían ido conformando estadios sujetos a las dos primeras categorías ya que debieron adaptar su origen diverso con temáticas sociales y religiosas distintas y generar distintas sanciones del grupo hacia los individuos, conformando entre todos normas pautadas de tolerancia que contemplaran las creencias o hábitos de los otros miembros del grupo tanto como las propias, etc. Pero, y aquí se marca el aspecto más crucial de la teoría del Estado, que indica que cuando uno de esos grupos se encuentra frente a otro grupo humano de caracteres socioculturales más avanzados “copia” e incorpora a sí mismo los caracteres de esos grupos y avanza en su propia calidad sociocultural. Por el contrario, cuando es ignorado por el grupo con el cual debe convivir, se retrae a estadios anteriores a los que le eran propios al tiempo de su enfrentamiento con el grupo sociológicamente más adelantado. Las comunidades esclavas americanas recibieron, según el lugar de su asentamiento, distinto trato. Mientras que las comunidades anglosajonas, en especial las puritanas, no solo los despreciaron sino que los apartaron, los colonos de la Luisiana francesa los trataron contemplativamente y fueron “absorbiéndolos” mediante la manumisión, el otorgamiento de recursos económicos que les permitían a esos manumitidos, ahora ex-esclavos, la adquisición de bienes de distinta clase, incluso factorías en las cuales trabajaban para ellos esclavos provenientes de la zona anglosajona, y aún ser enviados a Francia para recibir educación. Esta interpretación de la evolución sociocultural que sufrieran los primitivos grupos africanos da una luz de interpretación para apreciar la diferencia ente “criollos” y “niggers”, expresiones usadas por los “criollos negros” descendientes de las colonias francesas para consigo mismos, y la segunda la utilizada por estos para referirse a los “negros puros” o afroamericanos angloparlantes. (15 y 16).- 5.b.- LOS GRUPOS “CREOLE”.- En la literatura jazzística ha habido bastante confusión acerca de la palabra “criollo”, confusión que se basa, de modo deliberado o no, en un falso entendimiento de su significado auténtico. (15 y 16) Según el diccionario Larousse es “criollo” una persona nacida en las colonias pero, en diversas interpretaciones de otros diccionarios, tales como el Oxford Dictionary, se le ha dado a la palabra la connotación de “… persona nacida en las Antillas o en cualquier parte de América y también los de pura ascendencia africana…” La cuestión se complica, entonces, cuando se piensa en que no solo pueden ser criollos los descendientes blancos de los colonos de la zona francesa de la antigua colonia, esto es Luisiana, sino también los descendientes de los matrimonios mixtos. Así, los músicos de jazz interpretaron que eran criollos aquellos descendientes de matrimonio mixto, es decir francés y afroamericano, por lo que su piel era más clara que la de los descendientes de la zona inglesa donde no hubo matrimonios mixtos y por lo tanto determinante en su diferenciación de aquellos. En verdad, esta doble interpretación de la calidad de criollo incorporando solo a los descendientes de esclavos oriundos de la zona francesa hecha por esos mismos criollos, se ha basado en la convicción de que su estadio socio-cultural era notoriamente distinto, y aún superior, como consecuencia de sus tempranas manumisiones, al de los negros de las colonias anglosajonas todavía esclavos. Es obvio que, cuando ambos grupos se encontraron, luego de la Guerra de Secesión, ya tenían diferentes condiciones de vida por lo que se comportaban de acuerdo con ellas y por lo tanto se hicieron visibles las diferencias. Este “apartamiento” se fue haciendo más notorio con el paso del tiempo ya que los criollos de ascendencia francesa despreciaron a los de origen anglosajón, de piel oscura, aunque en verdad fueran tan americanos como los otros. Actualmente los estudios provenientes de las escuelas del Derecho y de la Sociología moderna realizados para elaborar la teoría del Estado muestran que este “apartamiento” no habría sido más que una consecuencia de la distinta conformación originaria de aquellos grupos humanos, dejando al margen la apreciación formulada por la mayoría de los autores tradicionalistas, que generaliza y subsume en la ignorancia, falta de educación, etc., a todos los negros, callando deliberadamente o por ignorancia, que en la Luisiana había otros negros, además de los oriundos de las colonias inglesas llegados luego de su venta por Francia a los Estados Unidos y que, a la época del nacimiento del jazz, habrían influído, quizá sin saberlo, sobre su nacimiento. (18) 5.c.- LA INFLUENCIA AFRICANA EN LA MÚSICA DE ESE PERÍODO Este tema podría convertirse en uno de los aspectos más controvertidos en el estudio de la posible presencia de la música africana en el nacimiento del jazz como manifestación de su estadio sociocultural y su posterior evolución arrastrando tras de sí su música. Dicho de otro modo, se trata de determinar si es válido deducir, a través de una mirada sobre la cultura actual de los habitantes africanos, cómo fue la de los primeros grupos africanos que llegaran a América, sin aceptar que desde el inicio de su forzado éxodo pudiera haber existido influencia del estadio sociocultural de las colonias sobre la cultura afroamericana y reflejarse esta en la conformación de su música. Es poco menos que inaceptable negar la interacción de la música blanca con la negra, pero debe aceptarse también que no se debe afirmar sin hacer conjeturas que esta última haya existido invariable y oculta desde la llegada de los primero esclavos hasta que, en los albores del siglo XX, los en ese momento ex-esclavos, hubiesen olvidado súbitamente las modalidades culturales que les precedieron para actuar de la misma manera que los blancos quienes, también en este momento y súbitamente, se habrían enterado que había una música afroamericana que habían desconocido. En este sentido, cabe señalar que el registro fonográfico de la música extraeuropea, iniciado alrededor de 1900, permitió analizar objetivamente aquella música. “Entonces se creyó que constituía una fase preliminar de la música europea occidental. Bajo la influencia de las teorías de Darwin, la joven musicología esperó poder encontrar en los principios de la música medieval los vestigios de la música de los pueblos primitivos. Hoy sabemos que esto no es posible. Los llamados pueblos primitivos no representan el grado más primitivo de una evolución siempre ascendente en línea recta sino culturas independientes completas en sí, procedentes, como la nuestra actual, del intercambio entre individuo y mundo circundante, y resultado de una evolución histórica no menos larga y orgánica. Su música no constituye una fase preliminar de la nuestra, sino un mundo propio con sus propias leyes y su propia historia.” (18). Si bien este es un punto de inflexión, lo que sí debe aceptarse es que los primeros historiadores del jazz no debieron escribir aceptando que hubo en su nacimiento influencia blanca para luego omitirla y aceptar solo como música afroamericana a la originaria de la etnia africana. (19). Cabe recordar que uno de los pioneros blancos del jazz fue Jack “Papá” Lane, (1873-1966) líder de la “Reliance Band” una de las primeras bandas blancas de jazz, organizada ya en 1890. 1, 2, 3, 4, 5, y 6: Rex Harris, “Jazz” Penguin Edit, London 1959 Págs. 11,12 y 14; 5: Wykypedia, voz “Esclavitud”; 7: Wikypedia; “Historia de los Estados Unidos”; 8: google.com. “Historia de los Estados Unidos” y “Constitución de los estados confederados” ; 9 y 10 Paul Lovejoy “Transformations in slavery” en “A history of slavery in Africa”. 11 y 12 Horacio Vedia Alsina: “Derecho Político” y Emilio Durkheim “Las reglas del método sociológico”.- 13 Google.com: “República de Benin y Reino de Ashanti”.- 14 y 15: Peter Clayton & Peter Gammond “Jazz A-Z “. 15, 16 y 18: Lincoln Collier “Louis Armstrong” pág 66 y sigts.- 18 Hamel y Hürlimann, “Historia de la música” T° III pág.735,. 19 N. O Oderigo en “Historia del jazz” y “Panorama de la musica afroamericana”. V.- LAS PRIMERAS COLONIAS AMERICANAS La actividad colonial francesa e inglesa. Las guerras por la posesión de las márgenes del Mississipi. Modificación del territorio colonial. Participación del esclavismo en las guerras. 1.- LA ACTIVIDAD COLONIAL FRANCESA E INGLESA Paralelamente al desarrollo de las actividades expansivas de Portugal y España, iniciadas ya antes del descubrimiento de América en las costas atlánticas de África, Inglaterra y Francia pusieron en marcha en la India una actividad “extra muros” de carácter comercial a través de sociedades por acciones con intención de asegurarse el acceso a mercaderías propias del territorio indio, cambiando luego hacia América por emprendimientos de caracteres típicamente coloniales. 1.a.- INGLATERRA. El inicio de su actividad colonial data de 1584 con un establecimiento poblacional en una zona que abarcaba desde Carolina del Sur a Maine, llamada “Virginia” por la reina Isabel, llamada “la Reina Virgen”. El nombre se extendió a la “Compañía de Virginia”, constituída en 1608 como la sociedad por acciones que fundara Virginia el 13 de mayo de 1607 como primer establecimiento permanente en América y que recibiera del rey los derechos de propiedad sobre la zona fundada. Inglaterra siguió igual temperamento respecto de las restantes colonias. Las acciones de estas compañías eran vendibles libremente en la Bolsa de Londres o a terceros que desearan emigrar con su familia y sus criados a una colonia ya creada por cuenta de la compañía. Estas compañías funcionaban como “colonias de carta”, recibiendo para funcionar como tales una “carta constitutiva” o “constitucional” por la cual el rey nombraba al gobernador, quien debía gobernar conjuntamente con una asamblea integrada por colonos elegidos por ellos mismos, con derecho a voto de las decisiones relativas a la colonia. No obstante, el voto quedaba restringido a los terratenientes fundadores aunque hubiera una mayoría que tuviera tantas o más propiedades que aquellos. Los colonos gozaban de autonomía interna y, como consecuencia de haberse establecido en nombre de la monarquía, estos territorios eran considerados como parte de Inglaterra misma teniendo los colonos por ello iguales derechos que los ingleses nativos, incluso la participación parlamentaria. (1) En la escala social, por debajo de los propietarios, estaban los “criados escriturados”, hombres que emigraban de Inglaterra con su familia y criados, a expensas de la compañía esperando que con la ganancia que obtuvieran al final de la duración de su contrato con la compañía, pudieran establecerse convertidos en propietarios y repetir el ciclo económico con otros “criados escriturados”. Con el objeto de poblar la colonia y aumentar la mano de obra los propietarios decidieron aumentar el número de criados escriturados con criminales cuyas penas se sustituían por la de destierro perpetuo, o sea un estado similar al de la esclavitud. Por debajo de estos, en la escala social, habrían de estar en los primeros años, los esclavos, introducidos en Virginia por un velero holandés para tareas en las factorías, los cuales, no habiendo aún legislación que regulara su estadía en América, aún cuando en Inglaterra se aceptaba la esclavitud, fueron tratados como “criados contratados”. Las guerras de religión venían influyendo en Inglaterra que se debatía otorgando o negando la conversión a sus habitantes, de manera que gran parte de quienes llegaban a América no tenían, en verdad, interés de colonizar sino más bien de protegerse de las persecuciones muchas veces sangrientas que se hacían en la metrópoli contra quienes no tuvieran la religión del monarca. Consecuentemente, estos emigraron en gran número constituyendo las primeras poblaciones de las colonias americanas. Los puritanos, seguidores de Calvino, habían sido también activistas como partido político colaborando con Cromwell en el establecimiento de la república en 1648. Perseguidos por los anglicanos al tiempo del restablecimiento de la monarquía, emigraron en gran número y se establecieron en tres colonias al norte de Virginia. Mantuvieron alejados a los indios, y, respecto de la etnia africana, no se conoce que, al menos al principio, hayan practicado la trata de esclavos, aunque la esclavitud fuese aceptada por Inglaterra. En tanto los anglicanos se radicaron al sur de Virginia estableciendo tres nuevas colonias, emigrando a América por la persecución de los católicos luego del accionar de Cromwell contra los católicos irlandeses en la misma Irlanda. A diferencia de los puritanos, fueron en su mayoría nobles y pronto esas colonias se convirtieron en latifundios donde se plantaba el tabaco y el arroz. Necesitados de mano de obra, ya que la que trajeran al tiempo de la constitución de las colonias era insuficiente, practicaron asiduamente la importación de esclavos traídos de las colonias inglesas en África, la cual, siendo ese traslado dentro de territorios ingleses era jurídicamente válida. Hacia 1733 se habían establecido las bases de las que luego serían las trece colonias anglosajonas cubriendo un área desde Nuevo Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur y desde los Montes Apalaches hasta el Océano Atlántico. 1.b.- FRANCIA. Francia inicia su actividad en 1606 estableciéndose al norte de las colonias inglesas, sobre el estuario del Río San Lorenzo, para luego internarse por la cuenca de dicho río fundando Québec en 1608 sobre un monte rocoso que domina el estuario, cabecera de lo que habría de ser la colonia de Nueva Francia, vasto territorio que incluyó la mayor parte de la cuenca hidrográfica del Río Mississippi extendiéndose desde los Grandes Lagos hasta el golfo de México y desde las Montañas Rocosas a los Montes Apalaches, dejando a la derecha de estos las colonias inglesas. Québec nacía como una fortificación lo que le daba no solo presencia poblacional permanente, según lo requerido por el derecho internacional de entonces, sino también militar, lo que, sumado a haberlo hecho en nombre del rey de Francia, le debiera haber dado categoría de colonia. Sin embargo, merced al criterio económico de Colbert, los territorios que se fueran anexando en América habrían de recibir el carácter de provincia francesa, administrada como las provincias de la metrópoli, por un gobernador y un intendente. (2) Al igual que lo que realizara Inglaterra, el estado francés propició la inmigración y estimuló la creación de compañías por acciones, en 1628 la “Compañía de Nueva Francia”, tal como se llamaba a Canadá, cuyos frentes fueron los negocios de colonización y del comercio en el territorio americano, y en 1635 la “Compañía de las islas de América” que llevó a cabo una actividad con frecuencia extralegal, pues los colonos que se apoderaron de Martinica, Guadalupe, Granadina, Santo Domingo, etc., y, además del cultivo de azúcar, practicaron la piratería y el contrabando como asimismo la importación de negros africanos con destino a su venta. En 1651 fue liquidada y las tierras vendidas a los colonos. En 1682 esta región pasa a denominarse la Louisiane Française (Luisiana Francesa) y es incorporada a la de Nueva Francia como un distrito administrativo. Al mismo tiempo que Francia avanzaba hacia el sur estableciendo asentamientos poblacionales con ese carácter, se practicaba con los indígenas, los pieles rojas, una política destinada a convertirlos al cristianismo y hacer de ellos sus amigos. Como consecuencia se dió la misma calidad de franceses a todos aquellos que aceptaban la conversión a la nueva religión. En 1718 se funda Nueva Orleáns que se convertirá en la ciudad más importante del territorio y su capital en 1723. 2.- LAS GUERRAS POR LA POSESIÓN DE LAS MÁRGENES DEL MISSISSIPPI. PÉRDIDA DE LA LUISIANA. MODIFICACIÓN DE LOS TERRITORIOS COLONIALES. Dos causas influyeron para que Francia perdiera el dominio de ambas márgenes del Río Mississippi y su territorio adyacente, en ambos casos con eventuales repercusiones en la etnia afroamericana: - La Guerra de los Siete Años, enfrentamiento armado entre Francia e Inglaterra que se extiende desde 1756 a 1763, provoca la pérdida de la margen oriental, - La venta de la Luisiana francesa efectuada por Napoleón a los Estados Unidos en 1803, causa la pérdida del territorio adyacente a la margen occidental. 2.a.- PÉRDIDA DE LA MARGEN ORIENTAL. Los colonos británicos, concientes del peligro que encerraba la presencia francesa al borde de sus colonias, linderas con los Montes Apalaches, ambicionaban llegar hasta el Río Mississippi tomando la llanura del Río Ohio. Con ese propósito, avanzaron en un intento de ocupar ese territorio y establecieron en 1754 un fuerte sobre la ribera del río llamado “Fuerte Necesidad”. Francia, de inmediato, exige su retiro y envía un parlamentario a negociar quien, luego de lograr su objetivo, es asesinado al emprender el regreso. Este episodio contribuyó al estallido del conflicto bélico conocido luego como “Guerra de los Siete Años”, un conflicto que involucró, en Europa, a Gran Bretaña y Prusia contra España, Francia, Austria y Rusia por sus posesiones en Silesia, América del norte y la India. En América del norte la zona cuestionada era el oeste de los Montes Apalaches hasta el Río Mississippi y los derechos de pesca en Terranova. Inglaterra había visto con interés el posible resultado de este conflicto en América, pues comprendía que mientras Francia se desangraba en el escenario europeo junto con sus aliados austríacos en aras de una supremacía continental, había dejado a sus colonias americanas empobrecidas de defensa militar. Al estallar el conflicto en América Inglaterra había reclutado 60.000 tropas de línea, en tanto que Francia solo contaba con 5.300 tropas de línea, 2.000 de la compañía de marina, y 3.000 milicianos que eran colonos franceses. Entablada la lucha, Francia obtuvo algunas acciones favorables pero, a medida que se avanzaba en el conflicto, Inglaterra logró capitalizar su superioridad militar. La guerra finalizó el 10 de febrero de 1763 con la firma del Tratado de París por el cual Francia perdió a favor de Inglaterra, entre otras posesiones, el Canadá y el territorio situado entre el este del Río Mississipi y el oeste de los Montes Apalaches, esto es la parte occidental del territorio lindero a las colonias inglesas sobre el Atlántico. De esta manera se consagra la pretensión inglesa de lograr el dominio del Canadá y el territorio francés hasta la margen derecha el Río Mississippi. 2.b.- PÉRDIDA DE LA MARGEN OCCIDENTAL. La declaración de independencia de las trece colonias inglesas sobre el Atlántico en 1776 lleva a Inglaterra a la guerra con las ahora ex - colonias en procura del reconocimiento de esta independencia, contando las colonias con el apoyo de Francia, primero encubierto y, luego de tres años de lucha, abierto y diplomáticamente extendido a los restantes países de Europa, los cuales brindaron suficiente apoyo material como para que la guerra americana llevase a Inglaterra a su agotamiento y la necesidad de reconocer la independencia de las colonias. La guerra prosigue hasta que el 30 de noviembre de 1782 se dan los pasos preliminares para elaborar el Tratado de Versalles, tratativas que culminan con la paz el 3 de septiembre de 1783 mediante la Paz de Versalles, reconociendo Inglaterra la independencia de las colonias como “Estados Unidos de América”, y cediendo los territorios al este del Río Mississippi, esto es los territorios que había logrado de Francia luego de su victoria al cabo de la Guerra de los Siete Años, territorios que pasan, así, a los nacientes Estados Unidos. La guerra hizo que Francia pasara a retener solo el territorio ubicado al oeste del Río Mississippi. No obstante, esta posesión resultó bastante acotada en el tiempo ya que Napoleón Bonaparte, necesitado de dinero para proseguir sus campañas en Europa, decidió en 1803 vender ese territorio, es decir toda la Luisiana y no solo el territorio adyacente al río, a los Estados Unidos. Este episodio marca para Francia la pérdida definitiva no solo de la margen izquierda del Mississippi sino también toda la Luisiana, esto es todas sus posesiones en América, permitiendo que los ahora ex - colonos angloamericanos llevaran el “americanismo” por sobre las costumbres francesas que fueron así opacándose. De todas maneras, aunque lentamente, Nueva Orleáns crecía y la causa principal de este desarrollo se hallaba en la escasez de esclavos (3). La mayor afluencia hacia Luisiana se produjo en las cercanías de la Revolución Haitiana que estallara del 14 al 15 de agosto de 1791, conduciendo luego de 12 años de luchas incesantes a la Independencia de Haití. Como consecuencia de este conflicto los colonos franceses residentes en Haití emigraban a Nueva Orleáns y de allí a toda la Luisiana llevando consigo sus criados, sus pertenencias y sus esclavos. (4). 3.- PARTICIPACIÓN DEL ESCLAVISMO EN LAS GUERRAS. La pugna entre Francia e Inglaterra por el desarrollo de sus colonias americanas quedó en buena medida determinada por los antagónicos sistemas de colonización adoptados por unos y otros: los franceses, sin perder nunca el aspecto comercial y de dominio que se extendía en una superficie que abarcaba desde Canadá hasta el Golfo de Méjico, desarrollando una colonización de tipo "integradora" marcada por la decisión de su metrópoli de dar a estos dominios el carácter de distritos administrativos con presencia de un gobernador delegado junto a autoridades locales, con la única obligación del logro de la evangelización de indios y afroamericanos (5). En tanto los ingleses llevaban a cabo una colonización de tipo "excluyente", con un accionar estrictamente comercial ocupando cotos de caza indios y convirtiéndolos en prósperas colonias. De esta forma, mientras el colono francés se convertía en cazador y comerciante en una zona muy dispersa, el inglés, cuyas colonias eran territorialmente reducidas comparativamente con las francesas, creaban en zonas concretas granjas y ciudades con un pujante desarrollo (6). Pero, respecto de los esclavos, en ambos distritos, el inglés y el francés, se los tenía sin darles otro carácter social que el que les daba su condición esclava, sin otra posibilidad que la de ser objetos susceptibles de venta y/o acumulación de mano de obra. Fueron siempre dejados de lado y de ahí que no fueran considerados, en este primer período de establecimiento de las colonias, para facilitar la solución de eventuales conflictos de carácter militar que pudieren responder a aquel diferente criterio de expansión colonial. Los enfrentamientos originados más adelante entre Francia e Inglaterra durante la llamada Guerra de los Siete Años, en lo que concierne en América tuvieron también como partícipes fuerzas regulares de ambas metrópolis, a los que se añaden por la parte francesa a estos contingentes, milicianos que siendo colonos se habían alistado voluntariamente para la lucha, pero en ningún texto de historia referido a este período se menciona a los esclavos como sujetos a su participación en el conflicto, sea voluntariamente o coactivamente a favor de uno u otro de los beligerantes. La razón seguiría siendo, al igual que respecto del período denominado “fundacional” de las colonias, la exclusión del esclavo por no integrar social ni jurídicamente parte alguna de los cuadros militares en pugna ni aún de las clases sociales de entonces. Por el contrario, durante la Guerra de los Siete Años y cortejados por las dos potencias europeas en conflicto para conseguir alianzas militares con ellos a cambio de la devolución de las tierras que les habían sido usurpadas, los indios americanos habrían tomado partido por Francia o Inglaterra según criterios que hacían a sus propios intereses de oportunidad mérito y conveniencia y, naturalmente, subsistencia como comunidad independiente. Es interesante, por la mención que de soslayo hace Fenimore Cooper sobre el carácter que se le atribuía a la etnia esclava, un pasaje de su libro“El último mohicano”, escrito en 1826 y referido a un episodio aparentemente cierto que transcurre en 1757, es decir en plena guerra anglofrancesa. Ante el encuentro de dos grupos de indios que respondían a los distintos grupos beligerantes, esto es franceses o ingleses, pone en boca de uno de ellos dirigiéndose a otro del grupo opuesto: “el Espíritu que hizo a los hombres les dio distintos colores. … a algunos los hizo negros y dijo Él que debían ser esclavos …a algunos los hizo con las caras pálidas…(y) a otros los hizo con la piel más brillante y roja que el sol…estos son sus preferidos….”(7). El párrafo insinúa entonces el pensamiento de este autor sobre la exclusión de la etnia esclava del conflicto. 1.- Albert Malet. “Histoire de France” T° I pág.542 ; 2.- Malet op. y pág. cit. 3.- Lincoln Collier “Louis Armstrong”, pág, 13; 4.- Curtis Jerde citado por Lincoln Collier op y pág cit. 5.- Antonio Marzo op.cit.; 6.- J. Anthony Paredes op.cit; 7.- Fenimore Cooper op.cit pág.51. VI.- LA REFORMA Y LAS GUERRAS DE RELIGION El absolutismo monárquico. Su influencia en las colonias. Repercusión sobre la población esclava. Influencia sobre la música europea, colonial y afroamericana. 1.- LA REFORMA Y LAS GUERRAS DE RELIGION Desde finales del siglo XV y, en especial con el Renacimiento, se había ido desarrollando en Alemania una corriente teológica que cuestionaba los tradicionales principios de la Iglesia Católica que marcaban su relación de supremacía respecto de las distintas coronas europeas. Esta corriente se inicia con el apartamiento de Lutero de la doctrina eclesial, comenzando por cuestionar la “venta de las indulgencias” preconizada por la Iglesia Católica, por la cual, a cambio de una cierta suma de dinero, la Iglesia otorgaba al donante la indulgencia plenaria sin que mediase arrepentimiento, utilizando ese dinero para terminar la construcción de la basílica de San Pedro y la compra de un obispado para Alberto de Brandeburgo, sacerdote católico y casi de inmediato príncipe elector de Maguncia, una acumulación de cargos que era contraria al Derecho Canónico. De inmediato el Papa intima a Lutero a retractarse, lo que este no acepta sino que avanza en su postura dando nuevos y validantes argumentos a su tesis siendo excomulgado. El rechazo a la postura papal da origen a la llamada "liga de los protestantes", llamada así por haber protestado sus seguidores en contra de la excomunión impuesta por el Papa. Convocado por Carlos V° ( y I° de España) para que reviera su apartamiento, Lutero no solo no acepta sino que reafirma su ideario diciendo que lo único válido son las Escrituras y no los dichos del Papa. Esto provoca la ruptura con el poder secular y por lo tanto le representa quedar fuera no solo de la Iglesia sino también del poder del Imperio. La doctrina de Lutero pasó a Francia a través de Calvino, aún más enérgico, produciéndose en este país uno de los principales conflictos de este período. Desde el momento en que fue imparable la extensión por Europa del protestantismo, ya aceptado originariamente por los alemanes, quedó abierta la posibilidad de una conflagración civil que alcanzará a los diversos estados que adherían al movimiento protestante o se mantenían fieles al dogma de la Iglesia. Los soberanos católicos franceses y españoles asumieron la defensa del papado y armaron ejércitos para reducir el movimiento luterano. En tanto en Alemania se producía la división entre los diversos principados, aceptando algunos de ellos el protestantismo mientras que otros se apoyaron en Carlos V° abrazando la doctrina católica. Inglaterra, en tanto, se vuelca hacia una posición media. En Inglaterra Enrique VIII decide convertirse en Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra, adoptando una posición ecléctica ya que si bien se alza contra los príncipes protestantes en cambio sustituye la autoridad del Papa imponiendo la supremacía de la corona inglesa por encima de aquel. También en Francia se da una división parecida a la alemana. A la muerte de Enrique III le correspondía la corona a Enrique de Borbón quien, siendo parte de la Casa de Borbón, era seguidor del credo calvinista. Pero, dado que en Francia el catolicismo era la religión de estado, a fin de poder coronarse abjuró para asumir la religión católica solicitando la absolución papal. Una vez coronado como Enrique IV y conciente de las consecuencias que habría de generar la prosecución de las guerras dictó, en 1598, el “Edicto de Nantes” por el cual “se garantiza a los protestantes la libertad de conciencia en todo el reino, la libertad de culto, la igualdad absoluta con los católicos y el libre acceso a todos los empleos”. La promulgación de este edicto puso fin a una serie de guerras sucesivas que convulsionaron Francia durante el siglo XVI y cuyo punto culminante había sido la Matanza de San Bartolomé de 1572 de los católicos sobre los calvinistas. Aunque el edicto implicaba tanto como permitir a los franceses calvinistas eludir la obligación de profesar la religión del soberano bajo pena de muerte o expatriación, esta medida tuvo repercusión en las monarquías que se habían enfrentado con Francia hasta la sanción del edicto, esto es Alemania e Inglaterra a favor del protestantismo y España alineada por el catolicismo junto a Francia, y se comenzó a aceptar la libertad religiosa, lo que era tanto como dejar la obligación de seguir la religión oficial. No obstante, Luis XIV de Borbón, también católico y rey desde el 14 de mayo de 1643 hasta su muerte, en 1715, revoca este edicto en 1685. Ya desde el inicio de su reinado se había hecho el propósito de imponer a los calvinistas la aplicación estricta del edicto, en desmedro de las garantías que daba a los calvinistas. Así, les prohíbe enterrar a sus muertos donde y como sus dogmas lo indicasen, contraer matrimonio y bautizar a sus hijos conforme a su doctrina, entrar como aprendices de trabajo a alguna corporación, cualquiera sea el credo del titular de esta, reunirse fuera de un horario determinado y en número mayor de 12 personas. Se dispone asimismo la demolición de los templos construidos luego del edicto y toda edificación relacionada con el culto o la enseñanza primaria. Se organiza un cuerpo de “dragoniantes” para denunciar el incumplimiento de esas normas bajo pena de muerte o sujeción a las galeras. La prohibición de salir de Francia emigrando a las colonias recibía la misma pena. El éxodo subrepticio de los calvinistas no se hace esperar y buscan asilo en Holanda e Inglaterra, reinos en los cuales el protestantismo era religión de estado. Este resumen resulta indispensable para evaluar la incidencia de estos éxodos sobre la población de las colonias, ya que estas, con la emigración de los protestantes desde Inglaterra y Holanda hacia América, algo que en Francia estaba prohibido, perderán el carácter de absolutamente inglesas u holandesas sino que tendrán también parte de su población integrada por calvinistas o anglicanos de nacionalidad francesa. 2.- EL ABSOLUTISMO MONÁRQUICO La teoría del derecho divino del poder real o del absolutismo teológico nació en Francia en el último cuarto del siglo XVI y abarcó los siglos XVII y principios del XVIII, en el ambiente de las guerras de religión como una forma de permitir el ejercicio total del poder por parte de los soberanos y contrarrestar las limitaciones que derivaban de las doctrinas protestantes. El francés Jacques Bossuet (1627-1704) fue quien diera a este sistema el fundamento que los monarcas necesitaban para ejercitar el poder con tal amplitud, afirmando que la monarquía debía ser sagrada, absoluta, paternal y sometida a la razón”. El único límite a la autoridad del rey lo halla en la ley divina. El ejercicio del poder, pues, será como “ministro de Dios y lugarteniente de Él en la Tierra”, pasando la monarquía, de esta manera, a ser “de Derecho Divino”. Este ideario otorgaba así a los gobernantes no solo la categoría de un gobernante omnímodo sino que se concebía el estado como de dominio particular del monarca lo que le permitía no solo imponer a sus súbditos su propia religión sino también la nacionalidad y, en algunos casos, también su idioma pasando a ser los propios del reino y de ello la obligación de los súbditos de abrazarlos con exclusión de cualquier otro. La teoría dio a Luis XIV el justificativo que estaba necesitando pues este principio implicaba no solo el retorno a la obligación de los habitantes de practicar la religión de su soberano introducida por las doctrinas luteranas y luego desechada por el dogma católico, sino también la de adoptar la nacionalidad y el idioma del monarca. Esta regresión en materia religiosa y la sustitución de las nacionalidades provocó nuevos enfrentamientos ya que los habitantes de aquellos lugares que, como consecuencia de las guerras, pasaban a ser dominio de otro estado debían cambiar no solo su religión sino también su nacionalidad y el idioma. La consecuencia inmediata fue la prosecución de las guerras y, como su consecuencia, la sustitución del absolutismo por el llamado “Despotismo Ilustrado”, una forma de gobierno que trató de conciliar el viejo sistema de gobierno con las nuevas ideas de la Ilustración ya que a medida que este nuevo sistema de gobierno era adoptado por los reinados de Europa se acercaba al ideario de la futura Revolución Francesa habiendo ya absorbido de Inglaterra el ideario de la llamada Gloriosa Revolución de 1688, aboliendo el absolutismo para sustituirlo por la monarquía parlamentaria. Sin embargo el intento de modernización del absolutismo se vio frustrado por las revoluciones burguesas que sobrevendrían, ávidas de reformas en lo social. 3.- INFLUENCIA DE LA REFORMA SOBRE LA POBLACIÓN COLONIAL BLANCA. Las ideas de sustitución de la religión y de la nacionalidad de los súbditos como también del idioma por las del monarca propias del absolutismo, contemporáneas con el ideario de la reforma y en alguna medida su consecuente, tuvieron diferentes repercusiones en los colonos establecidos en América. Quizá este tema tenga dos aspectos. El primero que, en virtud de esos cambios, los colonos pasaban a ser sucesivamente franceses o ingleses y católicos o protestantes según que el territorio donde estaban sus colonias cambiara de manos como consecuencia de las guerras de religión entre católicos y protestantes y, consecuentemente, entre Francia e Inglaterra. Si bien esto habría de influir en los caracteres y en la propia cultura de los colonos en cuanto a lo que receptaban de sus metrópolis, en muchos casos, amparados en las colonias inglesas tanto como en el territorio colonial francés por la concesión de ciudadanía originaria de su patria de origen, lo que les permitía a los colonos organizar sus establecimientos conforme normas y legislación que ellos mismos se dieran en las cartas, hubo muchos colonos que no aceptaron el cambio de nacionalidad y religión manteniendo aquella que mejor se acomodaba a su propio ideario americano, lo que provocó el éxodo de importantes grupos de colonos hacia y desde ambas márgenes del Río Mississippi quienes llevaron consigo sus bienes y, naturalmente, la población esclava con la consiguiente modificación del idioma originario por el del lugar de la nueva residencia. El segundo aspecto, no menos importante que el anterior, concierne al éxodo de protestantes franceses hacia las colonias inglesas, único lugar donde podrían emigrar en virtud de la prohibición de Luis XIV de hacerlo hacia las colonias francesas. Los sucesivos cambios habidos en las colonias inglesas como consecuencia del cambio de las monarquías, tendría influencia también sobre los protestantes franceses que habrían abandonado su asentamiento en las colonias inglesas para dirigirse a los territorios franceses, lo que les habría resultado difícil de lograr dado que en el territorio francés regía obviamente la prohibición del edicto de Luis XIV lo que habría provocado su reingreso a las colonias ubicadas sobre el Atlántico. 4.- REPERCUSION DE LA REFORMA SOBRE LA POBLACIÓN ESCLAVA. FORMACIÓN DEL IDIOMA AFROAMERICANO. No siendo los grupos esclavos una clase social sino grupos sujetos a la propiedad de los colonos, no estaban obligados al cambio de nacionalidad, religión o idioma, pero sí quedaban sujetos en sus asentamientos a las pautas que los colonos adoptasen en materia de religión, es decir recibir la catequización católica o los dogmas protestantes que se les impartiera y aún el idioma, lo que les llevaría a adoptar el inglés o el francés con abandono de la lengua que habían aprendido hasta ese momento. Esta compleja sustitución entre sus propios idiomas y el que resultare del practicado por los colonos como consecuencia de la vigencia europea del absolutismo, es posible, para algunos autores, que fuera el nacimiento del “creole” o “patois” como mezcla del idioma inglés o el francés con los dialectos de los esclavos afroamericanos, en especial en la región sureña de los futuros Estados Unidos sin que deba tomarse esa denominación con la similar que la lengua francesa refiere en Francia a los dialectos regionales. Esa conjunción habría dado, para quienes debían adoptar el inglés, la irregularidad de la doble negación sintáctica propia de los idiomas latinos, pero no de los sajones. Los cambios en la nacionalidad religión o lenguaje, propios del absolutismo pudieron haber cambiado con el advenimiento del despotismo ilustrado ya que, no estando ahora los colonos sujetos a aceptar las pautas religiosas o de nacionalidad de sus metrópolis, el trato hacia los esclavos, si bien no había mejorado en absoluto como consecuencia de este cambio, al menos los dejaba fuera de la influencia que los colonos sufrieran de los sucesos ocurridos en sus respectivas metrópolis. 5.- INFLUENCIA DE LA REFORMA SOBRE LA MÚSICA EUROPEA Y COLONIAL. INCIDENCIA SOBRE LA MÚSICA AFROAMERICANA. 5.a.- LA MÚSICA ECLESIAL. EL PERÍODO INICIAL. La Iglesia Católica al tiempo de Lutero venía haciendo uso para sus celebraciones del Canto Gregoriano, no otra cosa, desde su nacimiento, que la música cristiana por excelencia, una oración cantada que debía practicarse con la devoción propia de la religiosidad que representaba y solo interpretada mediante la lectura de un texto, por lo general el “Propio” de la misa, teniendo este texto prelación sobre la melodía. Este género atraviesa distintos momentos históricos que representan otros tantos grados de evolución. Un primer un período llamado hoy “de formación” de cuyo principio muy poco se sabe, debiendo haber sido no otra cosa que los cánticos o himnos de alabanza a Dios que se celebraban en las antiguas catacumbas de Roma posiblemente ya en el año 52 d. C. los cuales fueron recopilados por disposición de San Gregorio Magno (Papa 540/604) a partir de1 año 600. Este período es considerado extendido hasta el siglo VII d.C. Le sigue un período llamado de “difusión” o “esplendor” que se extiende desde entonces hasta el siglo XII, considerado como de estabilidad de las formas tradicionales, las cuales, en alguna medida, se mantienen hasta que, a partir de allí, el Canto Gregoriano entra en un período llamado de “decadencia” que se extiende largamente hasta casi el siglo XIX, período durante el cual las formas alcanzadas a lo largo del segundo período van siendo influídas por nuevas estructuras que interactúan con las vigentes y tienden a degradarlo. 5.b.- EL SEGUNDO PERÏODO.- Ese segundo período no habría sido tan estable habiendo sufrido durante su curso modificaciones importantes, aunque quizá no sustanciales como para que el Canto Gregoriano dejase de ser lo que era. Cerca del año 1000, Guido de Arezzo introduce las líneas horizontales tanto arriba como debajo de las palabras de los cantos para facilitar la ubicación de los neumas, la entonación y la duración de las voces. Primero una, luego dos y ya al tiempo de las reformas protestantes, se llega a la notación en cuatro líneas; poco más tarde aparecen algunas líneas verticales divisorias en este tetragrama, parecidas a las actuales líneas de compás, aunque con función diferente ya que se utilizaron para medir la duración de los neumas y no la estructura rítmica de los cantos la cual era inexistente Los principales caracteres de este segundo período son: - es un canto monódico, es decir puramente vocal, a capella; es, por lo tanto, una plegaria cantada; - solo se acepta el seguimiento de la melodía por el coro con solo una línea de canto que debe constituir la expresión de una religiosidad siendo paralelo por lo tanto el movimiento de las voces, entonaciones que no podían realizar “saltos”, es decir intervalos, de más de cuatro notas. - no se acepta el acompañamiento instrumental. - es un canto escrito en tetragrama (4 líneas); - su lengua es el latín, exceptuando el Kyrie Eleison, pieza del Ordinario de la Misa que está en griego; - se acepta solo la escala de do, aunque validando que las melodías pudieran iniciarse con cualquier nota de esa escala en tanto se mantuviese la secuencia de ocho notas y la ausencia de alteraciones; esta posibilidad da origen a la creación de los diversos “modos” gregorianos, admitiéndose hasta ocho, cuatro llamados “auténticos” y los restantes “plagales”; - comienza a introducirse la bemolización de la nota si, séptimo grado de la escala de do, como único accidente ocasional en la notación de las melodías, por considerarse que el si natural formaba un intervalo tan estrecho con la nota do que lo convertía en pecaminoso. 5.c.- LAS INNOVACIONES DEL TERCER PERIODO. Durante el tercer período comienzan a introducirse innovaciones que marcan un alejamiento importante de las formas propias del Canto Gregoriano, aunque sin por eso hacerle perder el contenido religioso originario. Así, se acepta el desdoblamiento de las voces que pasan a ser cuatro, aceptando para las voces altas, no solo movimientos paralelos sino también los contrarios, tanto ascendentes como descendentes mientras se mantiene en el mismo tono la voz más baja; se impone el acortamiento de los cantos propios de la misa y el acompañamiento con instrumentos como la flauta traversa o la cítara, aceptándose más tarde el órgano para acompañar y guiar las voces. Estas modificaciones, no obstante, fueron resistidas por los religiosos, sobre todo al ver que las melodías gregorianas estaban siendo tomadas por la juglaresca de trovadores y troveros para llevarlas al repertorio popular pese a los intentos de impedirlo o al menos limitarlo de San Juan XXII, papa entre 1316 y 1334, quien lanza en 1332 una Bula “contra ciertos discípulos de una nueva escuela que reemplazan los antiguos cantos por otros…cortan las melodías y las afeminan… por donde la devoción queda olvidada”, pero su actitud no pasa de allí siguiéndose adelante en desmedro de esta bula. 5.d.- EL CANTO GREGORIANO AL MOMENTO DEL CISMA RELIGIOSO Este es el panorama que presentaba el Canto Gregoriano a mediados del tercer período, momento en que se produce el cisma religioso iniciado por Lutero, quien no solo habría alcanzado al tema teológico sino que extendió su pensamiento reformista sobre las mismas formas del Canto Gregoriano que le eran contemporáneas. Lutero pensaba que estas debían ser adecuadas a su pensamiento modificándose en todos los aspectos que no representaran su pensamiento crítico sin por ello dejar de lado el verdadero sentido del canto, esto es la religiosidad de las expresiones que se habrían de dar en sus templos. Comprende que el Canto Gregoriano podría seguir degradándose, más allá de la reserva que había intentado San Juan XXII, si él no intervenía alejándolo de las nuevas tendencias que considera contrarias a la expresión de la fe cristiana y piensa que una nueva iglesia no es concebible sin una nueva liturgia, ni ésta sin una nueva música. Según su principio de no destruir, sino de “reformar cristianamente” deja intacta, en principio, la liturgia y sólo procede a la necesaria “purificación evangélica” de los cantos gregorianos que le eran contemporáneos. 5.e.- CRITERIO DE LUTERO. Advierte que así como en el lenguaje se utilizan la coma, el punto seguido y el punto aparte, que permiten a quien escucha comprender el sentido de lo que se habla, también cuando se canta en los templos, quien oficia canta realizando una serie de inflexiones melódicas que permiten a la congregación tener una idea precisa de la puntuación que el pastor desea dar a la oración para que esa congregación pueda intervenir. Esto lo lleva a que los cánticos se deban entonar por los fieles en lengua vernácula. Dado que para ello era necesario disponer de un repertorio diferente del latín gregoriano, no bastando la simple traducción al alemán sino que resultaba necesaria la adaptación de los textos a una nueva forma musical, introduce como forma nueva el “coral protestante”, una forma en la cual la comunidad de los fieles puede expresarse junto con el pastor oficiante o alternando con él en un juego de pregunta y respuesta. Así, se componen nuevos corales con esa fórmula y se toman melodías sencillas que servirán como himnos para la congregación, adaptando cantos populares de canto llano o adoptando canciones conocidas de carácter profano. Si bien es cierto que ya en la liturgia católica el pueblo había comenzado a intervenir cada vez más activamente en las celebraciones de la iglesia entonando las viejas canciones religiosas, al elevar Lutero la canción a elemento oficial de la liturgia protestante convierte la asamblea entera de fieles en partícipes activos de ella. Esta corriente culmina en la creación de su “Misa alemana” del año 1526, con el canto llano incorporado y con texto cantado con palabras alemanas. 5.f.- LAS CADENZAS Una de las dificultades que encontró Lutero para lograr un fácil desarrollo de las melodías de sus corales fue la adaptación de las cadenzas propias del Canto Gregoriano a su nueva liturgia. Lutero advierte la fragilidad de las cadenzas que se usaban para pasar de un tono a otro o simplemente para cerrar una frase o una melodía, lo que creaba desconcierto en la entonación de los Salmos y los Propios de la Misa, en especial cuando eran necesarias para señalar no solo los cantos melódicos sino también su métrica. Las melodías gregorianas solo usaban la escala de do la cual podía iniciarse por cualquiera de sus notas. De ahí que, como consecuencia de esta posibilidad, daba lugar a los que luego se denominarían “modales gregorianos” y también, aunque falsamente, “modales griegos” y, dado que no se usaban acordes, las cadenzas solo eran solo una serie de notas que se adecuaban al seguimiento de la letra que se cantaba. Encuentra que deben separarse los conceptos de modo y tono. El modo es la configuración de un tema según se ordenen las notas, el tono, en cambio, es la altura de sonido en que se canta ese tema. El análisis de los modos aceptados le muestra que son, en general, ocho, cuatro llamados “auténticos” y cuatro “plagales”, que se distinguen según la nota de la escala de do elegida para iniciar la sucesión de notas que lo configurarán. Si son las notas impares (las notas 1, 3, 5, o 7) el modo será auténtico, y si fueran las pares (las notas 2, 4, 6, u 8) el modo será el plagal. Esto lleva a Lutero al análisis del final de cada una de las melodías o de las frases de un coro para determinar la naturaleza del modo y de ahí la de la cadenza. La secuencia que permite con mayor facilidad el reconocimiento de estas estructuras es la que remite a la marcha del modo de la escala elegida para deducir de allí la fórmula cadencial. Si la entonación es ascendente la cadenza debe partir de la quinta nota de la escala, que pasa a ser llamada dominante, para resolver en la última nota ascendente, llamada tónica o también final. Pero si, por el contrario, la entonación fuere descendente también llegaría a la tónica pero ubicándola en la parte inferior de la escala como su nota inicial y partiendo para llegar a ella no ya de la dominante sino de la cuarta llamada subdominante. Siempre habrá una separación de cuatro notas para recorrer en el canto, pero en el primer caso esa distancia se cubre ascendiendo hasta llegar a la nota superior, en el segundo esas cuatro notas tienen la tendencia contraria, descendiendo hasta llegar a la nota inicial. En el primer caso la cadenza es “auténtica” y responde al modo auténtico o agudo, en el segundo será “plagal” y responde al modo plagal o grave. Lutero advierte que el uso cada vez más frecuente de la bemolización de la nota si, cuando se usaba la escala partiendo de la nota fa convertía la escala de do en escala de fa dado que el si, ahora bemolizado, se había convertido en la cuarta nota de esta forma y el mi, su séptima nota, al unirse con el fa que era la última de esa escala formaba un intervalo de medio tono similar al que se trataba de evitar bemolizando el si cuando la escala se iniciaba desde la nota do. Esto generaba una gran incertidumbre en los cantos respecto de cuál debiera ser la tonalidad que habría de darse al entonarlos y su consecuente la elección de los modos pues no se podía establecer si se estaba aún en el modo plagal de la escala de do o esa bemolización había transformado el modo de plagal de esta escala en el auténtico de la nueva escala de fa, arrastrando consigo, como su consecuencia, el transporte de la tonalidad originaria de la melodía a una nueva tonalidad con sus lógicas consecuencias modales. Lutero comprende entonces que la Iglesia, aferrada al concepto de “pecaminoso” del intervalo del si sin bemolizar al do, no tenía interés en revisar esta postura; por el contrario había avanzado hasta denominarlo “el diablo en música” denominando entonces al intervalo que iba desde el si bemolizado al do y consecuentemente a la cadenza plagal nacida de esa bemolización “cadenza del amén”. 5.g.- LOS CORALES LUTERANOS. Ante esto Lutero se preocupa por llevar claridad al servicio litúrgico de su iglesia despojándola de todas estas causales de incertidumbre ya que lo que realmente le importaba era hacer cantar a la comunidad entera de sus fieles. Así, a partir de 1524, comienzan a publicarse sus corales con armonizaciones muy sencillas que permitían que la participación de la feligresía se efectuase a varias voces aceptando, asimismo, la práctica contrapuntística y adoptando casi exclusivamente la cadenza auténtica. Es entonces a partir de ese momento cuando comienzan a encontrarse dentro del repertorio protestante un número elevado de canciones que muestran la preferencia por esta cadenza culminando en el año 1529 con la famosa canción Ein feste Burg ist unser Got, considerado como un verdadero símbolo de la canción luterana. 5.h.- LA CONTRARREFORMA La Iglesia Católica no podía ser ajena a las luchas que la Reforma suscitaba entre católicos y protestantes procurando la conversión de los pobladores a sus respectivos cultos e intentó una reacción contra el avance del protestantismo mediante una reorganización de sus estructuras eclesiales y la revisión de sus dogmas orientándolos hacia la unificación de cómo se rezaba entre las distintas iglesias. Este movimiento se llamó “Contrarreforma” y fue impulsado por el papa Pablo III convocando a un amplio concilio para revisar esas cuestiones y fijar definitivamente la doctrina y la organización eclesiástica. Este concilio se reunió en Trento en 1545 y concluyó en 1563 luego de largas y demoradas sesiones. Obviamente en el concilio no se trataron solo cuestiones teológicas sino también el exceso de popularización y distorsión que había sufrido el Canto Gregoriano causado por las reformas de Lutero. El concilio propuso las más variadas posturas, incluso la supresión de toda la música en la Misa. Entre otras reformas limitó la extensión de las letras, a cuatro el desdoblamiento de las voces y reiteró la obligación del uso del latín para los cantos eclesiales. Respecto del polémico uso de la nota si bemolizada, retoma el antiguo uso sin bemolizar por su notable atracción por la nota do que quedaba consagrada a Dios y, considerando que el nombre de esa nota era la abreviatura de las iniciales de San Juan (Sancte Iohannes) en el Himno a San Juan Bautista, origen de los nombres de las notas, podría a ser usado “dejando de ser una nota de connotación pecaminosa”. La Iglesia regresa, entonces, al uso propio de los modos auténticos. 5.i.- REPERCUSIÓN EXTRATERRITORIAL DE LAS REFORMAS MUSICALES. Es obvio que las reformas luteranas no habían quedado limitadas a su plan de reformas, sino que fueron adoptadas por la casi totalidad del movimiento protestante, en especial los seguidores de Calvino sin que las reformas del concilio las afectaran. De esta manera durante los siglos XVII y XVIII los corales luteranos se desarrollaban para ser cantados a varias voces, añadiéndoseles, como una nueva modalidad, un acompañamiento instrumental, en tanto que simultáneamente los corales gregorianos retomaron su forma monódica arcaica para editarse en colecciones a las que los autores de música litúrgica protestante recurrían buscando las melodías adecuadas para los poemas sacros que se pretendía musicalizar. 5.j.- INFLUENCIA SOBRE LA MÚSICA DE LOS INICIOS DE LA EDAD MODERNA La influencia de estas dos modalidades, la eclesial católica y la original luterana sobre la música de los inicios de la Edad Moderna fue, obviamente, importante e influyó en los grupos humanos que les eran contemporáneos, en especial como consecuencia de la obligación que tenían de aceptar la religión de sus soberanos como religión de estado. Respecto de la recepción en las colonias, dado que los colonos franceses respondían a la práctica de la religión católica, los corales y la música no pudo haber sido otra que la propia del Canto Gregoriano, tanto los cantos de la misa como los de las celebraciones del santoral católico. En tanto los colonos ingleses, de cultura protestante, en sus celebraciones religiosas habrían adoptado los cantos litúrgicos protestantes. 5.k.- INFLUENCIA SOBRE LA MÚSICA AFROAMERICANA Respecto de la población esclava, como consecuencia de su convivencia con las culturas coloniales a partir de su llegada a las colonias americanas, habría comenzado a recibir no solo la influencia que las convulsiones sociales que se sucedían en Europa producían en los colonos, sino también la incidencia de las formas musicales de esos colonos que trasuntaban como una forma expresiva de su cultura. Así, en la zona francesa, la influencia de la música propia de las celebraciones católicas es un consecuente lógico ya que era la que recibían como consecuencia de la obligación de impartir la catequización católica impuesta por Francia a los colonos. Por el contrario, en las colonias inglesas, la repercusión sobre la música de la población esclava resulta al menos posible, ya que no participando en las celebraciones religiosas de los colonos, en la configuración de sus cantos propios pudieron haber adoptado, consciente o inconscientemente, las formas del cancionero luterano. Nadie podría hoy asegurar que la reforma luterana haya tenido influencia directa sobre el nacimiento del jazz, como tampoco las modalidades del Canto Gregoriano posteriores a la Contrarreforma, pero no sería irrazonable pensar que la música que se utilizaba para acompañar los cantos litúrgicos coloniales de ambos grupos religiosos, no fuera conformando una manera de cantar y rezar que pudo ser receptado, deliberada o involuntariamente, por la etnia afroamericana tanto de las colonias francesas como de las del sector inglés. En relación a la influencia y reciprocidad de ambas culturas, para André Hodeir “el primer contacto cultural entre las dos razas (la africana y la blanca) viene de la evangelización de las masas negras por los pastores y los prelados. Cánticos (los católicos) y corales luteranos (los protestantes) en el corazón de los negros, sufrieron un largo trabajo de asimilación antes de transformarse en esos espirituales de los cuales la riqueza rítmica y expresiva es hoy unánimemente apreciada. (en francés en el original) (44) Es cierto que en el fondo de las canciones religiosas de los negros americanos se encuentra una colección de himnos que comenzó a circular en las colonias inglesas hacia 1730. Que este himnario, obra de un pastor británico, el Dr. Isaac Watts (1674-1748), se haya usado en esas colonias, es tanto como decir que, al ser ejecutados o entonados, fueran escuchados por los afroamericanos que convivían en esas comunidades con los colonos lo que induce a pensar en una posible incorporación al cancionero afroamericano de las modalidades de esos himnos. Lo mismo cabe respecto de las compilaciones que se utilizaban para las celebraciones religiosas católicas a las cuales los esclavos debían asistir como parte de la catequización que se les impartía por mandato del gobierno francés a los colonos. Una influencia especial es la que pudo haber ejercido el himnario metodista del pastor negro Richard Allen, publicado en 1801 para la comunidad religiosa negra de su templo de Bethel, Filadelfia, Pennsylvania, habiendo sido el primer himnario para uso exclusivo de una congregación negra, curiosamente con anterioridad a la Guerra de Secesión y por lo tanto de uso entre afroamericanos casi seguramente aún esclavos. Es cierto que el jazz y la música religiosa han marchado por senderos diferentes y aún sería demasiado audaz señalar conclusiones en base a las corrientes originarias del blues, pero es demasiado sugerente la posibilidad de que luego de filtrarse esas cadencias en las modalidades musicales afroamericanas, tanto los blues como aún los anteriores espirituales negros, muestren hoy el uso una u otra cadenza según la zona de influencia francesa o inglesa donde estuvieren radicados sus creadores. Albert Malet. “Histoire de France” T° I y II ; Natalio Pisano. “Hist. Moderna y Contemporánea” pág. 105 y sigtes; Néstor Ortiz Oderigo, “Historia del Jazz” pág. 35.- F° Germán Prado. “El Canto Gregoriano” Editorial Labor Barcelona. 1945 págs 18, 31, 55, 67, 91, 106, 170 y concord.; Hamel & Hürlinmann; “Enciclopedia de la música”, T°1 págs 123 y 147 /148; Diccionario Litúrgico voz “Gregoriano” pág 1252.; Peter Clayton y Peter Gammond “Jazz A-Z” Edit. Taurus. Madrid 1989.- VII.- EL ESCLAVISMO La política seguida por la Iglesia y los estados europeos obliga a la distinción entre los conceptos de “esclavo”, “trata de esclavos” y “esclavismo”. 1.- ORIGEN Y POSICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA La esclavitud había nacido con las guerras de la antigüedad y constituyó una de las bases de la organización social y económica de las sociedades primitivas. En el caso de las guerras el vencido podía evitar la pena de muerte perdiendo la libertad para consagrarse a trabajar para el vencedor. En estos casos, ya previstos en el derecho griego y el romano, el vencido recibía la calidad de esclavo y carecía de todo derecho, siendo considerado jurídicamente como “cosa” propiedad de sus patrones quienes podían venderlo sin sujeción a norma especial alguna hasta el dictado del Edicto de Caracalla, en el 212 d.C. (1) el cual al imponer a los ciudadanos romanos dueños de esclavos el pago de un impuesto por el producido de su venta estaba confirmando, obviamente, la facultad jurídica de venderlos. El cristianismo fue, en sus inicios y hasta el advenimiento de la Edad Moderna, favorable al esclavismo. Por el Concilio de Gangra (340), “en los Evangelios no hay mención alguna sobre la esclavitud, por lo tanto si alguien, usando la fe como pretexto, enseña a un esclavo ajeno a escaparse y no servir a su amo con total entrega y respeto sea anatema”. El Papa Nicolás en 1452 otorgó a los reyes de España y Portugal el derecho a reducir a moros, paganos y otros infieles a esclavitud perpetua. Pablo III en 1548 establece que “cualquier hombre libre puede libremente comprar, vender y tener esclavos.” (2) La influencia del cristianismo y la evolución del derecho fueron modificando este rigorismo vinculado con la equiparación del esclavo con las cosas vendibles hasta que ya en la Edad Moderna las corrientes filosóficas que culminan con la sanción del Código Civil Francés en 1804 dieron origen a las corrientes abolicionistas. La esclavitud fue sostenida hasta el siglo XVIII pero con la exigencia de que fuese producto de una de dos causales: a) si lo fuere como consecuencia de las pautas del Derecho Internacional de entonces, debía ser producto de una guerra justa (de jure belli). b) si no resultase que las etnias africanas poseían alma, su sujeción a esclavitud sería propia de su condición natural. 2.- EL ESCLAVISMO AL TIEMPO DE LA INSTALACIÓN DE LAS PRIMERAS COLONIAS. 2.a.- EL ESCLAVO Bajo el pretexto de expandir el cristianismo en los pueblos paganos, la religión se había convertido para España y Portugal en la principal forma de penetración en el Congo facilitando la dominación territorial mediante la adquisición de esos lugares y la toma de africanos con calidad de esclavos en los lugares donde los encontrasen. Esta conducta, en virtud de la interpretación simultánea del Derecho Canónico y del Derecho Internacional, estaba avalada por la admisión de la carencia de alma de los negros africanos, en tanto que siendo, además, “res nullius”, nada impedía el trato de esclavos que se les habría de dar y su venta luego de su apoderamiento. Habiendo sido España el primer estado en desembarcar en territorio americano fue también el primero en recurrir a los indígenas para someterlos a esclavitud y usarlos en las tareas de las factorías recurriendo al argumento validante del mandato pontificio de someterlos a catequización usado en su penetración africana. Sin embargo los Reyes Católicos desaprobaron esta conducta prohibiendo este ejercicio con los naturales americanos y por ello el principio se revirtió dando lugar a la introducción de africanos en condición de esclavos para cumplir las mismas tareas que antes se exigían a los indígenas dado que la prohibición los dejaba fuera de su alcance. Francia e Inglaterra tuvieron una distinta conducta para con sus colonias en América del Norte, iniciada casi 150 años más tarde y consideraron que podían realizar la toma de esclavos con la sola sujeción al criterio jurídico de entonces. Entendieron que estando fuera del mandato papal y siendo cosas tomadas en sus propios territorios, como que tal condición habían adquirido sus colonias africanas o americanas y teniendo estos territorios igualdad jurídica con sus metrópolis, tanto las personas como las cosas que se encontrasen en cualquiera de esos lugares podrían ser trasladados sin objeción jurídica de un lado a otro pues siempre se consideraría “dentro del mismo territorio estatal”. Esto facilitaba que los esclavos tomados en cualquiera de esos lugares pudieran ser llevados a América sin objeción jurídica invalidante. Una segunda posibilidad para la toma de esclavos era la adquisición a aquellos reinos africanos que ya los tenían con esa calidad como consecuencia de las guerras intertribales generadas por el control del comercio y la extensión de sus territorios. Así, cuando los europeos solicitaban la compra de estos a las tribus que los tenían, estas no presentaban objeción en venderlos pues era una manera de hacerse de dinero o de objetos para suplir sus necesidades y/o proseguir las guerras. 2.b.- LA TRATA DE NEGROS El mero traslado de mano de obra africana para completar las necesidades de las factorías coloniales habría resultado prontamente insuficiente y fue necesario a fin de suplir la falta de mano de obra esclava proveniente de sus propios territorios africanos el apoderamiento de habitantes de las poblaciones africanas, libres o esclavos, por alguien que teniendo o no derecho para hacerlo mediante una autorización real lo hiciera para luego venderlos como esclavos en las factorías americanas. Si bien, como resulta del parágrafo anterior, el derecho de hacerlo por una autorización real estuvo limitado para España y Portugal por una bula del Papa Alejandro VI de 1493, esta limitación no alcanzaba a los protestantes los cuales se permitieron actuar libremente viendo en ello un interesante negocio. En el transcurso de los siglos XV y XVI el tráfico o trata de negros había sido obra especialmente de navegantes particulares, comerciantes y piratas. A partir del siglo XVII y ya con Francia e Inglaterra establecidas en América, pasa a ser ejercido por grandes compañías. Ellas se encargan del comercio en el Atlántico y de la explotación en las colonias. Organizan también la instalación de factorías y la construcción de fuertes y bodegas para “almacenar” esclavos donde podrían adquirirse sin necesidad de recurrir a la toma en África. En las colonias británicas la introducción de esclavos se inicia en 1680. Sin embargo se menciona como antecedente un contingente de 20 esclavos que llevaba un buque corsario holandés. Estos fueron dejados en Jamestown (Virginia) en 1619 a cambio de alimentos para ese buque. En alguna medida esta operación no podría ser considerada como de “trata de esclavos” ya que no hubo venta sino permuta. En la Luisiana francesa, esto es en el territorio geográficamente al sur de Canadá y hasta el estuario del Rio Mississippi, la introducción se originó recién en 1712, por una concesión de Luis XIV a un francés, Antoine Crozat, de los derechos exclusivos para ejercer el comercio de lo producido en las factorías en el territorio del bajo Mississippi. Entre 1719 y 1731, arribaron 22 de los 23 barcos que llegarían trayendo esclavos para toda la región dado que era la única vía de entrada dado que, desde el Atlántico, el acceso estaba obstaculizado por la presencia de las colonias inglesas. 2.c.- EL ESCLAVISMO O ECONOMÍA DE PLANTACIÓN Este ha sido un concepto no ya esclavista sino económico producto de los incipientes principios de la política económica de la Modernidad, creando un nuevo tipo de planificación para los establecimientos agrícolas, tales como plantaciones de café, algodón, etc., denominado “economía de plantación”, el cual priorizaba el uso de mano de obra esclava. Pero, con el desenvolvimiento de la sobreviniente economía de corte liberal y el incipiente advenimiento de la Revolución Industrial, en Europa quedó demostrado que era más rentable la explotación salarial con connacionales de esos mismos estados que la explotación esclava y así el sistema de economía de plantación entró en crisis siendo abandonado. 3.- ESCLAVITUD DE CULTURAS NO AFRICANAS. 3.a.- CROMWELL Y LOS IRLANDESES CATÓLICOS. Un caso especial de esclavismo lo constituye la introducción de católicos irlandeses en las colonias anglosajonas de América del Norte. Tomando como pretexto una masacre efectuada por los católicos irlandeses contra los protestantes años antes de declarar la República (1648), Cromwell decide la invasión a Irlanda para tomar represalia. Una vez tomada Irlanda por sus tropas Cromwell dispuso que los católicos fueran despojados de sus bienes y tierras. Las mujeres y sus hijos fueron embarcados por centenares para ser llevados a América y ser vendidos allí como esclavos. Los hombres que habían quedado fueron entregados a los propietarios ingleses que llegaron a Irlanda como colonos luego de la invasión, para servir a éstos como “siervos de la gleba”. 3.b.- ESCLAVITUD DE AFRICANOS EN SUS PROPIAS COMUNIDADES AFRICANAS. BENIN Y ASHANTI. - Benin.- La hoy República de Benín había alcanzado su apogeo en los siglos XV y XVI habiendo basado su desarrollo en la venta a Francia y Holanda y aún Inglaterra, de aquellos habitantes que, según su estructura social, ya eran esclavos, los cuales eran luego llevados a territorios distantes de los que fueran sus solares nativos. El traslado a las colonias americanas se consideraba válido por las pautas del Derecho Internacional y del Absolutismo Monárquico, propias de ese momento, en cuanto a que el monarca era el dueño absoluto no solo del territorio donde estaba asentada su monarquía sino también de todos los dominios de ultramar, ya sea americanos o africanos. Así, pues, el traslado de esos esclavos hacia las colonias no sería otra cosa que traslado dentro de un mismo dominio real, permitiendo a quienes los hubieran comprado a las tribus africanas su “reventa” como un modo de recuperar lo pagado por ellos al tomarlos de sus locaciones originarias. Sin embargo, aquellas mismas normas que validaban su adquisición condicionaban su validez a que se efectuara a colonos de distinta nacionalidad que la del colono que hubiese adquirido al esclavo, ya que de lo contrario se hubiese tratado de una venta a connacionales dentro del mismo territorio, severamente castigada no solo con penas económicas sino además con un posible destierro y la pérdida de las llamadas “cartas constitucionales” a quienes se les hubiesen otorgado. Posiblemente la prohibición haya sido resultado de políticas económicas que llevaban a los monarcas a participar con un porcentaje del dinero que sus súbditos obtenían de sus ventas. - Ashanti.- Respecto de Ashanti, su estructura social habría sido casi similar a la de Benin, aunque pareciera que, en cuanto a autoridades y funciones de los sacerdotes, así como la existencia de funcionarios con facultades judiciales y religiosas específicas, hace presumir un mayor desarrollo social. En el siglo XVII ambos reinos habrían tenido control de las rutas del oro y del comercio de sus esclavos, los cuales pasaban a formar parte de una clase inferior no integrante de las propias clases sociales del reino reservándolos para la realización de tareas extrañas a las propias de las clases gobernantes. Los esclavos se obtenían como consecuencia de los enfrentamientos interétnicos tribales dado que, según sus costumbres, todo prisionero que tomaban se convertía en esclavo con obligaciones laborales para con los habitantes libres, y luego, aparte la fuente originaria en esas mismas contiendas, se pasó a su obtención mediante el intercambio por mercaderías alimentarias, armas o lujo con pueblos africanos vecinos, costumbre que se extendió sobre los mismos objetos y aún sus esclavos con aquellos extranjeros que se instalaban en las costas como parte de sus avances de expansión territorial en tierras africanas, recién descubiertas, con los franceses preferentemente provenientes de Costa de Marfil y Togo, y con los colonos ingleses aquellos provenientes de Ghana. En este sentido, Ashanti pasó a formar parte de Ghana luego de intensos enfrentamientos con los ingleses en su lucha por la independencia, hasta ser dominados por los estos en el siglo XVIII, en tanto que Benin pudo mantener su independencia. Albert Malet. “Histoire de France” ; T°. I ; Joseph Lajugie. “Les systèmes économiques” ; Eugéne Petit “Tratado elemental de Derecho Romano” T°I # 62 y sigts. Williams Alzaga. “Curso de Política Económica”, Joseph Lajugie. “Les systèmes économiques” ; Eugéne Petit “Tratado elemental de Derecho Romano” T°I # 62 y sigts; Peter Clayton & Peter Gammond “Jazz A-Z; Rex Stewart “Jazz” ; Luis María “Bicho” Casalla ; “Jazz, Orígenes y evolución” Ediciones Alfonsina 1995.- Google.com: “República de Benin” y “Reino de Ashanti”.- VIII.- EL ABOLICIONISMO Y LA MANUMISIÓN Hacia fines del siglo XVII y comienzos del XVIII comienza a desarrollarse el ideario antiesclavista en el pensamiento de los intelectuales contemporáneos a ese período. Este ideario fue receptado luego por la Revolución Francesa a través de la Convención Constituyente de 1794, abolición que, aunque restaurada por Napoleón en 1810, fue definitivamente abolida en 1848. En tanto lo mismo ocurría en los otros estados europeos. Este movimiento habría de producir un intenso movimiento estadual hacia el dictado de normas tanto abolicionistas como meramente limitativas, junto con actos individuales de manumisión. El cambio tuvo una razón especial para producirse en Europa, dado que con el acercamiento hacia la Modernidad habían surgido no solo nuevos idearios en materia de relaciones humanas sino también en el campo económico, llevando al abandono paulatino del sistema llamado de “economía de plantación”. 1.- ASPECTOS DOCTRINARIOS. El ideario antiesclavista, tuvo posturas opuestas, aunque con el advenimiento de la modernidad, hubo un cambio profundo que llevó al dictado de aquellas normas. 1) Santo Tomás 1225 – 1274. No combate la esclavitud, aunque tampoco la justifica plenamente. Dice que aunque los hombres sean iguales por naturaleza puede ser útil que haya amos que manden y siervos que obedezcan. La esclavitud sería así una institución derivada de la ley humana y no del derecho natural. 2) Hugo Grocio 1585 – 1643. Considera que si un particular puede enajenar su libertad también puede hacerlo un pueblo. De allí llega a que si mediante la guerra un estado puede hacerse dueño de otro, esto incluye el derecho sobre las cosas de ese estado. Pero aún puede afirmarse que siendo vencedor le cabe la posibilidad de matar al vencido pudiendo estos vencidos redimir su vida a cambio de su libertad, quedando así sometidos al vasallaje, es decir a la esclavitud. 3) La Reforma. Durante la Reforma no hubo manifestaciones expresas antiesclavistas, aunque puede suponerse que no las hubo si se atiende a que fue principalmente un movimiento religioso en contra de la conducta del papado aunque la invasión de Cromwell a Irlanda para imponer la esclavitud a los católicos irlandeses y su remisión, en tal carácter, a las colonias inglesas americanas fuera, en alguna medida, una toma de posición respecto del esclavismo. 4) Jean Bodin. 1530 –1596. Primera condena expresa a la esclavitud. Podría aceptarse - dice - que haya hombres que nacen para mandar y otros para ser esclavos, pero con la condición de que el espíritu superior domine al inferior, de modo que no hubiera una clase de esclavos calificada de antemano como tal. 5) Montesquieu. 1689 – 1755. Considera la esclavitud como contraria a la naturaleza y perjudicial para la sociedad pues no reporta utilidad al amo ni al esclavo y por lo tanto perjudica la existencia misma del estado de derecho y la necesaria división de los poderes. 6) Voltaire: 1694 – 1778. Dice que todos los que dicen que los hombres son iguales, expresan una gran verdad si por ello entienden que todos los hombres tienen igual derecho a la libertad, a la posesión de sus bienes y a la protección de la leyes. Ser libre es no depender sino de las leyes y no de la voluntad de otro hombre, por su naturaleza igual que actúe en desmedro de su libertad. (v. Diccionario filosófico). En “Cándido” describe episodios que vive el protagonista en los cuales sienta su ideario antiesclavista al criticar ácidamente esas situaciones. 7) Rousseau: 1712 – 1778. Critica a Grocio diciendo que no puede sacarse de la guerra un origen del derecho a la esclavitud. El derecho de matar al vencido no resulta de ninguna manera del estado de la guerra, por lo tanto no existiendo ese derecho no puede nacer la esclavitud. El derecho de esclavo es nulo no solo porque es ilegitimo sino porque es absurdo conforme a la naturaleza igualitaria de los hombres. 2.- ASPECTOS NORMATIVOS. 2.a.- NORMAS LIMITATIVAS. 1) En 1792 Inglaterra a través de su Cámara de los Comunes, aprobó una moción encaminada a procurar la abolición gradual del comercio de esclavos y en 1807 quedó prohibido el comercio de esclavos en las colonias inglesas. 2) En 1807 el Congreso de los Estados Unidos declara ilegal la importación de esclavos y, consecuentemente, la trata de esclavos africanos. 3) En 1815 por el Congreso de Viena se formulan declaraciones condenando la trata de negros. 4) En 1839 Inglaterra da otro paso hacia la abolición autorizando barcos de la armada inglesa para capturar a las naves negreras y solo en diez años, desde 1837 a 1847 fueron apresados 634 buques. 5) En 1841 se firma en Londres una convención en la que participaron Austria, Francia, Inglaterra, Prusia y Rusia estipulando el derecho recíproco de ejercer con sus naves de guerra la visita y la inspección en ciertas regiones marítimas (no solo en la ruta hacia las colonias americanas) y aplicar a los infractores las mismas sanciones que a los piratas. 6) El Congreso Africano de Berlín, reunido en 1884-85 procuró solucionar las dificultades surgidas con motivo de la colonización en el Congo, estableciendo la obligación de impedir que dicho territorio sirviera de mercado o de ruta de tránsito para el comercio de esclavos. 2.b.- NORMAS ABOLICIONISTAS.- 1) En Estados Unidos el Congreso alegó que, por no estar previsto en la Constitución, no podía dictar normas de alcance federal, de ahí que hayan sido los estados los que lo fueron haciendo de manera independiente. Así, el primer estado en abolir la esclavitud fue Vermont en 1777, al que le siguieron la mayoría de los estados. 2) Por Acta de 1823, Inglaterra liberó a 800.000 esclavos. 3) Durante su presidencia, Lincoln tiene el reconocimiento de haber liberado a los esclavos mediante la Proclamación de Emancipación, aunque ésta sólo los liberara en áreas de la Confederación no controladas por la Unión. Sin embargo, la proclamación hizo que abolir la esclavitud en los estados rebeldes fuera un objetivo oficial de la guerra. En Estados Unidos, el sentimiento antiesclavista había ido tomando forma incorporándose a la campaña electoral de Lincoln, proceso que culmina con su elección como presidente de los Estados Unidos en 1860. Los estados sureños, esclavistas, ven peligrar con el resultado de esta elección sus intereses económicos y desconocieron la validez de esta elección separándose y creando la Confederación. La respuesta de Lincoln no se hace esperar y declaró primero la guerra a los estados sureños, alegando que siendo los Estados Unidos un estado federal el derecho de secesión no podía ser invocado por los estados del sur. Sobreviene la Guerra de Secesión, iniciada en 1861 y como reafirmación del ideario de Lincoln el Congreso Federal prohibió en 1862 la esclavitud, y el 1º de enero de 1863 declaró libres a todos los esclavos con excepción de algunos sectores de Luisiana y Virginia. Esto dio ímpetu a la adopción de las XIII y XIV enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos, las cuales abolieron la esclavitud y establecieron la imposición federal de derechos civiles. 4) Luego de diversas vicisitudes la guerra concluye con el triunfo de los norteños en 1865 y en 1867 se vota una enmienda a la constitución por la cual queda abolida la esclavitud: “El africano en América es libre”. (EE.UU.: Corte suprema) Un cambio notable atento a que en marzo de 1857, la Corte Suprema de Estados Unidos había dictaminado que las personas de ascendencia africana no eran, y podrían ser, ciudadanos de los Estados Unidos de América. 5) Portugal – Brasil inicia la emancipación en 1856. 2.c.- CONDUCTAS INDIVIDUALES DE MANUMISIÓN. 1) La población de Luisiana estaba integrada por algunos funcionarios franceses y sus familias, soldados, mineros, indios, esclavos africanos y también aventureros. La población femenina, no habiéndola casi entre los colonos que habían llegado con sus familias, había sido integrada en su mayoría por mujeres francesas especialmente llevadas desde las cárceles francesas a cambio de su libertad. Eran tan pocas las mujeres blancas que los colonos se vieron obligados a unirse con las esclavas. Estas esclavas, o los hijos de estas uniones eran, por lo general, manumitidos por los colonos quienes, al morir, les legaban sus fortunas, o aún antes, los enviaban a Francia para recibir educación. Así se fue formando una clase especial integrada por un gran número de personas de raza negra, libres y adineradas, que alcanzaron un nivel económico y cultural tan elevado como los propios franceses y que les permitió poseer plantaciones y aún esclavos. Estos grupos fueron los llamados “criollos de color”. 2) En cuanto a los colonos británicos en especial los habitantes de las colonias norteñas, en muchos casos antiesclavistas por razón de su religión, presbiteriana o anglicana, o de su ideario político luego de la declaración de la independencia, (al contrario de lo que ocurría en el sur, católico por influencia de la presencia española y en algunos casos aún la francesa) acostumbraron a manumitir a sus esclavos, sea dándoles dinero para comprar su libertad, con lo cual, una vez libres, llegaron a formar una clase social importante que tenía, a su turno, propiedades con mano de obra esclava originando la diferencia entre criollos americanos y de color. 2.d.- LA SOCIEDAD AMERICANA DE COLONIZACIÓN.- Un caso muy curioso de liberación de esclavos se produjo en 1822 cuando se crea en Estados Unidos la “Sociedad Americana de Colonización” sustentando el ideario de restituir a su patria a aquellos esclavos que habían sido llevados a América en contra de su voluntad. Una segunda intención, quizá no francamente manifestada, habría sido desembarazarse de los negros libertos ya dueños de una floreciente situación económica aunque aún sin trabajo en tierras estadounidenses. Así, pues, se crea en África la primera colonia americana en tierra que formaba parte de la colonia británica de Sierra Leona. En ese año dicha sociedad compró parte de esos territorios a los ingleses e instaló allí su colonia con Monrovia como centro de la colonia, nombre dado en honor al presidente Monroe. No obstante, los británicos se opusieron prontamente a la presencia americana en África y trataron de recuperar el territorio, a lo que los americanos responden en 1847 declarando la independencia de la colonia y creando la República de Liberia. 2.e.- LA GUERRA DE SECESIÓN.- No obstante la abolición de la esclavitud, luego de la Guerra de Secesión la situación del negro en esos años debe haber sido mucho más penosa que la que sufrieran bajo la esclavitud ya que, si bien finalizada la guerra las tropas norteñas permanecieron en el sur como ejército de ocupación, permanencia que brindó protección a los sureños para ir a la escuela, intentar votar o aspirar a cargos públicos, por motivos muy complejos la política federal cambió y en 1877 fueron retiradas las tropas del norte, los blancos sureños volvieron a estar al mando y de inmediato volvieron a someter a los negros a peores tratos que los anteriores a la guerra. 3.- SEGREGACIÓN. Los sureños no perdonaron la decisión abolicionista de su gobierno y así, apenas terminada la Guerra, se funda el Ku Klux Klan (1865) por un grupo de ex oficiales del ejército confederado para mantener vigente el ideario antiabolicionista. El Ku Klux Klan realizó una campaña sistemática en contra de los negros que incluía las torturas, el asesinato y la destrucción de iglesias, escuelas o viviendas de la gente de color. Esta campaña se vio exacerbada a partir de 1915 cuando el predicador William Joseph Simmons amplió los objetivos originales de esta secta considerando enemigos de la sociedad americana no solo a los negros sino también a los judíos, los no católicos (los norteños eran protestantes) y los comunistas (la revolución rusa se produce en 1917). (Clarín “Esto pasó…” en nota del 8 de agosto de 1999, pág. 91) Horacio Vedia Alsina: “Derecho Político” Editorial Perrot Buenos Aires, 1954; Jackes Maritain “Los derechos del hombre y la ley natural” Biblioteca Nueva Buenos Aires 1956; Jeremías Bentham “Tratado de los sofismas políticos” Editorial Rosario, Rosario 1944; Ugo Grocio, citado por J.J. Rousseau en “El contrato Social”; Juan Jacobo Rousseau “El contrato Social” Editorial Perrot Buenos Aires 1956; Diario Clarín “Esto pasó…” en nota del 8 de agosto de 1999, pág. 91. Lincoln Collier “Louis Armstrong” PÁGS 20 Y 21.- IX.- POSIBLE INFLUENCIA DE LA MÚSICA POPULAR EUROPEA EN LAS COLONIAS A TRAVÉS DE LA DANZA Y SU EVENTUAL REPERCUSIÓN SOBRE LA ETNIA AFROAMERICANA Desde la llegada de los primeros africanos a América del Norte hasta la fecha considerada como de nacimiento del jazz, la música blanca escuchada y ejecutada en Europa durante ese largo período habría tenido, sobre la que se escuchaba y practicaba en las colonias tanto francesas como inglesas, una marcada influencia por su proyección sobre las colonias americanas. A su turno, esta música colonial se habría proyectado, conjuntamente con la música americana propia de los llamados “nativos americanos” tales como los cheroquees en el sur, los mewuks en California o los sioux y los apaches hacia el centro, sobre la propia de la etnia africana contemporánea a su vida en esas colonias. De ahí que, hacia finales del siglo XIX, el jazz pueda haber nacido influido no solo por la recepción, a lo largo de los casi trescientos años de convivencia, de las cadencias musicales francesas o inglesas con el aditamento de los caracteres rítmicos afroamericanos, sino también con los propios de la música indoamericana. (1) Dado que la historia de la música (2) explica que el canto ha ido siempre acompañado por la danza, resulta de interés considerar conjuntamente la evolución de los cantos y las danzas propias de las culturas afroamericanas en las colonias y, naturalmente, la música en la que se apoyaban, dado que conocer cómo se cantaba y bailaba en América pudo haber sido una forma de penetración de las danzas blancas en las danzas que, en sus momentos libres, esos grupos practicaban junto a sus cantos. A fines de la Edad Media, cerca de fines del siglo XV, esto es antes de la llegada a América del Norte de los primeros esclavos, se comienza a hacer en Europa una división entre baile de sociedad y baile popular. Esas dos categorías son llamadas “alta danza” y “baja danza” más como manifestación de la división de la sociedad en clases nacidas de los cambios económicos causados por el surgimiento de ideas más liberales que de la subsistencia de las antiguas formas propias de los estamentos (3). Como ejemplo de las primeras se encuentran las danzas “de hilera”, no otra cosa que una simple melodía que era “caminada” rítmicamente por hombres y mujeres formando parejas que avanzaban tomados de la mano formando una línea que partía desde un extremo del salón y al llegar al otro extremo giraban sobre sí para retroceder hacia el lugar de donde habían partido. En tanto las de baja danza eran danzas “saltadas”, esto es más rítmicas. Avanzada la Edad Moderna, la “alta danza” aún mantiene las formas originales de las danzas de salón, tales como la allemanda, la courante, la zarabanda y la jiga, pero comienzan a ejecutarse y bailarse de manera más lenta, en tanto que, separadas de la danza, pasan a formar parte del repertorio de los grupos instrumentales, ejecutándose en circunstancias diferentes de las recepciones destinadas al baile, simplemente para su audición en esos mismos salones. Esta modalidad de ejecución continuada da origen a una modalidad de composición llamada “suite” e implica tanto como la introducción de la música clásica en los salones con independencia del criterio bailable. Mientras, como “baja danza”, esas mismas danzas pasan a formar parte del patrimonio popular y comienza a perderse la forma lineal para dar lugar a movimientos grupales de tipo coreográfico, acelerando el pulso y diversificando la instrumentación. No obstante, aún no ha llegado la época del baile en parejas separadas del grupo sino que se mantiene la tradición del baile en formación “colectiva” (4). En un segundo momento en las danzas altas se comienza a copiar de los grupos instrumentales la manera de ejecutarlas sin espacio entre ellas, y de la baja danza se toman algunas formas coreográficas que permiten observar una manera muy grácil de baile saltado solo en el uso de las puntas de los pies, observándose también algunos movimientos por parejas. En tanto la baja danza se aleja del baile saltado para volverse más meneada y más lenta iniciándose las danzas por parejas (5). Al mismo tiempo que van siendo lentamente modificadas, se encuentra su recepción en las colonias, conectándose temporalmente esta recepción con la llegada de los primeros esclavos que arrastraban consigo su raigambre sociocultural africana. Así, en las colonias se va produciendo primero la recepción de aquella música, como género instrumental tanto como género destinado a reuniones destinadas a la danza y, más tarde, la progresiva aunque profunda reforma de sus caracteres llevando a la pérdida de la división entre alta danza y baja danza, quizá cuando Europa comienza observar esa división como reflejo de una segregación social más que de la naturaleza misma en las danzas, manteniéndose solo las modalidades de la baja danza que ya en las colonias trascienden hacia las comunidades africanas con las que los colonos blancos conviven. Es en este período cuando quizá comience a producirse el trasvasamiento de la cultura musical europea hacia el esclavo como consecuencia de su contacto con los colonos blancos, aunque el negro, si bien copiaba o asimilaba sin proponérselo, muy posiblemente la habrá ido impregnando con sus propios valores rítmicos, todavía latentes en sus propias comunidades. (6) Se lee en algunos textos que cuando las comunidades afroamericanas hacían un alto en sus tareas se reunían en algún sitio alejado de su lugar de trabajo para cantar y eventualmente bailar. Empero, es importante observar que, a pesar de las divergencias en ritmo, armonía y estilo interpretativo, la tradición musical europea que los esclavos conocieron en América ofrecía puntos de contacto con su propia tradición: así, la escala diatónica europea habría devenido con el tiempo en común a ambas culturas. (7) Es posible que los habitantes de la Luisiana, no solo franceses sino también españoles, irlandeses ex-esclavos emigrados de las colonias inglesas, y hasta quizá también franceses no católicos fugitivos de la Francia en guerra con los protestantes, habiendo sido más permisivos con los esclavos que los colonos ingleses, hayan facilitado que las tradiciones culturales y las creencias religiosas africanas se hubiesen conservado con mayor integridad que en las colonias inglesas (8 y 9). Es posible también que las colonias inglesas ubicadas al sur de Virginia, pobladas por anglicanos, hayan sido permisivos facilitando ese trasvasamiento. Por el contrario, pareciera que las colonias al norte de Virginia, de cultura puritana muy enfervorizada, no habrían facilitado, al menos al principio de esta colonización, la filtración de sus caracteres culturales hacia los esclavos de quienes se servían. (10) (11). El inicio del siglo XIX encuentra dos modificaciones importantes en la geografía del Río Mississippi. La primera como resultado directo de la emancipación de las colonias inglesas que dieran nacimiento a los Estados Unidos. Inglaterra, desde el Tratado de París de 1763 detentaba la titularidad de la zona comprendida entre el límite occidental de sus colonias y el margen oriental del Río Mississippi. Este territorio, como consecuencia del reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos efectuada por Inglaterra en 1783 pasó a manos norteamericanas. La segunda viene de la venta de toda la Luisiana hecha por Francia a Estados Unidos en 1803, lo que permite a Estados Unidos avanzar sobre todo este territorio desplazando así definitivamente a Francia de sus posiciones americanas (13). Consecuentemente, el ingreso de la cultura musical de origen inglés a través del avance estadounidense sobre lo que fueran las zonas francesas, introdujo nuevas formas de danzas blancas que influyen sobre las modalidades francesas de su propia música popular bailable (14) y, si bien es cierto que la música “clásica” francesa mantuvo sus privilegios, no es menos cierto que la música popular también se mantenía en las calles con forma de “canciones folklóricas, polcas, mazurcas, cuadrillas, marchas y los trozos fúnebres que tocaban las sociedades locales” (16). Curiosamente, pues, mientras en los círculos sociales blancos se bailaban aquellas danzas que eran interpretadas simultáneamente tanto por grupos de músicos blancos como negros, en los lugares donde se reunían los grupos afroamericanos para bailar esas mismas danzas se lo hacía con el exclusivo y único acompañamiento de grupos integrados por músicos negros (17). Se produce, así, una curiosa gama de recíprocas influencias que habrá de influir sobre la formación del sentimiento musical imperante desde ese momento y lugar hacia el final del siglo XIX (15). Es el tiempo casi inmediatamente anterior al nacimiento del jazz ya que concurren los mismos caracteres que lo caracterizarán con el advenimiento del siglo siguiente. Si bien principalmente esa música era ejecutada por músicos negros, es obvio también que no puede descartarse que la presencia blanca haya contagiado todas las manifestaciones musicales de los negros de ese momento. En alguna medida, pues, se puede suponer que, en este período, la música propia de la zona de influencia francesa fue la predominante para dar origen a la nueva música en mérito a las siguientes razones: 1.- La marcada influencia sociocultural francesa sobre la población del delta del Río Mississippi, marcada por el ideario de los librepensadores liberales franceses de mediados de siglo; 2.- El desinterés por la música y tradición afroamericana en las colonias inglesas que dieron origen a la Unión, producto no solo del tratamiento desigualitario, antes bien que peyorativo, que habían mantenido hacia las comunidades afroamericanas, propio de su sentimiento esclavista, sino también por el sistema económico puesto en marcha para la explotación de las factorías establecidas en esas colonias; 3.- El rigorismo religioso de las costumbres en las colonias puritanas que habrían adoptado por sus propias convicciones la exclusión de bailes y reuniones comunitarias. 1 Robert Gofin “Historia del jazz” pág. 19 editorial Argonauta Buenos aires. 1948; 2.- Hamel & Hürlinmann; “Enciclopedia de la música”, T°2 pág 690; 3.- Robert Gofin op.cit. pág 19 y 20; 4.- Hamel & Hürlinmann op. y pág cit; 5.- Hamel & Hürlinmann op. cit. T°3 pág. 706; 6.- Paul Netti “Música en la danza” pág. 41 y sigtes. Espasa Calpe Argentina.1945; 7.- Hughes Panassie, “Historia del verdadero Jazz”pág 14, Editorial Seix Barral, Barcelona,1961; 8.- Malet “Histoire de France”. T° 1 pág. 496; 9.- Néstor Ortiz Oderigo, “Panorama de la música afroamericana” pág. 47; Editorial Claridad. 1949; 10.- Robert Goffin op. cit. 20; 11.- Carter Wooodson citado por Néstor Ortiz Oderigo en “Historia del jazz”, pág.23; 12.- Google; “La bamboula”; 13.- Malet “Histoire de France” T°1 pág 524; 14.- Robert Goffin op.cit pág 21 y 22 ; 15.- Néstor Ortiz Oderigo, op cit pág 46; 16 Robert Goffin op. cit. Pág 32; 17.- Lincoln Collier, “Louis Armstrong” y Horacio Vedia Alsina. op y págs cit. X.- HACIA LA CONFORMACIÓN DE LA MÚSICA AFROAMERICANA Los estilos afroamericanos. Hacia el jazz 1.- LA MÚSICA AFROAMERICANA La mayoría de los libros que analizan la historia del jazz sugieren que tanto el espíritu del jazz como la tradición de los blues y de los ritmos jazzísticos, fueron un legado que los esclavos africanos que llegaran a América trajeron con ellos de África a comienzos del siglo XVII (1). Panassié, al igual que muchos autores de su generación, solo reconoce valor de jazz a la música negra. “El jazz, dice, es la música de los negros de los Estados Unidos de América, y puesto que han sido los negros quienes han creado esta música, la han estructurado y le han dado sus leyes, ningún blanco puede permitirse la libertad de llamar ‘jazz’ a una música que no obedezca a aquellas leyes” (2) expresando más adelante que “entre los primeros esclavos negros llegados a América sus cantos y sus ritmos debían ser muy parecidos a la música vocal y al tam-tam africano” y concluye “a medida que iban sucediéndose las generaciones y que otras influencias nacían el recuerdo de la música anciana fue diluyéndose”. (3 y 4). Es decir que, a pesar de inducir a pensar con su primera aserción que se trata de la misma música, acepta que con el tiempo hubo diferencias al expresar que esa música sería muy parecida a la original y que el recuerdo de lo originario fue diluyéndose con el paso de las generaciones y de otras influencias. Hoy parecería razonable poner en duda la afirmación de Panassié en cuanto a que el jazz es solo música negra-africana, especialmente si se tiene en cuenta que el estadio evolutivo de la etnia africana, en sus comunidades de origen, no era el mismo que tenían los habitantes blancos de las primeras colonias, aunque con la continuidad de la cercanía de estos a sus propios grupos fuera tomando muchas de las pautas de conducta y forma de vida de aquellos (5). En el mismo sentido, no parece adecuado equiparar “música negra” con la influencia que pudo haber tenido sobre la música afroamericana el folklore local. (Robert Goffin op. cit. pág. 24) En realidad, como señala Rex Harris (6), a la época de la llegada de aquellos primeros esclavos, quienes los traían no habrían tenido modo de documentar qué era lo que cantaban o cómo lo hacían y, aunque lo hubiesen tenido, no hubieran sabido cómo hacerlo o, aún sabiendo, no les hubiese interesado, y se pregunta por qué el jazz no pudo nacer en otro momento y en otro lugar que en Nueva Orleáns. Interpreta que, entre otras razones, la abolición de la esclavitud luego de la Guerra de Secesión fue lo que permitió que aquellos que fueran esclavos pudieran comenzar a desarrollar las capacidades inherentes a su propia cultura, largamente reprimida por su condición esclava, entre ellas la aptitud musical. Continúa expresando que el tiempo que tardó ese contingente humano y su descendencia en lograr su “emancipación” cultural no tuvo la inmediatez propia de otro tipo de estallidos sociales, sino que abarcó el período propio de una generación a partir de la abolición de la esclavitud apenas después de finalizada la Guerra de Secesión, en toda la zona ubicada entre la línea Mason – Dixie y el Golfo de Méjico hasta alcanzar el 1900, lo que lleva a la conjunción del lugar y el momento en el que considera como propios del nacimiento del jazz. (7). Es obvio que la etnia africana pudo haber traído consigo en su éxodo lo que era su propia cultura en sus comunidades originarias pero, una vez en el nuevo ámbito, no le habría sido posible evitar la conexidad con el medio y la filtración de los elementos sociales y culturales propios de los lugares en los cuales se encontraba. No se trata de afirmar que haya habido un abandono de lo originario sino de aceptar que un grupo étnico en contacto con otro perteneciente a una civilización diferente adopta, aun sin proponérselo, las modalidades sociales y culturales de ese ambiente y, si ese ambiente se va modificando con el correr de los años, también es lógico que esos grupos, que pudieron haber sido pueblos primitivos antes de entrar en contacto con los pueblos más evolucionados, fueran cambiando por la incorporación de las modalidades sociales y culturales de los grupos con los cuales convivían. Si esos grupos más evolucionados, a su turno, también cambiaban como consecuencia de recibir el embate de las transformaciones que se sucedían en el mundo que les era contemporáneo, es también natural que esos cambios influyeran en las etnias que vivian con ellos y que trasladaran esos cambios sobre sí mismas como nuevas habitudes de comportamiento, sin que ello significase que esa incorporación las colocase en el mismo grado evolutivo de las otras. Sin embargo, no debería parecer extraño que esos mismos colonos blancos hubieran incorporado, aún sin proponérselo, algunos de los caracteres culturales propios de esos pueblos afroamericanos ya que esa misma convivencia, sobre todo en lo que eran los ambientes más populares, hacía que no dudaran en hacerlo, la más de las veces por burla, dando nacimiento a las disparatadas imitaciones denominadas“Jim Crow” (8). Todo esto hay que resaltarlo para contrapesar la afirmación, predominante en muchos de los primeros escritos sobre jazz, de que el jazz fue un descendiente directo de la música africana. Más exacto es decir que la población de ex-esclavos afronorteamericanos en cuyo seno surgió el jazz sembró la semilla de sus propias tradiciones en el suelo de una cultura americana firmemente establecida y ambas cosas se combinaron para dar como resultado el jazz. (9). Esta recíproca incorporación de modalidades foráneas habría sido el principio de lo que más tarde la mirada retrospectiva de ese período haya sido denominada por algunos autores como “simbiosis” entre las culturas blancas y las afroamericanas, aunque sea necesario resaltar que esta simbiosis habría afectado en lo musical como consecuencia de ser la música parte del bagaje sociocultural de un grupo humano. De ahí, entonces, la importancia de evaluar esta convivencia para avanzar hacia una posible influencia interactuada, como asimismo repensar si era realmente música lo trajeran los africanos que vinieran a América al inicio de la colonización europea. (No carece de interés el punto de vista de Robert Goffin -op.cit.pág.24- quien señala que el jazz nacerá entre dos polos musicales, el ritmo africano y el aporte folklórico, “luego de muchas generaciones de roces, de desgastes, de compenetraciones y de ósmosis” con todo lo que de diferente encierra el concepto de ósmosis frente al de simbiosis, es decir en alguna medida, la falta de simultaneidad entre los factores determinantes). Los primeros estudios científicos destinados al estudio de la “música extraeuropea”, de la cual podría conocerse aquella influencia, se inician a partir del 1900 favorecidos por la difusión del fonógrafo que permitió registrar objetivamente aquella música y comenzar a extraer conclusiones (10); quizá la más importante haya sido la posibilidad de determinar que los pueblos primitivos no representaban el grado más primitivo de una evolución sino culturas independientes y completas procedentes del intercambio entre el individuo y el mundo que le era circundante. Así, la música de esos grupos constituyó una fase separada e independiente de la música europea. Esa música tenía sus propias leyes, pero también fueron determinantes en su formación y ulterior manifestación los vínculos que esos grupos tenían con su propia historia y la del mundo en el cual se desenvolvían (11). El elemento inicial de la marcha de aquellos grupos hacia la música debe haber sido el lenguaje sin que pueda considerarse esa música como arte sino como representativa de costumbres tradicionales a las que se les atribuye efectos mágicos, siendo la funcionalidad su carácter esencial; de ahí que no pudiera ser utilizada fuera de los acontecimientos a los cuales estaba destinada (12). Sin embargo, cuando se acepta por esos grupos que esos pequeños motivos gritados fuesen utilizados para obtener otros fines y comienzan a repetirse en cualquier ocasión dejando de lado el destino originario que tuvieran dándoles una fijación tonal, es entonces cuando se hallan los primeros elementos de lo que luego será la música. Ese cambio en la intención de utilizarlos es lo que en la moderna musicología se ha llamado “voluntad plasmadora”. Hay música cuando hay “voluntad plasmadora”, es decir “la intención de hacer música”. Pero cuando solo se emiten sonidos, gritos, emociones o expresiones de júbilo o de pesar y estas están reservadas a determinados acontecimientos sociales, es decir que representan una función estrictamente utilitaria, entonces esa voluntad plasmadora no existe (13). El cambio en la adopción de un nuevo género de cantos se advierte por el avance de la comunidad primitiva al estadio de una sociedad sociológicamente más evolucionada. Este cambio se produce cuando la comunidad originaria acepta un ensanchamiento del concepto del mundo, hoy denominado en Filosofía como Weltanschauung (la cosmovisión) y esa, su propia cultura primaria, entra en decadencia para ser reemplazada por una superior que le es paralela; la etnia primitiva comprende que sus ritos han perdido su poder mágico para ser, por lo tanto, prontamente abandonados por otros propios de los patrones culturales de la nueva etapa social a la que ellos acceden. La moderna Sociología se ha detenido en evaluar cómo funcionan los paradigmas en cuanto a su relación con la formación de las culturas sociales posteriores a las culturas primitivas determinando que lo mismo sucede en lo que concierne a las mutaciones sociológicas de las comunidades africanas llegadas a América del norte. En estos grupos el paradigma sociocultural originario era rápidamente abandonado aceptando en desmedro del anterior otro propio de la sociedad blanca con la que convivía. Pero, curiosamente, la misma mutación también se observa en los grupos de colonos cambiando en la medida que la sociedad europea, que era su referente, cambiaba como consecuencia de la sucesión de episodios constitutivos de la problemática continental, como fueran en un principio las Guerras de Religión y el Absolutismo Monárquico, su consecuente, los cuales condujeran a la obligación de los habitantes de cada estado absolutista a adoptar la religión, el idioma y la nacionalidad de su soberano modificando las pautas propias del comportamiento de esos colonos, una mutación que, luego de aceptada, se proyectaba sobre aquellos grupos de color con los cuales los colonos convivían, una etnia afroamericana que así avanzaba alejándose de lo que habían sido sus formas socioculturales originarias aproximándose a los patrones culturales blancos. A medida que Europa cambiaba, la etnia afroamericana asimilaba los nuevos patrones de conducta sociocultural europeos que decantaban en las colonias. Esta incidencia, sin embargo, habría repercutido de distinta manera sobre los esclavos según su arraigo fuera entre colonos franceses o ingleses. Respecto de los colonos franceses, si aceptaban los cambios ocurridos en Francia como consecuencia de aquellos acontecimientos, los esclavos habrían de recibir la catequesis católica, esto es habrían de receptar la influencia de los cantos propios de la Misa o celebraciones del santoral, con sus características corales y formales del sacerdote entonando las partes reponsoriales fijas, como el Kyrie, o el Sanctus y especialmente el Agnus Dei en el cual su estructura modal ABA permite que la melodía se establezca para el primer verso, sobre el segundo una variación completa y, sobre el tercero, la repetición de la fórmula primera, para concluir con una coda, forma que se asemeja a la más arcaica forma de los blues, más tarde sustituída por la actual AAB (14). Por el contrario, en el caso de las colonias inglesas, siendo los colonos de cultura protestante, los esclavos habrían convivido entonando himnos basados en párrafos del Evangelio escritos en Inglaterra por los pastores británicos los cuales aunque también presentan un tipo responsorio carecen de estructuras diagramadas previas. En ambos casos, si los colonos hubieran querido mantener su religión anterior y la nacionalidad originaria, debieron haber dejado sus locaciones para radicarse en territorios que, por el cambio, hubiesen adoptado la pertenencia a su estado anterior. Esto habría producido la migración blanca desde y hacia los márgenes del Río Mississippi y, naturalmente, los primeros intercambios de cultura entre las comunidades de colonos que migraban, a los que cabría incorporar la incidencia proveniente de aquellos franceses protestantes que, a consecuencia de las persecuciones de que fueran objeto por Luis XIV, habrían debido huir de Francia para refugiarse en Inglaterra y recién entonces y desde allí llegar a las colonias inglesas en América. (15) Un nuevo avance sociocultural tiene lugar luego de la independencia de las colonias inglesas como consecuencia del reconocimiento que Inglaterra efectúa de esa independencia y la cesión obligada del territorio que hasta entonces tuviera entre las colonias y el Río Mississippi, lo que lleva a ese territorio a recibir habitantes de distinta cultura que la que fuera la originaria francesa y a una forzada convivencia con ellos. Más tarde, Estados Unidos accede a Nueva Orleáns como consecuencia de la compra, en 1803, de toda la Luisiana, esto es todo lo que había sido de Francia, sobre la margen occidental del Río Mississippi. Es entonces cuando comienza el proceso llamado de “americanización” de ese territorio (16). Prósperos hombres de negocios llegaron a la ciudad para invertir en ella. Cazadores de pieles, leñadores y barqueros llegaban e iban siendo absorbidos por la antigua cultura, aprendiendo a hablar francés y adoptando las costumbres liberales de Nueva Orleáns en materia de religión, las cuales les resultaban más atractivas que el calvinismo residual que habían dejado atrás. (17) Pero mientras esto ocurría respecto de los colonos, desde generaciones atrás los descendientes de aquellos primeros esclavos fueron americanos, vivieron entre blancos, con una paulatina asimilación de la cultura de éstos, olvidando o renunciando al idioma, a la religión, y a las costumbres y tradiciones de la patria africana de sus ancestros. Aquella música que les fuera la originaria, descontextualizada y despojada de su valor místico o ritual de origen habría de ir formando, con el paso de las generaciones, una especie de memoria esclava subconsciente (18) en donde permanecían hasta que por un acto volitivo de llamado inconsciente a esa memoria volvía lo que había quedado de aquellos valores rítmicos, también descontextualizados por el paso de una a otra generación de afroamericanos (19). Debía resultar, pues, totalmente blanca en cuanto a melodía y armonía, y afroamericana en lo que concierne a sus valores rítmicos. De ahí que sus canciones populares, profanas o religiosas, las songs de las plantaciones y luego los espirituales, si bien terminaban siendo copia fiel de la música blanca, tanto de la anglosajona como la de la vieja Luisiana francesa (20) no lo eran en cambio en su contenido rítmico, en alguna medida magro en la música europea contemporánea, preocupada solo para la parte melódica de su música (21). En tanto los colonos, además de tener su propia cultura musical muy arraigada en el pueblo, escuchaban y procesaban en su memoria los cantos de los trovadores que recorrían las distintas regiones de las colonias a las que pertenecían, llevando no solo las noticias de los episodios que iban sucediendo en los lugares desde donde ellos llegaban sino también las noticias que recibían desde Europa sobre los cambios que dejaban las guerras nacidas de las diferencias entre católicos y protestantes y la implantación del ideario absolutista. Estos cambios, que habrían traído sobre la población de las colonias la consiguiente preocupación, generando una incertidumbre de conducta sobre las actitudes a asumir respecto de los cambios habidos en sus metrópolis, fue modificando asimismo las pautas propias de su comportamiento, influyendo también sin proponérselo sobre la música que se ejecutaba, se bailaba o se escuchaba en las calles y aún respecto del comportamiento propio respecto de las poblaciones esclavas y de estas consigo mismas, recipiendarias de las reformas. No obstante, aquellos negros habrían podido conservar sus cantos pero hasta un cierto grado ya que, muy pronto, se vieron presionados por la música europea que existía en las colonias. De ahí también que si bien aquellos ancestros no habrían podido percibir la que se vivía en las colonias como para asimilarla a sus propias costumbres, en cambio sí la habrían percibido sus descendientes dando inicio a lo que será la música afroamericana la cual, como consecuencia de la convivencia, seguramente habrá podido comenzar la incorporación, a su propia formación cultural, de los rasgos propios de la música europea. De ahí que no sea del caso afirmar que la “música” de los primeros esclavos, llegados a comienzos del siglo XVII con un estado sociocultural diferente al europeo, haya sido un elemento importante en la formación del jazz, pero siendo carentes de voluntad plasmadora parece aventurado afirmar que hayan sido poseedores de una capacidad musical independiente. De ahí también que, atento la posibilidad de que haya habido influencia cierta de la cultura europea en lo que concierne a la configuración modal de los cantos afroamericanos que comenzaban a nacer en las comunidades de color, quepa la incertidumbre acerca de las escalas que pudieron haber utilizado para satisfacer la necesidad de crear nuevos cantos, tales como canciones de trabajo, espirituales, lamentos callejeros o campesinos y aún urbanos. En segundo lugar, no parece lógico pensar que los pueblos africanos llegados a América a partir de ese momento, por haber tenido en sus comunidades de origen, esto es África, un estadio social no igual al europeo, es decir diferente, hayan sido “pueblos primitivos” y que, en consecuencia, hayan usado en su quehacer musical las escalas pentatónicas por ser estas las propias de los pueblos primitivos (22). En relación con la reiterada calificación de “primitivos” que se atribuye a los grupos africanos que fueran extraditados a América, cabe una interesante reflexión debida a Claude Levy Strauss, cuando, refiriéndose a la calificación de “primitivas” que se atribuye a las tribus africanas y brasileñas que visitara expresa que un grupo “no es primitivo sino reducido a su expresión más simple por la falta de contacto con grupos de existencia exterior a la de sus propias comunidades” (23). La sola y sucesiva modificación de las habitudes de comportamiento de las comunidades afroamericanas por su convivencia, aunque forzada, con los colonos a lo largo de su larga permanencia en América marcaría que, en caso que la hubieran tenido, habrían perdido su condición de pueblos primitivos. Sobre la adopción de las escalas que fueran usadas por los grupos afroamericnos, Lincoln Collier (op.cit.pag 60) interpreta sobre la tonalidad usual afroamericana. “… Pero aunque los negros transportados pudieron conservar, hasta cierto punto, su propia música, se veían muy presionados por la música europea que existía en Estados Unidos … inevitablemente comenzó a nacer entre ellos una nueva música, la cual combinaba aspectos de ambos sistemas, el africano y el europeo. Esta música empleaba una escala diatónica ordinaria (el clásico do-re-mi)…” Antes bien, es más explícito Joachim Berendt sobre este aspecto, “Los negros que fueron deportados desde al África al Nuevo Mundo, conocían por su propia música casi siempre sistemas tonales pentatónicos … cuando los negros comenzaron a hacer música en América, enfrentados a la música europea, adaptaron con asombrosa rapidez su sentimiento musical pentatónico a nuestro (el europeo) sistema tonal. Solo les eran problemáticos los dos grados que no existían en su sistema pentatónico; los grados tercero séptimo. El negro no los conocía y no sabía por lo tanto qué debía hacer con ellos. Así tocaba y cantaba, al principio simplemente por inseguridad, algunas veces la tercera menor y otras la mayor, algunas la séptima menor y otras la mayor sin hacer referencia unívoca a lo que nosotros (los europeos) sentimos como tonalidades mayor y menor, o sea la referencia por la que en toda pieza musical se sabe cómo deben ser los grados tercero y séptimo… De este modo surge una especie de simultaneidad de ambos modos y las llamadas blue notes, extrañas a la tonalidad mayor” (24) . Estas referencias hacen pensar con bastante seriedad que las comunidades afroamericanas habrían visto generarse en sus interpretaciones la mencionada incertidumbre en la elección del modo tonal, no tanto cuando usaran la común escala diatónica mayor sino una escala menor con un deslizamiento hacia la escala pentatónica producto de una mala interpretación de la “escala menor melódica”. Esta escala tiene una doble estructura armónica. En su movimiento ascendente utiliza sus cuatro primeras notas, esto es el primer tetracordio, como escala menor, con su tercera nota bemolada, pero en el segundo tetracordio, esto es las últimas cuatro notas, usa la estructura de la escala mayor respetando el semitono propio de estas escalas, entre la séptima nota y la octava. Por el contrario cuando desciende, lo hace como la “escala menor antigua” que tiene bemoladas las notas tercera, sexta y séptima. (25) Estas bemolizaciones no serían otra cosa que las luego llamadas “blue notes” y, la incertidumbre anotada por Berendt no sería sino fruto de la dualidad de esas escalas en su tono menor. 2.- LOS ESTILOS AFROAMERICANOS - HACIA EL JAZZ El origen de los estilos afroamericanos se encuentra en una zona de granjas y plantaciones de algodón, cruzadas por terrenos de bosques de madera dura, pinos y pantanos. Recientes estudios de la música afroamericana sugieren que los primeros rastros de estos cantos se encuentran en lo que era la Luisiana francesa, en aquellas zonas donde estos cultivos eran más intensos, así el delta del Río Mississippi y el cinturón negro de Alabama, donde la población negra podía ascender al ochenta o noventa por ciento del porcentaje colonial. Allí los obreros negros trabajaban duramente en estos campos para plantarlos, cultivarlos y cosecharlos, primero como esclavos y más tarde algunos de ellos como aparceros o propietarios de las tierras luego de haber sido manumitidos o bien luego de finalizada la Guerra de Secesión. Actualmente se ha iniciado la sistematización del estudio de estos cantos, en su mayoría de carácter tradicional, lo que es casi tanto como decir que eran anónimos, pasando a ser designados con nombres propios los cuales, casi seguramente, aquellos afroamericanos desconocían (26). Los cantos que han trascendido más allá del comienzo del siglo XX, conservando en alguna medida lo que se cree fueron sus caracteres originales, son los hollers, las worksongs, los blues y los spirituals. Los hollers son un género que era ejecutado por intérpretes que no sabían música o que, aún sabiendo, simplemente repetían lo que se escuchaba en los lugares donde estaban afincados, o aún lo que venía de antes, sin mayor preocupación por la métrica o la armonía. Lo conformaban canciones individuales de origen rural que se dieron en los campos del sur de los Estados Unidos, más propiamente en la zona de Texas a raíz de las condiciones de trabajo que allí se realizaban en granjas pequeñas y de baja producción, de suelo más bien seco, lo que hacía que la presencia de esclavos para realizar esas tareas fuera muy baja. Tenían un ritmo libre, simple, con melodías breves de una o dos frases. Responden a la emisión de una vocal con un determinado valor tonal aunque quizá sin valor temporal, a la que le sigue una sílaba no acentuada, de valor tonal inferior pero no inmediato, es decir dejando un intervalo mayor que el de una nota para el segundo período, lo que sugiere que no habría habido uso de escalas. Si luego se toma la segunda de esas sílabas y se le agrega un nuevo valor por debajo, vuelve a repetirse la entonación del primer período, pero con un valor tonal diferente. La repetición más o menos uniforme de estos dos períodos de manera sucesiva es la que se ha encontrado en los hollers que han llegado hasta el presente. El contenido de esos cantos, siendo individuales, pudo haber sido deseos de comunicar o compartir circunstancias de vida con otros que se hallaban lejos (28). Hay opiniones que afirman que es posible que también fuesen usados para llevar mensajes en clave sobre reuniones secretas, fugas o rebeliones, lo cual hubiera perdido su contenido si se hubiesen querido enviar a través cantos grupales (29). Estos cantos tienen una ascendencia musical no claramente francesa (27). Si bien los primeros europeos establecidos en la parte principal y corazón de Texas fueron los franceses, respecto de la frontera sur habían sido los españoles quienes enviaran un ejército simbólico a esa frontera lo que daba una presencia simultánea de ambos estados hasta que Francia pierde ese territorio por la venta de Luisiana a los Estados Unidos. Originariamente Texas había sido dominio del Virreinato de Nueva España hasta que en 1821 pasa a formar parte de Méjico; se declara independiente en 1836, y recién en 1845 pasa a formar parte de los Estados Unidos, lo que les da a los hollers un carácter en alguna medida alejado no solo de las tonadas francesas sino también de los otros cantos afroamericanos originarios. Las worksongs o canciones de trabajo son de época casi contemporánea o ligeramente posterior a los hollers. Respondiendo a patrones distintos y a tareas grupales, han de haber sido fruto de una comunidad con una evolución sociológica posterior, quizá como consecuencia de haberse originado en distintas zonas que aquellos. Se advierte en ellas la influencia del trabajo colectivo con alguien que marca el ritmo como solista guía a lo que los demás miembros del grupo responden de manera grupal. El solista guía canta una breve frase improvisada marcando el ritmo respondiendo los demás trabajadores con un único verso repetido como un estribillo, haciendo que los movimientos del grupo fueran simultáneos. Así, el operario entona una frase mientras levanta el instrumento con el cual habrá de golpear el objeto, luego descarga el golpe conjuntamente con la expiración del aire que había sido retenido para lanzar el golpe con fuerza, y luego le sigue una pausa relativamente prolongada hasta que se reinicia el ritmo de la labor (30). Son cantos propios de las plantaciones del delta del Río Mississippi, pero también los hubo en las granjas de las penitenciarías y en las tareas del desarrollo ferroviario, ya luego de la emancipación americana. La mayoría de las que han llegado hasta el presente carecen de modulación acórdica expresándose solo con la marcación del tiempo que indica el peso del movimiento acompasado que el grupo debe ejercitar (31). Se nota el paso del peso tonal de la sílaba débil a la fuerte del compás que le sigue donde se produce la relajación del impulso tonal, configurando así el alzar y el dar propios de la estructura formal de los tiempos. (32) Los blues quizá hayan sido una forma posterior a los hollers y worksongs y, a la inversa de las worksongs, son cantos individuales (nunca corales) construidos a partir de tres breves frases musicales con una secuencia armónica en marcha hacia los 12 compases. El origen se encuentra en la zona sur de los Estados Unidos y aunque no se conoce el momento exacto de su aparición se cree que a mediados del siglo XIX ya eran comunes en las zonas rurales aunque la fijación de su estructura se hiciera usual recién a fines de ese siglo. Es imposible hoy determinar con exactitud cómo el blues cristalizó en la fórmula de 12 compases con la que ahora es asociado en la mayoría de los casos. La idea de que los últimos cuatro compases fueron añadidos al grupo normal de ocho como una especie de coda queda contradicha por la secuencia armónica de tres períodos de tonalidad diferente aunque resolutivos, el segundo y el tercero, en el tono del primer período de cuatro compases. Dado que no habría habido forma de encajar tres estrofas en ocho compases si cada una abarcaba cuatro, es posible que apareciera como una manera de amoldar a la estrofa de tres versos, uno original y luego dos similares repetidos. Sin embargo, curiosamente, el que se repite es el primero y no el segundo. Quizá sea también posible pensar que la fórmula ya existía, aunque intuitivamente, a la época de su aparición; no obstante han llegado algunos blues de ocho compases en los cuales se omiten los compases del período intermedio (33) La secuencia armónica reconoce dos corrientes, la de Texas una y la otra del valle del Mississippi. La primera corriente tiene una secuencia de cuatro compases en el tono inicial, cuatro en el de subdominante y los cuatro últimos con el tono de dominante. Dado que se los considera derivados del holler trabaja los primeros compases como holler, es decir en forma AB para intercalar la repetición de esos cuatro primeros compases conformando la secuencia AAB. La corriente del Río Mississippi tiene igual comienzo armónico, pero la serie de los últimos cuatro concluye con cadenza desde el acorde de subdominante (34). Sin embargo, esa rigidez que se atribuye hoy a la serie de 12 compases era frecuentemente dejada de lado. Hay grabaciones, e inclusive filmaciones realizadas para la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por Alan Lomax, que muestran a los antiguos músicos tocando blues sin respetar las cadencias ni los cambios de acorde para armar las tres series de cuatro compases que marcan la forma de un blues; es más, aún hay interpretes que “se comen” algún compás transformando esos blues en series de once compases. Es fácil también ver a algunos de ellos que cuando terminaban una frase de la letra cambiaban de posición los dedos sobre la guitarra y luego seguir hasta que la letra les imponía un nuevo cambio y así hasta el final para volver a empezar sin espacio alguno. Ver la marcación de los pies sobre el piso indica que siguen un ritmo, pero que esa marcación puede corresponder a compases de cuatro como de cinco o seis tiempos, según tuviesen necesidad de cambiar para proseguir con otro trozo de la letra (35). Los espirituales o “spiritual songs”. Estos cantos constituían la esencia del canto litúrgico en América del norte durante los siglos XVII y XVIII. “Spiritual songs” no es sino el nombre americano de un tipo de cantos que se entonaban en las ceremonias religiosas tradicionales, pasando luego a denominar las adaptaciones populares de los himnos protestantes realizadas, fundamentalmente, por afroamericanos (36). Sin embargo, la expresión spiritual song se empezó a utilizar recién en el siglo XVIII para designar un tipo de canto religioso diferente de los salmos y de los himnos que se cantaban en las Iglesias protestantes, adaptaciones hechas generalmente por predicadores de esa cultura (37). Estos cantos se creaban colectivamente en una especie de improvisación. Las sugerencias de personas individuales o de pastores se complementaban con las repeticiones del grupo, dentro de un proceso en el que fragmentos de cantos ya conocidos servían para elaborar otros nuevos, y donde la esperanza de la religión y el entusiasmo generado por el mero hecho de estar juntos desprendía una energía creadora que hacía que las fórmulas improvisadas se uniesen para engendrar nuevos cantos que serían luego memorizados, transmitidos de generación en generación y difundidos a otras regiones. Un aspecto interesante en el estudio de la evolución de estos cantos y de la música afroamericana ha sido el intento de establecer con alguna precisión el momento del nacimiento de los denominados “negro spirituals”. En verdad no existe identidad entre el negro espiritual y el espiritual. Por el contrario estos cantos pudieron ser blancos o negros (38). Es posible que en su origen hayan sido solo cantos religiosos blancos, propios de los habitantes de las colonias inglesas. Esto se encontraría avalado por el uso por estos del himnario del pastor británico Isaac Watts (1674-1748) fechado en 1730 (39). Sin embargo, si bien no es seguro que este himnario haya dado origen a los espirituales religiosos negros existe la posibilidad de que si los esclavos que habitaban estas colonias pudieran haberlos escuchado podrían haber asimilado sus modalidades formales o el contenido religioso para usarlos luego en sus propias celebraciones. Distinto sería el origen de los cantos religiosos propios de los afroamericanos. Según lo que se conoce de la cultura religiosa afroamericana, esta tuvo su origen en 1794 cuando Richard Allen fundó la Iglesia Metodista Episcopal Africana de Bethel en Filadelfia (40) perteneciente al “Movimiento metodista”, un numeroso y diverso grupo de las llamadas “Denominaciones Cristianas” del protestantismo anglicano. El culto metodista había tenido comienzo en América a fines de la década de 1760, cuando dos predicadores metodistas británicos habían emigrado a las colonias británicas dispuestos a formar sociedades de su movimiento en el nuevo mundo. Originalmente este movimiento convocó especialmente a trabajadores, granjeros pobres y esclavos. La Iglesia fundada por Allen tuvo esta orientación religiosa y la razón de ser de la participación africana en los cultos de esta iglesia. Richard Allen (Filadelfia, 1760/1831), era hijo de esclavos y esclavo él también hasta que pudo comprar su libertad en 1786. Originariamente miembro de la Iglesia Episcopal Metodista de Saint George, debido a la discriminación racial fue obligado a renunciar uniéndose más tarde a un grupo de pastores afroamericanos para fundar la que luego sería la Iglesia Metodista Episcopal Africana de Bethel convirtiéndose en la primera iglesia para afroamericanos de los Estados Unidos. Consecuentemente con esto, Allen publicó en 1801 el primer himnario destinado a los cultos metodistas para uso exclusivo de una congregación negra (41). Esto indicaría que solo con posterioridad al himnario británico habrían nacido los cantos religiosos negros, pero también que obedecen a una diferente corriente poblacional ya que el himnario de Watts estaba destinado al uso de los colonos blancos. Hay opiniones diversas sobre la recepción de ambos himnarios por parte de los negros sureños de la Luisiana francesa. Teniendo en cuenta la fecha de su publicación, el himnario de Watts es anterior a la emancipación de los Estados Unidos, por lo que es dudoso el conocimiento que tuvieran de él los afroamericanos que habitaban fuera del territorio colonial inglés. Por el contrario el himnario de Allen es posterior a la emancipación y a la firma del tratado de Versalles de 1783 por el cual Inglaterra no solo reconoce la independencia de las trece colonias sino que les transfiere el territorio comprendido entre las colonias y la margen oriental del Río Mississippi, es decir la parte de la Louisiana colindante con las colonias inglesas sobre el Atlántico. De ahí que los colonos anglo americanos pudiesen penetrar libremente a lo largo de este territorio pero no por la zona lindera a Nueva Orleáns todavía en manos francesas como parte de la Luisiana. De ahí también que en el territorio incorporado a los Estados Unidos, habiendo sido francés, indudablemente habría habido esclavos afroamericanos. Esto lleva a evaluar como cierta la posibilidad de que en ese territorio se hubiese usado por los colonos angloamericanos en sus celebraciones religiosas el himnario de Watts, pero también que habiendo habido allí afroamericanos estos pudieron no solo conocer sino también usar en sus celebraciones ambos himnarios sin por eso abandonar los cantos religiosos franceses propios de los cultos católicos donde ellos estaban asentados. En relación al conocimiento de estos himnarios y la aplicación que pudieron haber tenido en el sur de los Estados Unidos son temas bastante dudosos dado que la pérdida por Francia de la totalidad de la Luisiana, zona geográfica donde se asentaba Nueva Orleáns recién se producirá en 1803, lo que lleva a pensar que solo luego de ese momento el avance de los “americanos” pudiese haber favorecido el conocimiento y aplicación de aquellos por parte de los esclavos afroamericanos sureños. Los negro spirituals diferían de los cantos blancos en que no tenían modelos fijos. Según se cree, a medida que la colonia blanca se desarrollaba y se expandía, sus espirituales comenzaron a ser más ajustados al sentimiento musical de sus colonias angloamericanas que a los himnos que les llegaban importados de Europa. Los spirituals negros en cambio, habrían seguido una evolución parecida pero añadiendo los matices de su manera de cantar, esto es una tendencia a juguetear con la entonación, sujetándolos a un marcado ritmo de base. De esta manera, al entonar sus cantos religiosos esta tendencia se filtró dándoles un carácter marcadamente diferente a los que fueran los cantos religiosos blancos. Muchas veces estos negro spirituals tenían como base cantos evangélicos, pero cuando a principios de siglo XIX comienza una considerable migración de esclavos fugitivos desde el sur hacia el norte a través del llamado Ferrocarril Subterráneo, muchos espirituales contenían mensajes en clave que podían entenderse literalmente, pero que los iniciados o interesados sabían qué tenían que hacer luego de interpretarlos. Estas consideraciones sobre sus caracteres resultan, en alguna medida, una reconstrucción nacida de la manera de cantar hoy los gospels, un género que, vinculado a esos mismos cantos evangélicos, comenzó a hacerse famoso hacia 1870 cuando los Fisk Jubilee Singers de la Universidad de Fisk, ubicada en Nashville, comenzó una serie de giras con el fin de recolectar fondos para dicha universidad. (Nashville es la capital del estado de Tennessee. Este estado, aunque geográficamente esté ubicado en el centro de los Estados Unidos, al tiempo de la Guerra de Secesión fue considerado sureño y el último en secesionarse respecto a la Unión, cosa que hizo el 8 de junio de 1861. Después de la guerra civil, Tennessee adoptó una nueva constitución que abolía la esclavitud (22 de febrero de 1865), ratificó la decimocuarta enmienda de la constitución de Estados Unidos el 18 de julio de 1866, y fue el primer estado al que se readmitió en la Unión (24 de julio del mismo año). La expresión “jubilee” que utilizaron los Fisk Jubilee Singers, así como otros coros gospel posteriores, responde a que los cantos sagrados de los negros norteamericanos reciben la denominación tanto de “negro espiritual” como de “jubilee” o “plantation songs”, pasando por alto la acepción lingüística según la cual “jubilee” quiere decir “alegre” para aceptar la referencia al jubileo religioso, no otra cosa que el perdón universal de los pecados que hace la Iglesia católica por disposición eclesiástica papal en algunas ocasiones. En base a estos cantos se han reconstruído hoy los caracteres de los antiguos “negro spirituals” aunque los gospel de los Fisk Jubilee Singers tuvieron un estilo suavizado, europeizado y fueron arreglados para ejecutar en los conciertos. Con las reservas mencionadas, se han dado como rasgos caracterizadores de los negro spirituals: • composición de textos a partir de frases breves, repetidas y entrecortadas de invocaciones; • adición de estribillos y de leit - motiv (una breve fórmula melódica-verbal que se repite en las estrofas y en el estribillo, con carácter de interjección); se trata de una de las innovaciones de los espirituales dentro del canto religioso. • reescritura en un estilo popular de las tribulaciones, imágenes y símbolos bíblicos y evangélicos; • acompañamiento de movimientos corporales y de coros en que se arrastra el paso. • en la mayoría de los espirituales existe un paralelismo estructural entre letra y música: a cada sílaba le corresponde una única nota (aunque la ornamentación melismática pueda alterar esta regla durante la ejecución). • en su contenido, el mundo terrenal se entremezcla con el más allá; por tanto, además del contenido religioso, los espirituales constituyen una verdadera crónica de la vida de los oprimidos. Hablan del sufrimiento y de las pruebas que hay que superar, de las luchas por la liberación, de la búsqueda de un hogar y del perdón de los pecados que lograrán luego de una vida de penitencia. De la misma manera que se interpreta la evolución y la conformación de los negro spirituals, diferenciándolos de los de origen blanco, ha habido quien ha intentado una clasificación que parecería tener más de conjetural que científico. (vide N,.O. Oderigo, op cit.). En este sentido, cabe reflexionar que los espirituales simplemente se cantaban, sin que a nadie se le hubiese ocurrido denominarlos previamente como tales y decidir, en el momento de cantarlos, de cual de las categorías mencionadas va a corresponder el que se desea usar. La primera categoría, según esa manera de clasificar los negro spirituals, sería aquella en los cuales sus textos trasuntan un profundo éxtasis místico, con un angustiado estado anímico; el modo de cantar es generalmente pausado, sus melodías se desarrollan dentro de una línea extensa y sin interrupciones y con un ritmo no muy pronunciado. El segundo grupo presenta cantos de ritmos angulares, persistentes e intensos, en los cuales predomina la voz gutural del negro produciendo los clásicos cuartos de tono; son también grupales y sus frases no están divididas en fragmentos sino que se descomponen en trozos diversos y breves. En lo que se refiere al tercer grupo se caracterizan por tener la forma denominada “call and response”, siendo sumamente rítmicos y en alguna medida bastante más rápidos que los anteriores. La música gospel (gospel song, música espiritual o música evangélica en tanto que gospel significa evangelio) se ha considerado como la forma moderna del spiritual. En su acepción más restrictiva, es la música religiosa que surgió de las iglesias afroamericanas en el siglo XVIII para hacerse popular recién en la década de 1930 pero una acepción más genérica permite también la inclusión de la música religiosa compuesta y cantada por cantantes cristianos sureños, independientemente de que fuesen blancos o negros, durante el siglo XIX. El gospel se diferencia de los himnos cristianos en que su música es de carácter ligero, no así sus letras que no suelen apartarse de las expresiones típicamente religiosas y, aunque a veces la promesa de una vida mejor posterior impregna estas canciones, su carácter alegre y extrovertido sugiere la felicidad alcanzada en esta vida en preparación de la siguiente. Los temas, por lo tanto, suelen ser similares y aunque muchas canciones gospel son un poco más que spirituals con ritmo moderno, su espíritu es infinitamente más optimista; así se afirma que tiene mayor swing y es mas jazzístico que el viejo spiritual, aunque todavía se sienta la cercanía de los spirituals de dos siglos atrás. A esta forma de cantar se le denominó “gospel”, literalmente “evangelio”, dado que en su significación religiosa “evangelio” es “buena nueva” o “buena noticia de la salvación en Cristo Jesús”, algo que constituye el contenido de las letras. También es significativo recordar que los coros de música gospel de fines del siglo XIX y principios del XX tales como los Fisk Jubilee Singers ya habían adoptado para sí mismos la expresión “jubilee” dejando de lado su significado “alegría” para referirse a la expresión religiosa del término “jubileo”. Aunque para algunos autores la palabra gospel debiera haber sido originariamente “GodSpell”, que en castellano se traduciría como «llamada de Dios»; “spell” no sería otra cosa que deletrear una palabra, por lo que esta propuesta ha caído en desuso. En un intento de seguir las rutas de la música de gospel se ha propuesto también recurrir a la disciplina académica de “etnomusicologia” que importa tanto como ir hacia atrás desde Europa hacia África, estudiando la historia de la música religiosa y de la música folklórica, también este criterio ha sido dejado de lado para centrar el estudio del gospel en el análisis de lo más reciente, esto es lo que se conoce de él a finales del siglo XIX, lo cual ha mostrado el masivo contenido revival de este género. La fuerte división entre blancos y negros y, especialmente, entre iglesias de blancos y negros, había provocado el nacimiento de dos ramas según el color de sus creadores e intérpretes, aunque esta separación nunca fuera absoluta (ambas corrientes parten de los himnos metodistas y los artistas de una tradición cantan a veces canciones de la otra), separación que ha disminuido ligeramente en el último medio siglo para llegar hasta el presente casi exclusivamente representado por grupos de color. El movimiento blanco fue iniciado por Dwight L. Moody, (1837-1899) pastor evangelista, quien en noviembre de 1856 inició su actividad pastoral. En tanto, el movimiento afroamericano pentecostal fue iniciado en 1905 cuando un pequeño grupo de creyentes afro-americanos, expulsado de su iglesia bautista, contrató como pastor al ministro afroamericano William Joseph Seymour (1870-1922). En 1870 se une a Ira D. Sankey (1840-1908) cantor de gospel y compositor de música para himnos religiosos. Si bien desde antes desde encuentro había habido un movimiento rural de renacimiento de la música folk y de las canciones de los camp-meetings, pero el contenido de los himnos gospel tenía un diferente carácter que lo convirtió en un instrumento que satisfizo las necesidades del revival urbano. La primera publicación que usara la expresión gospel para describir esta clase de música escrita por Sankey se dio, aparentemente, en 1870. Mas tarde, en 1874, Philip Paul Bliss, compositor y cantor, que naciera en Clearfield en 1838, influido por Dwight L. Moody, edita una colección de estos cantos titulada Gospel Songs, y al año siguiente, aunado a Sankey, el “Gospel Hymns”, complementario del anterior. Ya en el siglo XX, en la década de 1930, en Chicago, Thomas A. Dorsey más conocido como “Georgia Tom”, inicialmente pianista afroamericano de jazz, se vuelca totalmente a escribir música gospel, adaptada para piano y llamada “black gospel style of piano music”, adoptando la palabra gospel para esa música y costeando el establecimiento de una editorial para su publicación. Se ha dicho que 1930 fue el año en que la música afroamericana comenzó a tener nuevo éxito, ahora como repercusión de una tendencia hacia la secularización del género, debiéndose ese criterio al apoyo a este género manifestado por la Convención Nacional Bautista en su reunión de 1930. Dorsey, en tanto, se ha considerado el responsable del cuidado en el contenido de los cantos de muchos artistas afroamericanos. El gospel como género, ha tenido infinidad de subgéneros que incluyen el “Reggae Gospel”, el “Gospel Rap”, etc., habiendo además infinidad de cancioneros que incluyen en sus temas la denominación de gospel, aunque en realidad no sean sino cualquier ritmo al que se le añade la palabra gospel para que sea aceptado por las iglesias evangélicas y aún el público en general. Los Camp Meetings se inician en los primeros años del siglo XIX y merecen una atención particular por el movimiento propio de los templos, en alguna manera cerrado, hacia una ampliación de la posibilidad de intervención masiva y conjunta de habitantes tanto blancos como afroamericanos. El movimiento de miles de personas para llegar a los lugares de culto, generalmente lugares muy distantes entre sí y sin caminos que facilitaran su acceso, había dado lugar a una especie de vacío religioso. No sólo eran escasos los templos sino que había pocos ministros ordenados para llenar sus púlpitos. De esta manera, los encuentros campestres, es decir los camp-meetings, se convirtieron en una respuesta innovadora a esta situación ya que, si para concurrir a los lugares de culto, era necesario salir de sus casas por un largo período y, como por lo general, no había en los lugares donde había templos ni alojamiento adecuado ni fondos necesarios para obtenerlo, la posibilidad de acampar se convertía en una posibilidad cierta de no eludir ese llamado a la celebración. Estos encuentros tuvieron una gran amplitud receptiva ya que alcanzaron no solo al metodismo sureño y al cristianismo evangélico sino que también permitió incorporar nuevos fieles mediante su conversión en las celebraciones que se realizaban. Los camp -meetings fueron, pues, reuniones celebradas por lo general al aire libre que duraban una semana, donde se predicaba, oraba y cantaba, participando de manera conjunta los negros y los blancos junto a los predicadores interpretando “himnos populares” (42). Cuando se llevaban a cabo en los templos los blancos ocupaban la parte central de los asientos y los negros se encolumnaban en torno (34). En una segunda lectura, los camp-meetings se vinculan estrechamente con el llamado “Segundo Gran Despertar” (The Second Great Awakening) del cual podrían ser una consecuencia. Este movimiento tuvo lugar entre 1790 y 1840, un período de gran religiosidad con caracteres revival del llamado “El Gran Despertar” (The Great Awakening) movimiento que había abarcado en las colonias inglesas de América el período comprendido entre el 1720 y 1740s, y que debió su denominación a ser un movimiento por la reactivación del sentimiento y participación religiosa dentro del culto anglicano y que, según muchos historiadores, influyó en la unidad espiritual de los colonos en su marcha hacia la independencia. Este movimiento habría tenido su repercusión por haberse considerado como una evidente manifestación de la exhortación a la oración que efectúa el Primer Ángel en Apocalipsis 14:6-7. Como consecuencia de esta vinculación el movimiento de oración comenzó a expandirse hacia Europa, y así repercute en Inglaterra cuando en mayo de 1807 el grupo metodista seguidor del pastor Wesley, es convocado a un “Camp Meeting” en un castillo ubicado en Mow Cop a orillas del río Trent, un río que desemboca en el Mar del Norte. Es aquí que ya se utiliza también para caracterizar este encuentro la denominación de “Camp Meeting”. Ese renacer del sentimiento religioso entre los colonos británicos habría llevado a la concurrencia no solo de participes interesados en las ceremonias del culto sino también a muchos que veían en los camp-meetings no tanto la posibilidad de involucrarse en la devoción religiosa sin intentar su conversión, sino en tener un descanso de la rutina urbana aunque luego se convirtieran. Estos encuentros ganaron una gran reputación y un importante aumento en popularidad luego de la Guerra Civil como resultado del primer movimiento conjunto de camps-meetings realizado en 1867 en Vineland, New Jersey. A diferencia de los tradicionales actos religiosos celebrados en los templos, estas reuniones estaban liberadas de su rutina diaria en lo que concierne a la duración de la reunión y por lo tanto podían proporcionar a sus concurrentes los servicios religiosos casi de continuo. Así, cuando de pronto uno de los oradores había terminado (a menudo después de varias horas) inmediatamente otro ocupaba su lugar para proseguir la celebración. Los cantos eran, en principio, himnos que se enseñaban y aprendían de memoria con importante y espontánea improvisación. Estas melodías, así como los textos, iban siendo cambiados y adaptados a posteriores celebraciones y constituyeron valorados elementos para el nacimiento de la música folklórica americana. Especialistas en el estudio del la historia de la religiosidad norteamericana de este período describen la música de los camp -meetings como la producción espontánea de los participantes quienes, cuando eran captados por el espíritu religioso de un sermón en particular o en la oración, tomaban las líneas del texto del predicador como punto de partida para una corta melodía que luego se acostumbraba a repetir en celebraciones similares. La melodía era también en ocasiones tomada de otra melodía preexistente o construida en el lugar. La letra podría ser cantada en repetidas ocasiones, cambiando un poco cada vez, de manera que una estrofa se podía aprender fácilmente por todos y memorizar rápidamente conjuntamente con la entonación de la música. Estas espontáneas canciones se convirtieron en una característica marcada de los camp -meetings, confeccionadas muchas veces por fuera de las frases de la Escritura de cada día, con liberales interpretaciones intercalando aleluyas y refranes. Estos cantos por lo general se iniciaban con frecuencia por un auditor emocionado durante la predicación y eran adoptadas luego por la multitud, hasta que la reunión se disolvía en cantar un "éxtasis" que culminaba con un intercambio de palmoteos entre los participantes. Durante estos encuentros eran frecuentes los estados de trance; las voces surgían poderosas y transidas por la emoción y las conversiones resultaban espectaculares. A veces estos palmoteos eran iniciados por el predicador, en cuyo caso tenían un sentido del ritmo, de conformidad con la emoción de su predicación y de la agitación de su audiencia. Los himnos eran también compuestos especialmente para estos encuentros y para enseñar a los concurrentes desde el púlpito el sentido religioso del canto. De ahí que se haya considerado que, en estas reuniones, posiblemente, hayan surgido los primeros rasgos que distinguen a los spirituals de los himnos (43). Otro elemento para destacar es que, desde el siglo XIX, con las canciones de comedia y 'trovadores' (los "minstrel shows") o las melodías de Stephen Foster, la influencia de las tradiciones musicales afroamericanas aparece como parte integrante de la música popular estadounidense y lo hizo así durante generaciones. (45) Curiosamente Stephen Collins Foster (4 de julio de 1826 - 13 de enero de 1864) fue el preeminente “cantautor” de Estados Unidos de su era. Muchas de sus canciones, tales como Oh Susanna!, Camptown Races y Beautiful Dreamer, siguen siendo populares 150 años después de su composición (46) Es hoy muy fácil para los escritores que escriben sobre el origen del jazz decir que esos músicos eran ignorantes porque eran negros y primitivos y que, de esa ignorancia, naciera el jazz. En verdad algo deben hacer sabido sin por eso afirmar que fueran músicos de verdad. Los provenientes de las colonias francesas casi seguramente sabían algo más que un poco pues escribían la música y las progresiones acórdicas de los temas que habrían de ejecutar los grupos de los cuales formaban parte pues muchos de ellos luego de haber sido manumitidos habrían ido a París a estudiar. Sin embargo, no puede dejarse de lado la existencia de grupos formados tanto por negros como asimismo también algunos blancos, que aún siendo de bajos recursos, también incursionaban en la formación de esa música que estaba naciendo en los albores del siglo XX. En este sentido, André Hodeir expresa que “conviene mencionar aquí las orquestas de vagabundos, “tramp -bands” o “washboard-bands”, que se aproximaban de cerca o de lejos, a la música del jazz. Demasiado pobres para procurarse verdaderos instrumentos quienes las forman utilizaban lo que tenían a mano, como la “washboard”, tabla de lavar en chapa que tenía el lugar de la batería”. (en francés en el original, op. cit. pág. 77). Estos grupos estaban frecuentemente integrados por músicos negros y recibían diversas denominaciones: “washboard bands”, “spasm bands" y también “jug bands” eran expresiones usadas como sinónimas. La primera en darse a conocer actuaba en Nueva Orleáns hacia 1895 pero seguramente hubo más y puede que aún antes y ya en 1890 eran frecuentemente oídas por las calles y aún quizá en los bailes que se realizaban a orillas del lago Pontchartrain. En este sentido, Néstor O. Oderigo (op.cit.pág 127) las reenvía a varios años antes, diciendo que “…durante las últimas décadas del siglo anterior – esto es el XIX – la ciudad semilunar del Mississippi (se refiere a Nueva Orleáns) presenció también la actuación callejera de las pintorescas “spasm bands” integradas por muchachos entre doce y quince años que bailaban y ejecutaban sus instrumentos de fabricación casera frente a los 'cabarets', los teatros y otros sitios de diversión … una de las primeras fue la denominada Razzy Dazzy Spasm Band … consistía el instrumental de esa agrupación en un violín fabricado con una caja de cigarros, una vieja marmita, una campana, una calabaza llena de piedrecillas, un contrabajo hecho con medio barril, una armónica, un pito y una corneta.” . También se tiene referencia de que, para la misma época, habría habido una "jug band” originada en Louisville, Kentucky, aunque por lo que se conoce hasta hoy habría tenido en esa época escasa proyección como para dar origen a una diversidad de grupos análogos como ocurriera en Nueva Orleáns. La sección melódica de los grupos sureños tradicionales estaba formada por alguien que tocaba un silbato con corredera para modificar la entonación del sonido, un banjo o guitarra reconstituidos, en alguna oportunidad también un violín y alguna armónica como únicos instrumentos legítimos. En tanto la parte rítmica estaba integrada por instrumentos caseros, para lo cual se utilizaban objetos ordinarios que se adaptaban o modificaban para generar sonidos. Así, hoy el más conocido es la “washboard”, esto es una tabla de lavar de chapa arrugada enmarcada en madera sobre la cual se golpea con los dedos cubiertos por dedales que originariamente reemplazaba a la batería pero que hoy los grupos dixieland usan sin desmedro del uso simultáneo de la batería, dándoles de pronto algún solo para el lucimiento del interprete pero sin resignar un papel secundario; pero en aquel entonces estos grupos también utilizaban otros elementos tales como el “jug”, un porrón de barro o vidrio en el cual se sopla con diversas posiciones de los labios para producir un sonido de acompañamiento parecido al arrastre del trombón; el “washtub bass”, un tubo largo y hueco que conducía a una palangana cubierta por una piel de animal; sobre el tubo se ponía una cuerda que tensada podía reproducir el sonido de un contrabajo; “spoons” o castañuelas para acompañar la marcación del ritmo y aún peines cubiertos con papel tisú. Para 1910 había en Louisville varias “jug bands” compuestas generalmente de la misma manera que las propias de Nueva Orleáns, esto es el ya clásico porrón, un violín y un banjo y, en ocasiones, también armónica, guitarra o mandolín, pero estos grupos pronto comienzan a tocar una mezcla de principios de jazz con el country y el pop y se piensa que este género habría tenido sus raíces contemporáneamente con el ragtime. Aún quedaría la incertidumbre acerca de su vinculación con los grupos constitutivos de la “second line” que seguían a las bandas que regresaban desde el cementerio luego de un entierro, “un grupo de muchachos provistos de instrumentos de fabricación casera, como una guitarra construida con una caja de cigarros, cornetas, pitos y cacharros de cocina empleados a manera de percusión, imitando a los músicos profesionales”. (mismo autor y op. cit. pág. 122) Estas formas iniciales de la música afroamericana fueron sufriendo las transformaciones que luego habrían de resultar de interpretación simultánea con las formas originarias del jazz, pero esa contemporaneidad es ya parte de otra visión, ajena a la evaluación de la interinfluencia de los antecedentes socioculturales de las comunidades blanca y afroamericana a lo largo de sus largos años de convivencia. La duda sobre la musicalidad de los afroamericanos, tan negada por los primeros escritores del jazz, nace cuando se recuerda que quienes “tocaban de oído y sin saber música” pudieran haber tocado las canciones de moda en las excursiones familiares que los pobladores de Nueva Orleáns, tanto blancos como negros, realizaban a orillas del lago Pontchartrain y aún en las noches en los bailes que desde bastante tiempo antes del 1900 se realizaban sin haber sufrido el rechazo de quienes iban a escuchar música o bailar. 1.- Peter Clayton & Peter Gammond. “Jazz A-Z”; 2 3 y 4.- H. Panassie “Historia del verdadero jazz” pág 11: 4.- André Hodeir “Introduction á la Musique de Jazz” pág 11 y sigts ; 5- Horacio Vedia Alsina. “Derecho político”, 6 y 7.- Rex Harris, “Jazz” -Penguin Edit, London 1959 pag. 19 y 23; 8 Peter Clayton & Peter Gammond. “Jazz A-Z”; pág. 171; 9 Peter Clayton & Peter Gammond. mop.cit. pág. 154; 10 y 11 Hamel y Hürlimann. “Enciclopedia de la música”. T°3.- 12 y 13 Hamel y Hurlimann. Op.cit. ; 14 Univ Católica “Historia de la Müsica” junio 2009; 15 Malet “Historia de la Müsica” T°I pág 102; 16 y 17 James Lincoln Collier “Louis Armstrong” pág 13; 18 , 19 y 20 Peter Clayton & Peter Gammond.. “Jazz A-Z”; 21 Constant Lambert “Musica a la vista” plág. 214; 22.- Hamel y Hurlimann. Op.citado. pág 740; 23 Clude Levy Strauss “Structural anthropology” ; 24 Joachim Berendt “El Jazz” pág 172; 25 Vicente De robertis. Teoría de la Müsica.; 26 James Lincoln Collier op.cit. pág.61; 27 y 28 Seminario “Afroamerican music”; UFLO enero 2008; 29 Peter Clayton & Peter Gammond op. cit. 145; 30 y 31 Néstor Ortiz Oderigo “La Música Afroamericana”, pág. 31 y 10/11; 32 Julio Bas, “Tratado de la forma musical”; 33.- Néstor Ortiz Oderigo “Estética del Jazz” pág. 97 y 104 y sigts.; 34 Seminario “Afroamerican music”; UFLO enero 2008; 35 Seminario “Blues” en seminario Afroamerican music”; enero 2009; 36 Peter Clayton & Peter Gammond op. cit. pág 267; 37 Seminario “Afroamerican music”; UFLO enero 2008; 38 Néstor Ortiz Oderigo “Estética del Jazz”, pág. 97 y 104 y sigts.; 39, 40 y 41 Peter Clayton & Peter Gammond; op cit.; 42 Google “camp meetings”; 43 Google “spirituals e himnos”; 44 André Hodeir op.cit,pág 71; 45 y 46 Google “Stephen Foster”. XI.- EVALUACIÓN En I.-PANORAMA quedaron abiertos interrogantes no resueltos en los textos que narran la historia del jazz. Así, desde el “antes de eso qué” en referencia a los años posteriores a 1900 como punto de inicio a las reflexiones, hasta el “cómo” era la música que se escuchaba e interpretaba en las colonias americanas al inicio del periodo marcado por la llegada de los primeros esclavos; si era música popular europea, en este caso inglesa y francesa y aún española propia de la época o música clásica; cómo eran los hábitos culturales y económicos de la sociedad colonial blanca al tiempo del inicio de la colonización y cómo fueron en los años siguientes; cuál el trato que recibieran esas locaciones según los parámetros jurídicos vigentes en los países que las establecieron; la necesariedad de cotejar comparativamente el estadio sociocultural de los pueblos de Europa que llevaran a cabo la instalación de sus locaciones en América con el estadio sociocultural africano de donde fueran tomados los habitantes sometidos luego a esclavitud, a fin de evaluar la posibilidad de que ambas culturas sufrieran, a lo largo de los casi tres siglos de permanencia conjunta hasta el 1900, una recíproca influencia evolutiva; en fin, si la vida de los colonos pudo haber sido influida por los sucesos políticos y sociales, y aún económicos, que se iban sucediendo durante ese largo período en Europa y en qué medida estos pudieron, a su turno, haber incidido sobre las habitudes de comportamiento de la etnia africana incluyendo su cultura musical como parte de esas pautas o simplemente oyeron la música europea apropiándose de lo que oían. Se preguntaba también en qué medida era válida la mirada de reproche sobre la esclavitud hecha por los primeros autores que algunas décadas más tarde del 1900 se dedicaran a escribir sobre el jazz, utilizando para evaluarla códigos de valor contemporáneos a ellos mismos. La idea que propone el ensayo no es otra que, a fin de conocer con una mirada no jazzística, cuáles pudieron ser las posibles circunstancias socioculturales que condujeron a esa distinta manera de ejecutar la música de fines del siglo XIX, iniciar la búsqueda en textos no orientados a relatar la historia del jazz dadas las carencias de que estos adolecen, para determinar luego, en base a esta búsqueda, en qué grado hubo una recíproca influencia entre ambas culturas, esto es la afroamericana y la blanca, para que naciera de ellas ese algo que hizo que el jazz fuera calificado de “simbiosis” musical. Parecía entonces que la búsqueda debería realizarse en textos que mostraran cómo había sido esa permanencia, recurriendo a textos tales como los de sociología, historia, derecho, economía o filosofía, para encontrar algún modo de interpretar cómo se fue conformando una línea generatriz de lo que habría de nacer, un algo estético que se cernía como un distinto en el ámbito musical de la Nueva Orleáns de fines de siglo XIX. De esta manera, se pudo retroceder en el tiempo para observar cómo se fue conformando el pensamiento de aquella actividad colonial y sus influencias tanto respecto de las relaciones del colono blanco con el esclavo negro o las de los esclavos manumitidos con los colonos manumisores y conocer cómo era el derecho internacional de entonces respecto de la toma de los territorios incorporados y la validez de su aplicación sobre las cosas y personas de esos territorios o la posición dogmática de la Iglesia Católica sobre la posible carencia de alma de los africanos. La búsqueda mostró la existencia de antecedentes escondidos de lo que se cernía como un distinto que habría de influír en la formación de la música de jazz, los cuales mostraban cómo, mientras esa génesis se iba concretando, Europa se transformaba acercándose a la Modernidad. Estos cambios habrían tenido una razón especial para producirse en Europa, ya que solo allí podrían producir el reemplazo de los vestigios del régimen feudal o de los estamentos que aún subsistían a principios de la Edad Moderna, por el avance social hacia la unidad política de las noblezas regionales para aceptar la autoridad del rey y reunirse configurando las primeras células de lo que hoy se conoce como “estado moderno” a través del abandono de la federación de principados por el unitarismo con sede de la autoridad monárquica en un solo lugar geográfico y sus consecuentes, la unidad idiomática y la unidad administrativa, sobre todo porque como nuevos estados fueron adquiriendo la capacidad de llevar adelante los descubrimientos geográficos y el establecimiento de colonias, en especial por Inglaterra y Francia, primero en la India como consecuencia de la necesidad de atender nuevos puertos comerciales para la expansión de su comercio de ultramar y más tarde, cuando la expansión en la India se vio coartada, sobre el suelo americano hasta ese momento dejado de lado. De ahí que se haya sostenido que, si bien en su origen y en su esencia la Modernidad fue un fenómeno europeo, en mucho debió al África y a América ya que, desde allí, llegaban las presiones socioeconómicas que producían los cambios en Europa. La vida colonial que se inicia en el siglo XVII se verá, entonces, sorprendida por el advenimiento en Inglaterra de la Revolución de 1688 y en Francia el Mercantilismo para vivir, en las dos centurias siguientes, episodios que no son sino la lenta transformación de una sociedad rural y tradicionalista que avanza en el tiempo hacia la sociedad preindustrial, asistiendo a la creación de mercados financieros, el nacimiento de las sociedades por acciones, la acumulación del dinero como objeto de cambio y la economía de mercado y con ello el nacimiento de una pujante nueva clase media. La lenta pero constante conformación de grupos económicos marchando hacia la sociedad preindustrial, pero también un incipiente pensamiento abolicionista, habrían puesto en guardia a aquellos colonos que, en mérito al logro de un capital económico que les permitía enfrentar con éxito las tareas de sus plantaciones de algodón, arroz u otras factorías con una fuerte mano de obra esclava arraigada, temieron que la abolición de la esclavitud pudiera ocasionar la pérdida de esa mano de obra, algo que en Europa los habitantes pertenecientes a las clases trabajadoras, anticipándose a la llegada del maquinismo, ya experimentaban que sus elementos manuales adecuados para una explotación primaria se depreciaran provocando la pérdida de un capital que, hasta ese momento, pudo ser cuantioso. Esto habría llevado en las colonias al rechazo del abolicionismo y la procura del mantenimiento de sus situaciones de privilegio económico mediante la sanción de medidas legislativas preservadoras de una pretendida superioridad social y material que se tornaba permisiva del mal trato respecto del esclavo. No obstante, a medida que Europa cambiaba, estas mismas conductas, tan propias del advenimiento de un nuevo esquema económico, habrían traído no solo fisuras en las relaciones colono-esclavo, sino también situaciones paradojales. Un interesante seminario realizado por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba sobre “la modernidad, consecuencias y paradojas” bajo la dirección del Dr. Raúl A. Rodríguez y del Lic. Esteban Juárez como docentes a cargo, luego de determinar que la Modernidad “se trata de un proceso de carácter global - de una realidad distinta a las precedentes etapas históricas - en la que lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan y avanzan a ritmos desiguales hasta terminar por configurar la moderna sociedad burguesa, el capitalismo y una nueva forma de organización política, el Estado-nación”, expresa que las “formaciones precapitalistas eran sociedades predominantemente agrarias, en las que prevalecía el valor de uso y la economía natural y los objetos producidos eran concretos y variados, concebidos para durar. El hecho de que se tratara de sociedades más bien cerradas, aisladas y con escasas comunicaciones facilitó la formación de culturas muy diversas. Las relaciones sociales eran personales, directas e inmediatas, lo que evidentemente no excluía la explotación y la sujeción, inherentes a toda sociedad estatal, pues se trataba de sociedades jerarquizadas, cuya base de legitimidad política y social era religiosa y el poder sacralizado y absoluto”. Pero, como paradojas del avance hacia la Modernidad plantea diversos interrogantes, entre ellos “¿Qué son entonces las sociedades orientales, africanas e indoamericanas y dónde ubicarlas? ¿Qué las determina como presuntamente salvajes? ¿Esta premisa de proyecto de “modernidad” no se puede considerar más bien como la legitimación de aquello llamado como eurocentrismo? ¿No se puede considerar esto como un mecanismo de subyugación hacia otras sociedades bajo la mirada eurocéntrica que define a ese “otro” como “salvaje” y “bárbaro” legitimando así su poder y dominación?”. Empero, el inicio de ese mecanismo de subyugación a que alude el seminario se produce como una consecuencia tardía respecto de la conducta colonial de Francia e Inglaterra ya que la toma de africanos para su sujeción a condición esclava no fue tributo propio e inicial de Inglaterra o Francia, sino una consecuencia del temprano avance portugués sobre la costa atlántica de África. En principio, porque tanto Inglaterra como Francia, ambas las primeras en establecerse desde 1609 en el territorio norteamericano, habían intentado previamente una vía comercial hacia la India siendo, por lo tanto, su mirada hacia el Nuevo Mundo una opción de aquella todavía no contemplada y, cuando lo hicieron, otorgaron a los territorios que iban ocupando el mismo estadio jurídico que el que tenían las metrópolis siendo la esclavitud una posibilidad no contemplada originariamente. Pero también porque la introducción de esclavos en las locaciones americanas recién se produce en 1619 en la zona colonial inglesa como fruto de un episodio accidental, cuando un buque de guerra holandés, no inglés ni francés, hizo escala en Jamestown, ubicada en la colonia inglesa de Virginia, entregando 20 esclavos a cambio de alimentos. Como se ha dicho en otro lugar, se trató de una permuta de cosas y no de una venta de esclavos. En tanto, a la zona americana detentada por Francia su llegada solo ocurriría más tarde, luego de 1718 cuando se funda Nueva Orleáns. Pero también porque las conductas de Francia e Inglaterra para con el esclavo en el Nuevo Mundo habrían sido diferentes dado que también en sus colonias fue diferente su carácter de receptores de corrientes inmigratorias. Mientras que la Luisiana francesa recibía en su mayoría inmigrantes católicos, las colonias inglesas, como consecuencia de las guerras de religión y del absolutismo monárquico tuvieron inmigrantes puritanos, anglicanos, irlandeses católicos convertidos en esclavos durante el período de Cromwell y aún protestantes franceses que huyeran de Francia a Inglaterra y de ahí a las colonias por la persecución de que fueran objeto de parte de Luis XIV, ya que la salida directa hacia América como opción a esa persecución les estaba prohibida, lo que marcará, indudablemente, esa diferencia de trato. En tanto que los colonos franceses fueron más liberales llegando a manumitirlos y favorecer su educación, en las colonias británicas el trato fue de omisión, desprecio o sojuzgamiento. Es obvio que la mirada hacia atrás propuesta más arriba muestra entonces que la Europa de esos años no fue tan calma como para preocuparse de defender o degradar al esclavismo como unidad de pensamiento; esa Europa estuvo marcada por la Modernidad incipiente que la conducía por otros caminos. La idea es entonces intentar determinar si los antecedentes escondidos encontrados, esto es los cambios ocurridos en Europa, fueron realmente la conexión de ese pensamiento evolutivo con el pensamiento musical que lleva la génesis de la música de jazz y si esta conexión muestra que hubo realmente en la música popular afroamericana de fines del siglo XIX un vínculo atávico con el pensamiento musical precedente o fue solo un vínculo con el pensamiento contemporáneo. Pareciera que hubo algo más. Las luchas entre Francia e Inglaterra por la retención o conquista de posesiones territoriales en la zona comprendida entre el Río Mississippi y las locaciones inglesas y, más tarde, el nacimiento de los Estados Unidos, con la casi contemporánea salida de Francia de sus colonias americanas por la venta de la Luisiana, marcaron que, en la conducta colonial, se estuviera configurando una pauta de cambio sociocultural, esta vez no como reflejo de la europea sino propia de las colonias. Esa nueva línea de pensamiento habría de desembocar en la Guerra de Secesión, con todas sus consecuencias no solo respecto de la esclavitud sino como constitutivas de un nuevo estado moderno que podía resolver los conflictos derivados de sus propias convulsiones sociales, entre ellas las emergentes del abolicionismo y del ideario absolutista europeo pero no solo de estas sino las derivadas de su pensamiento sobre estas pautas y de su creciente expansión territorial. Rescatar entonces esas pautas culturales de los ahora ex - colonos derivadas no ya de una sociedad europea que cambiaba sino de su propia identidad y cultura y que se proyectaba sobre quienes habían sido sus esclavos para considerarlas con una mirada contemporánea a esas mismas pautas, resulta poco menos que imprescindible en la medida que se trata de pautas culturales dentro de las cuales está la concepción musical conjuntamente con sus capacidades en materia de arte y no como simples habitudes de comportamiento y, además, para poder considerar el nacimiento del jazz como una simbiosis que se fuera conformando por los negros americanos descendientes de aquellos que fueran esclavos conjuntamente con la corriente cultural blanca contemporánea a esos grupos negros. Consecuentemente no es del caso dejar de lado la cultura europea, pero sí considerarla de manera conjunta con la propia de este nuevo período de surgimiento americano que absorbe y proyecta las culturas afroamericana y la propia de los Estados Unidos. Respecto de la influencia de esa cultura sobre el nacimiento del jazz, Francis Newton expresa que “el surgimiento se produce donde se unen las manifestaciones culturales o africanismos con “tres diferentes culturas europeas, la española, la francesa y la anglosajona”. Es decir no habla de música sino de culturas y llega a preguntarse por qué el jazz emerge a fin del siglo XIX y por qué en Nueva Orleáns. “En primer término – explica – porque junto con el jazz venía naciendo (en Europa) un género musical absolutamente popular que fue desarrollándose paralelamente a las formas tradicionales. Esto habría sido consecuencia de un período revolucionario de valoración de la música popular, dado que la economía (¿de la modernidad?) marcaba el surgimiento y posterior ascenso de las clases que habían sido las más bajas para conformar una pujante clase media. Esta clase requería nuevos medios de entretenimiento y así las nuevas formas musicales comienzan a mirar los propios folklores. En Inglaterra alrededor de 1840 el “music hall” se separa del pub y marca nuevos rumbos musicales. En Francia, pasado el período de las luchas de la Comuna, esto es 1884, se produce el “chansonnier” y su derivación en los cabarets de Montmartre. España mira su música popular y nace el “flamenco” en Andalucía. América no es extraña a esto y Nueva Orleáns, con su fuerza pujante como puerto de salida y entrada de inmigrantes o mercaderías, con una población cada vez mayor que otras zonas del delta del Río Mississippi, mira su propio folklore y los blues, mira el desarrollo urbano de ciudades como Chicago, y de ahí en más solo es cuestión de dejar que este nuevo tipo de entretenimiento avance, absorbiendo naturalmente ambos aspectos, y dando vida al originario modo “jazzeado” de tocar los temas propios de los entretenimientos para esa nueva clase social propia de los circos, los “medicine shows”, o los “song-and-dance”. Este rescate parecería imprescindible para penetrar en la esencia misma del pensamiento del jazz como música–arte, como manifestación de una cultura que subsume hoy ambas corrientes musicales, la blanca y la afroamericana, evitando así ponerlo en la categoría de moda, manifestación de Jim Crow o del Tin Pan Alley, algo que ha ocurrido al historiarlo solo como un fenómeno posterior al principio del siglo XX. Hoy cuando los textos hablan del jazz solo hablan de la esclavitud como un episodio aislado respecto de lo que sucedía tanto en Europa como lo que estaba ocurriendo como nuevo en América y se le da identidad a esa condición con el mal trato, pero la condena se hace desde la valoración de las conductas con el criterio contemporáneo de quien hoy las considera. ¿Es esto bastante para explicar el nacimiento del jazz, aparte lo dicho en el acápite anterior? ¿Es bastante como para considerar la esclavitud como causa fuente unigénita del jazz? Pareciera que no. El pensamiento de Rex Harris sobre la esclavitud y el mal trato dado a la etnia africana parece elocuente para señalar otras pautas de consideraciones paradojales. En su libro, ya citado en este ensayo, luego de considerar que la inhumanidad del hombre es característica de la raza humana y, en general, de toda la raza humana, se pregunta por qué hay quienes recriminan la defensa que se hace de los negros sudafricanos por el mal trato infligido, tanto en América como en África, siendo que estos no son sino una pequeña parte de aquellos que al mismo tiempo están sufriendo persecuciones religiosas y raciales. Harris estima que los horrores de la Inquisición española fueron perpetrados por hombres que, correcta o equivocadamente, actuaban por un ideal y creían honestamente que sus víctimas debían ser tratadas como ellos lo hacían. La misma creencia resultaría validante de la conducta de quienes llevaron adelante las revoluciones francesa y rusa, revoluciones activadas por concepciones utópicas pero propias de ese momento; por el contrario, considera que la toma de los africanos para su venta como esclavos en mercados habilitados para ello en procura de una ventaja económica resulta, por esto mismo, la mayor degradación del tratamiento a un semejante. Sin embargo Harris no se detiene en busca de cuál pudo haber sido el pensamiento de aquellos primeros años de la toma de africanos con destino a la esclavitud sino solo en condenar que la esclavitud obedezca a un fin económico y salvar la conducta de quienes actuaron movidos por un pensamiento que, en el momento de actuar, califica de excusable por haber sido el contemporáneo a esas conductas, pero no enfrenta la esclavitud con el mundo que le era contemporánea a ese misma condición, dejando de lado el mal trato y prescindiendo de la contemporaneidad que admite en sus otros ejemplos para evaluar solo desde un punto de vista contemporáneo a él mismo. No se piensa aquí que lo subjetivo carezca de valor como criterio de interpretación, pero la duda viene de aplicar lo subjetivo actual a lo objetivo de antaño. Respecto de su apreciación sobre la esclavitud, en otro lugar de este ensayo se ha hecho mención de la interpretación que daba el Derecho Internacional en aquellos primeros años sobre la toma de territorios por parte de los estados europeos y sus consecuencias sobre las personas y cosas que se encontraren en esos territorios, por lo que no vale repetirlos aquí, pero sí señalar, en lo relacionado al mal trato que a esos esclavos se daba, que la legislación sudista se integró con diversos códigos casi cercanos al fin del siglo XVIII y comienzos del XIX en los cuales se reglamentaban las razones y los límites de ese mal trato. En la medida que fueron legislaciones dictadas por organismos preexistentes y constituidos como parte del poder político de un estado y habilitados por esa razón para hacerlo, habría que buscar en la concepción de esos legisladores la falta de criterio impediente de lo que consagraban en las normas y no en la concepción actual de condena sobre esa legislación, concepción que, en el momento de la sanción de esas normas, aún no se había configurado. Hoy las voces en contra del esclavismo son unánimes. Empero, la remisión a los criterios propios de la época en que ellos ocurrieran resulta de un artículo reciente del pensador Carlos Escudé en el cual narra su visita a Barcelona y su visita a un astillero donde había una réplica de la galera con la cual Juan de Austria derrotó a los turcos en la batalla de Lepanto en 1571. “Allí –narra – se explicaba cómo se castigaba a los remeros al ritmo de su suplicio, encadenados a sus sitiales desde que el barco zarpaba hasta que amarraba en puerto amigo. Allí vivían o morían, comían, defecaban y orinaban en el mismo lugar (sic). Así – continúa – era la guerra naval en aquellos tiempos y, consecuentemente, así fue el modo de trasladar a los africanos como esclavos en la misma época no habiendo habido un modo diferente que hubiese permitido llegar con éxito a destino. Tan es así que cuando el viento soplaba hacia el puerto se sabía por el olor de esos buques que llevaban los vientos, que una nave estaba por arribar. La paradoja – concluye este pensador – es que hoy a casi nadie indigna el hecho de la tortura a otros seres humanos, tomada como cosa natural”. Sin embargo hoy los textos siguen repitiendo sobre el jazz lo que siempre se ha escrito olvidando que Europa, en el curso de esos casi tres siglos de presencia africana en América del norte, había sido convulsionada por diversos episodios condicionantes de la valoración de las relaciones humanas, valoración que, al tiempo que cambiaba, se extendía por las colonias para dar lugar a nuevos idearios y que, a su turno, lo mismo habría de ocurrir en el devenir temporal de las que habrían de ser sus colonias emancipadas. En alguna medida, parecería que la memoria de un tiempo en el que las viejas ideas, las viejas canciones, los viejos nombres, los viejos lugares, el pasado en suma, se habría ido disolviendo perdida en la valoración que da el olvido a la concepción de la actualidad. Pero esa es otra historia, que vive hasta hoy plagada de contradicciones que enturbian no solo el origen sino el pasado y el avance en el tiempo de esta música que no es nueva sino una manera diferente de hacerla. BIBLIOGRAFÍA JULIO BAS, “Tratado de la forma musical” Ricordi, Bs.As. 1957 JEREMIAS BENTHAM “Tratado de los sofismas políticos” Edit. Rosario, 1944 JOACHIM BERENDT “El Jazz” - Fondo de Cultura Económica Méjico, 1962 CARLOS OCTAVIO BUNGE; “Teoría del Derecho” Edit. Las Ciencias. Bs.As. 1905. LUIS MARIA“BICHO” CASALLA. “JAZZ, Orígenes y evolución” Ed. Alfonsina 1995 PETER CLAYTON Y PETER GAMMOND; “JAZZ A-Z” Ed. 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